Havana Times y una mala ficción del Decreto 349

Antonio Rodríguez Salvador
12/3/2019

Mientras leía cierto artículo reciente en Havana Times —revista estadounidense que, desde Centroamérica, se autoproclama cubana— me acordaba de un chiste. Una rata de laboratorio le dice a otra: “Soy genial, acabo de amaestrar al científico. Le enseñé que cuando yo baje la palanca me dé comida”.

El Ministerio de Cultura ha promovido un ejercicio democrático sin precedentes para la
implementación de un decreto en cualquier Estado. Foto: La Jiribilla

 

Una alucinación semejante lleva a un tal Chris Vazquez (sin la tilde castiza) a pretender un contexto cultural cubano patas arriba, en el que además busca adjudicar méritos a quien no los tiene. Su método es sencillo: tanto como ocurre en la distopía, se inventa una realidad paralela. Fabrica una falacia para sobre ella montar todas las demás; pero no repara en un detalle: si el horcón central está podrido, enseguida se le viene abajo todo el rancho.

Una elemental lectura del Decreto 349, cuya promulgación ocurrió en abril de 2018, muestra que en su Disposición Final PRIMERA, se faculta al Ministro de Cultura a dictar las Normas Complementarias necesarias a los efectos del cumplimiento de lo establecido en el cuerpo legal. Sin tales normas no es posible su acción; ellas configuran el marco jurídico. Por tanto, afirmar que esto es resultado de presiones externas y no de un mandato legal que obliga, cuando menos refleja ignorancia, compulsión de mentir, o un grave trastorno de la autoestima.

Para cumplir ese objetivo, el Ministerio de Cultura ha promovido numerosas iniciativas, y creado espacios para la polémica y el debate: un ejercicio democrático sin precedentes para la implementación de un decreto en cualquier Estado. Ciertamente, quizá alguno quisiera refutar tal aseveración: pudiera entonces atender a la siguiente lista de acciones acometidas, y rebatirme mostrándome cómo ha sido el proceso para implementar normas y leyes semejantes, en los países donde residen los principales críticos externos del 349.

Más de 5 mil personas de todo el país, la gran mayoría creadores —miembros o no de la AHS y la UNEAC— han participado en los intercambios. Ello ha permitido no solo aclarar dudas, sino garantizar una valiosa retroalimentación, a fin de evitar efectos indeseables en su puesta en vigor. A la par de esto, el asunto ha sido abordado ampliamente por los diversos medios nacionales: la prensa, la radio y la televisión. Solo un ajeno de la realidad cubana, o un difamador interesado, puede ignorar esto.

Por ejemplo, la revista cultural La Jiribilla ha publicado cuatro compilaciones con más de 20 textos que recogen opiniones diversas, favorables y críticas, así como otras que polemizan con los ataques más aviesos al Decreto. Textos similares han aparecido en el periódico Granma, donde se publicó una extensa entrevista a la Directora de Recursos Humanos del Ministerio de Cultura, en la que se analiza punto por punto no solo el Decreto, sino también elementos que aparecerán en la Norma Complementaria. Fue este un texto sumamente esclarecedor.

La lista de medios que han reflejado profusamente el asunto es amplia: el portal Cubarte, Cubadebate, periódicos provinciales, sitios web independientes, pero afines a la política de la Revolución, e, incluso, agencias extranjeras. Un papel destacado lo ha tenido la televisión cubana. Durante una semana, el Noticiero Cultural de la Televisión dedicó su sección Contrapunteo a brindar información y debatir el Decreto. En ese espacio se leyeron opiniones favorables y desfavorables, y se describió el proceso de elaboración de las Normas Complementarias. También el 7 de diciembre tuvo lugar la Mesa Redonda Informativa de la Televisión con el propósito de brindar información pública.

¿Para quién escribe entonces Chris Vazquez? Obviamente, no para el público cubano que ha sido testigo de lo anterior. Pero tampoco el Decreto 349 surge de improviso como pretende mostrar; tiene antecedente en el Decreto 226 de 1997, “Contravenciones personales de las regulaciones sobre prestación de servicios artísticos”. Es, así, una actualización legal ante la nueva realidad socioeconómica del país; obvio entonces que no va contra el trabajo por cuenta propia, sino que lo potencia; contribuye a su ordenamiento. También tiene antecedentes en viejas demandas provenientes no solo del sector cultural y artístico, sino de toda la población. Sobre el rechazo generalizado a la proliferación de fenómenos indeseables como la chabacanería y la vulgaridad disfrazadas de productos artísticos, no es difícil hallar múltiples referencias en la web.

Todo esto, sin embargo, es ignorado por el articulista de Havana Times, como si cuatro mentiras y tópicos malintencionados pudieran opacar la realidad. Una pretensión trasnochada que ignora el significado y alcance de la palabra consenso. Engreído proceder que de pronto también recuerda aquel animado transmitido años atrás por nuestra televisión: el de un gallo vanidoso que creía levantar el sol con su canto. La fama del gallo termina un día en que la ronquera le impide cantar y el sol amanece de todas formas.

Ciertamente, el artículo de Chris Vazquez en Havana Times no aporta argumentos, es pura gritería; ronquera de quienes se desgañitan contra Cuba. Así, nos habla de miedo, ocultamiento, censura, arbitrariedad: adjetivos y tópicos que por su negativismo y compulsión emotiva excluyen cualquier tipo de trámite inteligente. En vez de hacer periodismo, a Vazquez le quedaría mejor sentarse en las gradas de un juego de pelota.

Por último, me excuso por no debatir punto por punto cada uno de los elementos que aborda el articulista. Me gustaría hacerlo, pero no puedo. Sin consideración alguna nos despacha un armatoste donde claramente se han desordenado las hojas, amén de otras que parecen corresponder a un mamotreto diferente. Finalizo entonces con una de las perlas que nos regala. Dice que, según la ley propuesta, “los inspectores designados por el Estado estarían facultados para suspender rápidamente las actuaciones artísticas que subjetivamente consideren sin sabor”. ¿Dónde dice eso el Decreto? ¿Alguien pudiera explicarme qué significa, como figura jurídica, una actividad sin sabor?

 

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