Homenaje a Desiderio Navarro en Camagüey

Juan Antonio García Borrero
24/4/2018

Foto: Internet
 

No existe riqueza comparable a la que se consigue acumular cuando se han tenido buenos maestros. Llamo “buen maestro” a ese que logra poner ante nuestros ojos mundos inéditos, mundos que, por lo común, las personas no advierten en el día a día.

Al final, toda mi fortuna (que no es poca) descansa en la cantidad de buenos maestros que he podido tener. Son muchos, pero mencionaré apenas cuatro. El primero de todos ellos es, desde luego, Luciano Castillo, a quien debo el descubrimiento del cine como algo más que un simple entretenimiento. Sin Luciano, probablemente yo fuese un gran consumidor de películas, pero no tendría idea de qué es un cine-club, una cinemateca, una película de arte o ensayo, una investigación.

Luego, cuando descubrí a Julio García-Espinosa, nació la pasión del ensayista, y más adelante, con Ana López y su enfoque transnacional del cine latinoamericano, entendí que la historia del cine cubano no cabe en ese estrecha figura con que se describe a nuestra isla en la cartografía tradicional: que hay, como ella ha sabido argumentar muy bien, una “Cuba mayor” a la cual nuestro audiovisual y su historiografía tampoco puede renunciar.

El cuarto pilar de mi formación es (me gusta evocarlo en presente) Desiderio Navarro, quien fue uno de los pioneros que ha tenido Cuba en el uso creativo de la tecnología digital en función de la producción y distribución del saber (al otro que evoco haciendo eso mismo desde los noventa es a Abelardo Mena, cuyas iniciativas todavía no han sido bien reconocidas).

Como escribí en el momento de su muerte, y ahora reitero sin cambiar una coma, pertenezco a esa inmensa cantidad de individuos que se han beneficiado con ese sinnúmero de traducciones que nos entregaba a través de Criterios. Pero además, con sus trabajos aprendí a estimar la teoría utilizada con rigor (sin pedantería), y a valorar la importancia del intelectual crítico que interviene, allí, “en medio de la cosa pública”, que es donde realmente necesitamos que opere esa intervención. Por otro lado, sigue siendo Roberto Fernández Retamar el que, a mi juicio, logró sintetizar los valores de esa vida excepcional, al afirmar: “Se trata de la hazaña descomunal de una sola persona, Desiderio Navarro, quien vale lo que una institución que se respete”.

Al Taller de Crítica Cinematográfica que se celebra en Camagüey lo trajimos en varias ocasiones. No pudo asistir, en cambio, al “Primer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales” en el cual le hicimos un homenaje a Criterios, y a esa labor individual que ha sido un ejemplo insólito de generosidad intelectual y rigor investigativo.

Releer el mensaje público que enviara ante la imposibilidad de asistir en aquel momento sigue provocando en mí una absoluta sensación de desamparo, porque Desiderio Navarro ha sido uno de los poquísimos intelectuales cubanos que insistió en reflexionar críticamente sobre el papel de las humanidades digitales en nuestro tiempo.

Como advierte en su mensaje, no se trata solo de adquirir tecnologías, sino de implementar Políticas Públicas que fomenten el uso creativo, y construir un cuerpo de ideas que acompañe ese conjunto de nuevas prácticas.

Por eso, si algo agradecemos en el Proyecto “El Callejón de los Milagros” (tan inspirado en muchas de las acciones que él popularizó) es ese desvelo por sembrar miradas críticas en la comunidad que usa las nuevas tecnologías. Y al menos en ese sentido su legado intelectual está a salvo en su Camagüey, justo con la Mediateca que dejaremos inaugurada en el marco del “Tercer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales”, y donde aparecerán debidamente organizados los 4000 textos que generosamente puso al alcance de todos nosotros sin pedir nada a cambio.

Juan Antonio García Borrero

 PD: El homenaje será el miércoles 25, a las nueve y media de la mañana. Primero proyectaremos una entrevista que el intelectual concediera a la Televisión Camagüey en el año 2016, y luego, María Antonia Borroto, Beatriz Goenaga, y el que suscribe, moderados por la periodista Lourdes Mazorra, hablarán sobre su legado.

Aprovecho para compartir una vez más el mensaje enviado por Desiderio Navarro a los organizadores del “Primer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales”.

De Desiderio Navarro a Juan Antonio García Borrero

Querido Juany, estimados amigos y colegas:

Lamento mucho que problemas de salud me hayan impedido estar con ustedes hoy y perderme las intervenciones y debates de ese “Primer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales” que Juan Antonio ha organizado con tanta pasión como conocimiento de la compleja problemática enfocada.

No puedo ocultar que, además de las razones estrictamente intelectuales de mi voluntad de apoyo a un evento así, me mueve también mi identificación con esfuerzos que me recuerdan los que yo hacía hace cincuenta años por desarrollar en Camagüey una cultura crítica sobre todo en la esfera del cine, que era el gran tema de la cultura audiovisual de la época. Es también por ello que haría todo lo posible por contribuir a que sus esfuerzos de hoy no se vieran frustrados como los míos de entonces por la ignorancia, el conservadurismo, el miedo a lo nuevo y otro, el aislacionismo provincial y nacional, etc.

Más que de “Criterios” y su experiencia localmente pionera en la divulgación digital del pensamiento teórico, hubiera querido hablarles de problemáticas que van mucho más allá de Criterios y que he venido planteando en otros contextos: por una parte, las consecuencias negativas que puede traer a nuestra cultura y sociedad la demora en el desarrollo y actualización de la cultura digital, y, por otra, los problemas socioculturales que pudiéramos evitar poniendo fin a la demora o la omisión en el estudio y aprovechamiento crítico de las reflexiones y contribuciones prácticas internacionales sobre los problemas ligados a ese desarrollo ya avanzado en otros países.

Y eso concierne a cuestiones tan heterogéneas que van desde el aumento del fraude escolar y académico mediante Internet hasta la futura sobrecarga informacional.

U otro ejemplo, sin ir más lejos: todos los problemas que están detrás de un proyecto como Los Mil y Un Textos en Una Noche en Cuba y, en general, de la información científica internacional en Cuba: la situación de las bibliotecas, las editoriales y las importaciones, de las traducciones en la esfera del pensamiento, del conocimiento de las grandes lenguas internacionales del mundo académico, de la adquisición de los derechos de autor; de los altos precios de artículos, revistas y libros en formato electrónico on-line, y, sobre todo, el problema de la selección y sus criterios.

Basta ver la bibliografía de numerosos artículos, ponencias, tesis y proyectos nacionales cuyos autores demuestran haber tenido acceso a Internet, para darse cuenta de que ese acceso es sólo la primera parte del problema. Lo más difícil comienza con la orientación y selección en medio de un contaminado océano informacional cuyas aguas Google y otros buscadores se encargan de revolver aún más. Estar desinformado no es un obstáculo para obtener más información, pero sí para llegar sin extravíos a la información del máximo valor. Y es por eso que se hace tan necesaria esa cultura digital crítica por la que tanto aboga Juan Antonio y a cuyo desarrollo en Camagüey seguramente contribuirán todos ustedes en este encuentro.

Espero poder acompañarlos en marzo en el “Taller de la Crítica Cinematográfica”, al que vendría con ejemplares de Denken 1, 2 y 3, y con los nuevos 1001 textos teóricos que hoy no les llegaron.

Éxitos les desea su coterráneo. Con un fuerte abrazo,

Desiderio