Hablemos de Lenin: poemas a un hombre imprescindible

Belsy Vega Acosta
29/4/2020

En conmemoración al centenario de Vladmir Ilich Uliánov, considerado por el poeta Maiacovski como “el más humano de todos los hombres” y reconocido mundialmente como el líder indiscutible del proletariado ruso, la Colección Cocuyo de nuestra Editorial Arte y Literatura le rindió homenaje al editar, en 1970, el libro Cinco Poemas a Lenin. Con selección de nuestro incansable Luis Rogelio Nogueras y diseño de Raúl Martínez, esta edición incluyó a autores como Bertolt Brecht con su “Cantata por el Aniversario de la muerte de Lenin”, donde se condensa la dimensión política y colectiva de su obra, la que se advierte con mayor fuerza en sus últimos años de creación.

Lenin, “el más humano de todos los hombres”. Foto: Internet
 

Otro de los escritores antologados fue Nicolás Guillén, maestro de la musicalidad, del ritmo y de la síntesis, esta vez con su poema “Lenin”, cuyo verso Te hablo de Lenin, tempestad y abrigo, ha sido reproducido muchas veces por otros escritores y periodistas cubanos para referirse a la figura de este dirigente revolucionario.

Aunque la Colección Cocuyo se caracterizó principalmente por editar títulos de autores extranjeros como Las dos mitades del Vizconde (Italo Calvino), El extranjero (Albert Camus) o Reflejos de un ojo dorado (Carson McCullers), también incluyó en sus secciones obras de autores nacionales: Jaime Sarusky, Noel Navarro, Miguel Barnet, Lisandro Otero, Edmundo Desnoes, Roberto Fernández Retamar, Jorge Ibarra y Ambrosio Fornet, entre otros.

Cinco poemas a Lenin es un libro donde autores de varias nacionalidades honran la figura de un hombre cuyos ideales, luchas y empeños lo convirtieron en el más grande teórico y guía del proletariado mundial. Con el paso del tiempo su figura ha sobrepasado las fronteras de su amada patria y el mundo lo ha acogido como un padre, por ser, como apuntó Brecht, uno de esos hombres fuertes, imprescindibles, que abrazan la vida como un camino de luchas justas.

“El más grande teórico y guía del proletariado mundial”. Foto: Internet
 

No me gustaría concluir este texto sin antes citar un fragmento de la nota de contracubierta original del volumen que nos ocupa, donde aparece una pequeña pero aguda descripción del líder bolchevique y donde, además, se hace mención del florecimiento de la cultura en la URSS durante los años en los que estuvo dirigiendo la revolución:

Vladimir IIich Uliánov, Lenin, nació el 22 de abril de 1870 en la ciudad de Simbirsk, hoy Uliánovsk. Murió el 21 de enero de 1924 en las inmediaciones de Moscú. En esos 54 años este hombre “sencillo, humano, sagaz y firme”, como lo describió John Reed, cambió la faz del mundo al iniciar, al frente del partido bolchevique, una nueva época: la era del socialismo. Convencido de que el proletariado es el auténtico heredero de la cultura universal, Lenin no sólo alentó la difusión masiva de los clásicos, sino que también propició el desarrollo de un arte y una literatura que, en la década de 1918 a 1928, fueron el asombro y la admiración del mundo. Las nuevas manifestaciones artísticas de la época tuvieron el privilegio de ser calificadas por los reaccionarios como “arte bolchevique”. El país que tras la Revolución de Octubre se había situado a la vanguardia de la historia produjo también, en el período leninista, los experimentos teatrales de Meyerhold y las películas de Eisenstein, Pudovkin, Dziga-Vertov y Dovchenko; los proyectos arquitectónicos de Tatlin, los cuadros de Malevich, Chagall, Kandinski; los poemas de Maiacovski, Esenin, Blok y Pasternak; los relatos de Babel; las célebres polémicas sobre la función del arte y la literatura en la nueva sociedad. Todo esto en medio de la profunda transformación social que hizo de la cultura ―y por lo tanto de la poesía― patrimonio de todo el pueblo.

De los cinco poemas de este libro hemos escogido tres para su publicación, este año en el que se cumple el 150 aniversario de su natalicio: “Lenin”, de Nicolás Guillén, “Cantata por el aniversario de la muerte de Lenin”, de Bertolt Brecht, y “Elegía a la muerte de Lenin”, de Vicente Huidobro.

Nicolás Guillén. Foto: La Jiribilla
 

“Lenin”

Nicolás Guillén

¿Sabes tú que la mano poderosa

que a un César arrancó del trono, era

suave como la rosa?

La mano poderosa

¿sabes tú de quién era?

¿Sabes tú que la voz de agua encendida,

terrestre impulso en que se ahogó tu dueño,

cantó siempre a la vida?

De esa voz encendida

¿sabes tú quién fue dueño?

¿Sabes tú que aquel viento que bramaba

como un toro nocturno, también era

onda que acariciaba?

El viento que bramaba

¿sabes tú de quién era?

¿Y sabes tú que el sol de rojo manto,

de duras flechas implacable dueño,

secó Nevas de llanto?

Del sol de rojo llanto

¿sabes tú quién fue dueño?

Te hablo de Lenin, tempestad y abrigo,

Lenin siembra contigo,

¡oh campesino de arrugado ceño!

Lenin canta contigo,

¡oh cuello puro sin dogal ni dueño!

¡Oh pueblo que venciste a tu enemigo, Lenin está contigo,

Como un dios familiar simple y risueño,

Día a día en la fábrica y el trigo,

uno y diverso universal amigo,

de hierro y lirio, de volcán y sueño!

 

 

“Cantata por el aniversario de la muerte de Lenin”

Bertolt Brecht

1

Al morir Lenin,

un soldado de la guardia, según se cuenta,

dijo a sus camaradas: Yo no quería

creerlo. Fui donde él estaba

y le grité al oído: «Ilich

ahí vienen los explotadores». No se movió.

Ahora estoy seguro que ha muerto.


 

2

Si un hombre bueno quiere irse,

¿con qué se le puede detener?

Dile para qué es útil.

Eso lo puede detener.

3

¿Qué podía detener a Lenin?


 

4

El soldado pensó:

Si oye que los explotadores vienen,

puede que estando solo enfermo se levante.

Quizás venga con muletas.

Quizás haga que lo traigan

pero se levantará y vendrá

para luchar contra los explotadores
 


 

5

El soldado sabía que Lenin

había peleado toda su vida

contra los explotadores

 

6

Cuando terminaron de tomar por asalto

el Palacio de Invierno, el soldado

quiso regresar a su hogar, porque allí

se habían repartido ya las tierras de los propietarios.

Entonces Lenin le dijo: Quédate.

Todavía hay explotadores.

Y mientras haya explotación

hay que luchar contra ella.

Mientras tú existas,

tienes que luchar contra ella.

 

7

Los débiles no luchan. Los más fuertes

quizás luchan una hora.

Los que aún son más fuertes, luchan unos años. Pero

los más fuertes de todos luchan toda su vida. Estos

son los indispensables.

8

Elogio del revolucionario

Cuando la opresión aumenta,

otros se desaniman

pero su valor crece.

Él organiza la lucha

por un centavo de sueldo, por el agua de té,

por el poder del estado.

Le pregunta a la propiedad:

¿De dónde surgiste?

Le pregunta a las opiniones:

¿A quién sirven ustedes?

Donde siempre callan todos,

allí hablará él.

Y donde reina la opinión y se habla del destino,

él dará los nombres.

Donde él se sienta a la mesa,

se está sentando la inconformidad a la mesa.

La comida se echa a perder

y enseguida se ve lo estrecho que es el cuarto.

A donde le echen, allí

irá la insurrección, y en el sitio

de donde lo expulsen

seguirá reinando la intranquilidad.

9

Por la época en que Lenin murió y faltó

se había obtenido la victoria, pero el país estaba destruido.

Las masas habían despertado,

pero el camino estaba oscuro.

Al morir Lenin,

los soldados se sentaron sobre las piedras del camino y lloraron

y los obreros abandonaron las máquinas

y agitaron los puños.

10

Al irse Lenin, fue

como si el árbol le dijera a las hojas:

Me marcho

11

Desde entonces han pasado quince años,

Una sexta parte de la tierra

está liberada de la explotación.

Cuando se grita: «Ahí vienen los explotadores»,

las masas siempre se yerguen de nuevo

dispuestas a luchar.

12

Lenin está inscrito

en el gran corazón de la clase obrera.

Él fue nuestro maestro.

Él luchó con nosotros.

Él está inscrito

en el gran corazón de la clase obrera.

Vicente Huidobro. Foto: Internet
 

“Elegía a la muerte de Lenin”

Vicente Huidobro

Más que el canto de la vida

Más que la muerte misma

Más que el dolor del recuerdo

Más que la angustia del tiempo

Es tu presencia en el alma del mundo

Tú hombre de alto clima

Tú corazón de fuegos dominados

Al entrar en la tumba

Fuiste como un sol de repente en el invierno

Fuiste como un verano en la muerte

Contigo la muerte se hace más grande que la vida

Los siglos reculan ante tu tumba

Selvas y ríos vienen en peregrinación

Y los países se arrodillan

Las ciudades desfilan como banderas y como quioscos de música

Las aldeas más lejanas son coronas ardientes

El sol distribuye flores en los caminos para tu fiesta

Que es la fiesta del hombre

Las olas saltan unas sobre otras para llegar primero

A traerte el saludo de sus comarcas remotas

El ruido de los mares

Se confunde con el canto de las multitudes

Tu muerte crea un nuevo aniversario

Más grande que el aniversario de una montaña

Has vencido has vencido

Una fecha tan profunda como esta no han labrado los hombres

Has abierto las puertas de la nueva era

Tu estatura se levanta

Como un cañonazo que parte en dos la historia humana

Un hombre ha pasado por la tierra

Y ha dejado cálida la tierra para muchos siglos

Contigo la muerte se hace más grande que la vida

Tú eres la nobleza del hombre

En ti empieza un nuevo linaje universal

Y así como tu vida era la de la vida

Tu muerte será la muerte de la muerte

Un hombre ha derrumbado las montañas

Al fondo de los siglos se oyen los pasos de millones de esclavos

Se van alejando sobre el tiempo y el tiempo retumba de eco en eco

No hay más distancia de una tribu a otra

Tu voz de semilla que traen los vientos venerables

Tu voz Lenin cambia la raza humana

Y hace una sola tierra de tantas tierras hostiles

Tú eres la forma de los siglos que vienen

Tú eres el sosías del futuro

El bramido del odio vuelto canto de amor

Obedeciendo a los impulsos de la tierra

Gritaste a las conciencias que no sentían el gran ritmo

Tu clarín no permite que haya disidentes

Sombras que se caen del hombre y se dejan morir sobre las rutas

Un hombre ha pasado por la tierra

y ha dejado su corazón ardiendo entre los hombres

Tú eres la imagen de los siglos que vienen

Y esa es la voz del sembrador

Y los hombres levantan sus martillos

Y los martillos se quedan suspensos en el aire

Levantan sus hoces y las hoces se queden en la luz

Todos oyen Todos oímos

Ese latir de tu corazón más allá de la muerte

ese latir de tu corazón que te vuelve a nosotros y te hace presente

Podrías decir desde la muerte

Estrellas yo puse en marcha a los hombres

Eres el ruido de una aurora que se levanta

Eres el ruido de todo un mundo que trabaja de todo un mundo que canta

Eres el ruido de un astro victorioso recorriendo el espacio

Qué lenguaje es ese que golpea las rocas de la orilla

Qué aliento es ese que ondea los trigales infinitos

Qué palabras son esas que iluminan la noche

Y ese latir de tu corazón más allá de la muerte

Hemos recogido tus palabras

Para que todo sea humano y verdadero

Para hacer hombre al hombre

Y cuando tu voz haya resonado en todo el mundo

Los tristes los siervos los ilotas

Desaparecerán en las profundas madrigueras

Y saldrán hombres por todos los caminos

Qué lenguaje es ese que mata el hambre y apaga la sed

Qué palabras son esas que visten de calor

Saltan las cadenas y con ellas salta el hombre

Murieron los últimos esclavos los últimos mendigos

Que tenían todas las lejanías de la tierra en sus manos tendidas

Y se oye ese latir de tu corazón más allá de la muerte

El hombre que hace gemir el yunque

El hombre que hace llorar la piedra

El hombre que lanza las semillas cerradas a los surcos

El hombre que levanta casa

El hombre que construye puentes

Y el que escucha el canto de los pájaros

Y el que cuenta las estrellas sentado en medio de la noche

El hombre que fabrica instrumentos y máquinas

El hombre que cambia la manera de las cosas

Y las formas de la tierra

El hombre que amasa el pan y tiene olor a levadura en la mirada

El hombre que conduce rebaños de montaña en montaña

El hombre que guía caravanas en los desiertos más

largos que su propia memoria

Todos oyen

Ese latir de tu corazón más allá de la muerte

El hombre que piensa que canta

El hombre solitario como la campanada de la una

Las muchedumbres que se mueren lentamente

Todos oyen todo oyen tu corazón más allá de la muerte

Tu corazón repicando adentro del sepulcro

Contigo la muerte se hace más grande que la vida

Los siglos reculan ante tu tumba

Selvas y ríos vienen en peregrinación

Y los países se arrodillan

Desde hoy nuestro deber es defenderte de ser dios.