Ya conocía A la sombra de un león, incluido en el libro homónimo galardonado en 2013 con el Premio La Edad de Oro. Desde la primera lectura me fascinó la historia de aquel triángulo amoroso que, Sabina y Elena Poniatowska de por medio, involucraba a un niño, una niña y un busto de Julio Antonio Mella.

Ayer me reencontré con él y lo disfruté como la primera vez. Fue en Temporada de héroes (Casa Editora Abril, 2020), volumen que leí de un tirón mientras aguardaba una 27 y me desplazaba en ella desde la Habana Vieja a la Ciudad Deportiva.

La fascinación de Eldys Baratute Benavides por esos pasajes íntimos, cuasi fabulados, no recogidos en la gran epopeya nacional es el leitmotiv principal de esta colección de cuentos centrada en personajes significativos dentro de la Historia cubana. De su afición ya conocíamos, además, por el volumen Otras tonadas del violín de Ingres (Editorial Oriente, 2016), integrado por cuentos basados en obras de varios artistas de nuestra Vanguardia.

“La fascinación de Eldys Baratute Benavides por esos pasajes íntimos, cuasi fabulados, no recogidos en la gran epopeya nacional es el leitmotiv principal de esta colección de cuentos (…)”. Foto: Tomada del sitio de la Asociación Hermanos Saíz

Ahora, el autor guantanamero nos convida al reencuentro con personalidades protagónicas dentro del devenir histórico insular, ya sea porque recrea pasajes de sus vidas o porque construye y desarrolla situaciones protagonizadas por niños y niñas que devienen reflejos de aquellos, del ejemplo que representan y sus humanas naturalezas, sus fulgores y oscuridades, pues Eldys persigue, ante todo, volver sobre paradigmas de lo heroico para «descenderlos» del pedestal y hacerlos más cercanos, más asequibles y disfrutables por niños, adolescentes y jóvenes en general, aunque estamos ante un libro (como la gran mayoría de cuantos él ha escrito) que pueden leer personas de todas las edades.

La relación filial entre José Maceo y su hermana María Dolores, fallecida a los pocos días de nacer y que en los libros de texto muchas veces no figura entre los hijos de Mariana y Marcos; el monólogo frente al espejo de una coqueta muchacha inscrita en un concurso de belleza donde también participará Celia Sánchez Manduley, su gran rival; pioneros que se preguntan el significado real de la frase «seremos como el Che» y se ufanan en averiguar qué similitudes guardan con el médico argentino; el juego de espejos entre dos Pablos hermanos mayores: de la Torriente Brau y otro, de aquí y ahora, cuyo mejor amigo, El Puma, le enseñó a montar bicicleta y a enamorar a las niñas… Los cuentos reunidos en Temporada de héroes centran su atención en momentos, acontecimientos, pasajes biográficos cotidianos, aparentemente intrascendentes, que difícilmente pudiéramos encontrar en los manuales sobre Historia de Cuba. Los héroes presentes en ellos se parecen demasiado a nosotros (o nosotros nos parecemos a ellos), lo cual les hace más atractivos, más cercanos; nos permite mirarles a los ojos, abrazarles, conversar con ellos de tú a tú, comprobar que también sufrieron y amaron, soñaron y sintieron miedo, como tú y yo, como todos.  

Lo fantástico está presente a lo largo de varias historias. El autor recurre al Trastorno disociativo de la personalidad para mostrarnos a Apolinar, un niño que es, también, Policarpo Pineda Rustán, temerario guantanamero, miembro oficial del Ejército Libertador; a la comunicación con los espíritus para recrear pasajes relacionados con la vida y la muerte de Raúl Gómez García, o al hecho peculiar, asombroso, sorprendente, que nos asalta al final de la romántica recreación de la leyenda forjada entre José Martí y María García Granados, joven guatemalteca que, según el poeta, moriría de amor. En realidad, lo espiritual y lo emotivo juegan un papel protagónico a lo largo del libro, cuyas páginas ofrecen espacio, en más de una ocasión, a narradores-testimoniantes anónimos, no recogidos por la Gran Historia, cuya sencillez a la hora de referir los acontecimientos garantiza la empatía con los lectores, divierte y desacraliza.     

“(…) Eldys persigue, ante todo, volver sobre paradigmas de lo heroico para «descenderlos» del pedestal y hacerlos más cercanos (…)”.

Especial atención merece el penúltimo cuento, focalizado en Manuel Rodríguez, alias La Brujita, un sastre homosexual que llegaría a alcanzar grados de capitán al mando del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, quien le demostrara admiración públicamente en más de una ocasión. El respeto a las diversidades sexuales es otro de los grandes tópicos que obsesiona a Eldys. Gracias a esta narración, está presente en Temporada…, como mismo articula en su totalidad la reciente antología Mariposas en el estómago (Gente Nueva, 2018), compilada a cuatro manos con Enrique Pérez Díaz.

Saltos temporales, juegos de espejos, monólogos interiores, delicadas intertextualidades y empleo recurrente de un lenguaje directo, a ratos lírico, están presentes en este recomendable libro, el primero de, hasta el momento, una dilogía (de ahí el término «temporada» incluido en el título, como si de una serie se tratase) fruto de laboriosas investigaciones realizadas por su autor a fin de acercarnos a personajes históricos desde una perspectiva novedosa, lúdica, dinámica, algo muy necesario en el panorama literario cubano más actual para niños y jóvenes. Acercamientos siempre respetuosos, concebidos desde el rigor y la admiración, muchas veces prácticamente escritos en el sitio donde se desarrollaron o debieron desarrollarse los sucesos.  

Varias veces he señalado la necesidad de que los niños, adolescentes y jóvenes conozcan a nuestros héroes e interactúen con ellos más allá de las semblanzas reproducidas en los libros de texto o aprendidas para un examen. Un héroe es mucho más que una fecha de muerte o nacimiento, datos históricos ordenados cronológicamente, una efigie colgada en la pared junto a la pizarra o en el mural del aula. El modelo ético-conductual que todo héroe representa no debe separarse de su realidad individual, de sus zonas sombrías. Los héroes lo son precisamente porque logran sobreponerse a sus humanas limitaciones y trabajan en beneficio de todos. Solo conociéndolos en su totalidad podremos admirarlos a profundidad, reconocer sus esfuerzos, celebrar sus méritos y aprender de ellos. En ese sentido se mueve este libro de Baratute, tan útil como disfrutable, opción ideal para revisitar nuestra Historia y disfrutar en familia.

“(…) El modelo ético-conductual que todo héroe representa no debe separarse de su realidad individual, de sus zonas sombrías. (…)”.

Mientras llega la segunda temporada, vayamos al encuentro de Policarpo Pineda redivivo, de la laboriosa Brujita y de José Maceo; de la “Novia del Sol en el ardiente Egipto”, cuya gélida piel quemaba al ser sacada del agua; de los dos Pablos conociéndose a través del Tiempo; de una niña motorista que imita a Ernesto Guevara motorizado. Vayamos en pos del humano pálpito que todo héroe representa.