Joseph Arbiol: educar con cine

Rubén Padrón Garriga
25/11/2020

Cada vez resulta más urgente formar un sujeto crítico capaz de hacerle frente a una industria audiovisual, que, si bien se ha diversificado, no deja de ser en su mayoría hegemónica. Crear espacios alternativos desde las escuelas que permitan enseñar de forma participativa a los más jóvenes a dialogar de forma activa con las propuestas audiovisuales a nivel global sigue siendo una asignatura pendiente en los programas de estudio de muchos países. Sin embargo, algunos, más allá de soñar, han despertado puesto su vida en favor de niños y jóvenes más emancipados y felices. Este es el caso de Joseph Arbiol.

Pedagogo, educador popular, hacedor de cine —uno que, más allá de buscar la perfección en los resultados, se enfoca en el proceso—, ha encontrado en Cuba las condiciones perfectas para compartir experiencias y promover, junto a la gran cantidad de valiosos profesionales nacionales que laboran en este campo, una educación audiovisual que nos haga más soberanos y concientes. En esta entrevista nos acercamos a su labor y su relación con un país que lo ha adoptado para seguir trabajando, mano a mano, por nuestras generaciones futuras.

“Pedagogo, educador popular, hacedor de cine, Joseph Arbiol ha encontrado en Cuba las condiciones perfectas para compartir experiencias y promover una educación audiovisual que nos haga más soberanos y conscientes”.
Fotos: Cortesía del autor

¿Cómo y por qué inicia su carrera como activista por la educación audiovisual?

Creo que llevo el cine y la educación en vena. Como marca de nacimiento. Mi abuelo tenía un cine en Estivella, el pueblo del que es originaria mi familia, a unos 35 kilómetros de Valencia ciudad. Sólo hacía proyecciones los fines de semana y yo no me perdía una. Una sala inmensa con bancos corridos de madera y una pantalla con evidentes marcas amarillas de humedad. Ahí pasé muchas horas con La Reina de África, Plácido, Sucedió una noche, The kid, Jorge Negrete, Ava Gardner e infinidad de cintas que marcaron mi infancia. Mi particular Cinema Paradiso que hoy ya no existe físicamente, aunque sí en mi memoria y en mis raíces culturales.

Nunca me planteé ser cineasta, aunque sí que realicé mis pininos en el campo del cine profesional. Mi camino era la educación y el contacto vivificante con los niños y niñas… y un día, allá por el año 93, encontré una cámara de video en el despacho de mi directora:

-¿Eugenia, la puedo utilizar?

-Toda tuya.- Fue el punto de inflexión que me unió mis dos pasiones: el cine y la educación.

En un principio, no pasé de ser el maestro simpático de la cámara que hacía películas con el alumnado: “¿Les enseñas también a restar?” y pensaba que era una isla en el mundo de la educación. Pero me divertía y mi alumnado también. Al día de hoy ninguno de ellos recuerda cómo les enseñé a multiplicar y sí las peliculitas y demás locuras que hicimos. Ellos venían felices a clase y esa felicidad, esa motivación en positivo, hacía del aprendizaje en todas las áreas algo mucho más ameno e interesante. La letra entraba con cine, no con sangre. Entraba con motivación, innovación y felicidad, adaptada a los días.

 “En un principio, no pasé de ser el maestro simpático de la cámara que hacía películas con el alumnado (…)
La letra entraba con cine, no con sangre”.

¿Cómo empieza su relación con Cuba? ¿Qué nos puede comentar sobre Pablo Ramos?

Empieza, como no, con Pablo Ramos. En Valencia, en Europa, hace 27 años, el trabajo de educación audiovisual no existía. Éramos francotiradores de la educomunicación trabajando como islas solitarias y dentro de nuestros anónimos caparazones. La relación con el sector profesional era malvada y ambivalente puesto que las finalidades eran y son muy diferentes. Mientras que en educación los objetivos, las competencias, el cómo, el cuándo es lo importante, para el sector profesional, el resultado es la finalidad principal. Cuando mostrabas un trabajo realizado con tu alumnado a profesionales del audiovisual sus caras eran verdaderos poemas cuando no muecas picassianas: “menudo truño”.

Tras unos años de trabajo en solitario, el ayuntamiento de Benetússer, la localidad donde trabajaba en esos momentos, me propuso laborar con una productora. El resultado final fue magnífico, sin lugar a dudas, pero el proceso, a nivel pedagógico, dejó mucho que desear “Toma 24”, “Maestro, ¿Y esto cuando se acaba?”. ¿Cómo conjugar la calidad con los procedimientos? Y ahí es donde aparece Pablo Ramos. Nuestra relación fue epistolar. A veces muy intensa, pero nunca llegué a coincidir físicamente con él.

Pablo estaba más interesado en los contenidos infantiles en el cine profesional, pero fue de los primeros “gurús” que me abrieron los ojos al trabajo serio en la pedagogía audiovisual. Pablo ya tenía organizada una red en Latinoamérica, la Red del Universo Audiovisual de la Niñez Latinoamericana (Unial), que trabajaba los contenidos del cine infantil en Latinoamérica y que solo tenía a nivel mundial a , auspiciada por UNESCO, como única asociación paralela y a la cual también pertenecía. Pablo era un visionario en su tiempo y su trabajo lo llevaba en el alma. Se lo creía, era su pasión, su vida entera. Eso me lo transmitió enteramente, creo que he sido un buen alumno; hiperactivo, trabajador incansable, soñador y luchador por los derechos de la infancia.

Usted tiene una vasta experiencia organizando la Muestra Internacional de Cine y Educación (MICE) en varios territorios del mundo ¿Cuáles son los elementos en cuanto a la educación audiovisual y el papel de las instituciones escolares que pudieran señalarse como tendencias internacionales?

MICE no es un festival al uso. No es un festival de la industria, es un festival educativo; y son las instituciones educativas las que han de coger fuertemente las riendas e implicarse a fondo en la realización del evento. MICE es la gran pantalla de la labor realizada en el aula por el profesorado y por el alumnado. La puesta en valor del trabajo didáctico del docente muchas veces despreciado desde algunas esferas falsamente auto-consideradas elitistas de la cultura. Un trabajo de continuidad en el aula, en el tiempo con la humildad y la constancia del maestro.

La siguiente MICE siempre empezará al día siguiente de que acabe la anterior con la ilusión que genera plantear proyectos nuevos, crear guiones, puestas en común. En sí, el festival es solo la celebración festiva de la educación audiovisual durante unos días; y la educación audiovisual, como la educación, es una tarea constante, del día a día, de momento a momento, que ha de ser estructurada y se ha de figurar dentro de un currículo educativo formal.

Se habla de formación del profesorado en nuevas tecnologías y MICE es una impulsora y motivadora. La innovación es la madre de la MICE. Y la formación y la innovación no pueden ni deben ser fruto de un espectáculo concreto de un momento. Los especialistas en educación lo saben. Es un golpe a golpe, verso a verso, paso a paso donde se hace camino al andar. Además, no solo el Ministerio de Educación debería implicarse fehacientemente, creo que el papel de la televisión pública cubana en MICE debería ser muy relevante. Veo con envidia sana los canales educativos cubanos. Creo que nuestro encaje en ellos es fácil, además de ser fundamental. La sociedad cubana es una sociedad educadora y MICE ha de ser un arma más para trascender el audiovisual al pueblo, en este caso al infantil y juvenil y hemos de utilizar todos los medios a nuestro alcance. El futuro de las nuevas generaciones lo merece.

Luego de varios años trabajando desde la educación audiovisual en Cuba, ¿qué fortalezas y áreas de necesario trabajo aún pudiera enunciar con respecto a esta temática en nuestro país?

En Cuba, como en la mayoría de países del mundo, el deber y la falta pasa por la introducción reglada de la educación audiovisual en el aula. Tanto a nivel de lectura de imágenes como de su escritura. La timidez con la que la mayoría de los programas docentes del mundo incluyen las enseñanzas audiovisuales en la escuela de forma obligatoria es ridícula o dejada. Delante del reconocimiento absoluto de la necesidad nos encontramos con una elefantiasis profunda a la hora de cambiar estructuras educativas.

Normalmente la Educación Audiovisual sólo viene incluida como una parte de la educación artística, es como si tratásemos la enseñanza de las lenguas adscribiéndola exclusivamente a la literatura y nos olvidásemos de su estudio formal o de la utilización de la lengua como vehículo de estudio de otras ciencias. A nivel de creación audiovisual, tanto artística como comunicativa, el espacio que ocupa en el aula sigue estando muy alejado de lo que esta ocupa en la sociedad lo que hace que la escuela se vaya alejando de la realidad para la que debe preparar, que es la vida en comunidad con sus valores, formas e idiosincrasia.

Quizás en Cuba ya se empieza ahora a plantear más concienzudamente la tarea de formar al profesorado para que estos puedan a su vez formar al alumnado en sus necesidades comunicativas reales. No es una labor que se pueda conseguir en meses. Yo confío plenamente en la educación de su país y el instinto de superación e innovación del profesorado cubano, y en la concienciación y la apuesta decidida de sus autoridades.

“Quizás en Cuba ya se empieza ahora a plantear más concienzudamente la tarea de formar al profesorado para que estos puedan a su vez formar al alumnado en sus necesidades comunicativas reales”.

Usted ha trabajado muy vinculado a la red UNIAL, actualmente gestionada por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello ¿Qué ha significado esta red para promover la educación audiovisual en Cuba?

La inmensa labor de la Red Unial, con más de 250 asociados en todo el continente, coordinando toda Latinoamérica a nivel audiovisual es un trabajo ingente muy difícil de llevar a cabo y que requiere de exclusiva y extenuante dedicación, estirar de una cuerda muy pesada para mantenerla activa cada día del año, mucha sabiduría, constantes propuestas, constante investigación de lo que acontece en Cuba, en Latinoamérica y en el mundo, estar al día, múltiples relaciones, horas y horas y horas de trabajo… en fin, una tarea digna de aplauso que muy pocos serían capaces de llevar a cabo.

Si su trabajo a nivel internacional es abrumador, no menos lo es a nivel cubano donde participan, promueven y apoyan muchísimos eventos en la Isla. Nadie les da nada hecho. Soy sabedor de que no tienen horas para su trabajo y son muchas las horas en vela dedicadas desinteresadamente a un sueño más que a una labor. Rápidas, exquisitas, formales, formadas, he de reconocer que estoy aprendiendo mucho trabajando con las investigadoras que componen la Red Unial, cambiando esquemas, adaptándome a ritmos de trabajo, intensificándolos, buscando planes b, c y d. En la vida siempre hay ocasiones de aprender cosas y cómos nuevos, y Cuba y la Red Unial me están enseñando nuevos caminos de luchar batallas cuyo fin solo uno ve, cuya finalidad es solo ética y filosófica.

La primera MICE realizada este año se centró en los espacios académicos-investigativos y en las proyecciones con niños y adolescentes ¿Qué pudiera comentarnos de ambos ámbitos?

La parte académica-investigativa va a continuar, por supuesto, y se va a incrementar. La primera MICE sólo fue un tímido ensayo, un “a ver qué pasa” pero queremos que la parte de proyecciones tanto profesionales como de audiovisuales hechos en entornos educativos sea la que se multiplique por mil. Darle protagonismo al niño a la niña y al profesorado que está todos los días con las manos en el barro y trabajando bajo condiciones difíciles, brindando su voluntarismo y su amor por su profesión. Es evidente que el trabajo teorético es necesario, imprescindible, pero apostamos por la praxis diaria del trabajo.

En cuanto a proyecciones es nuestra intención pasar de los cuarenta largometrajes entre el Foco en Alemania, la sección mexicana, las películas latinoamericanas, las secciones de ECFA y CIFEJ, el homenaje a Gutiérrez Alea y las que me estoy luchando por traer a Cuba de largometrajes muy significativos que están triunfando en los mejores festivales del mundo.

Joseph Arbiol y Mirta Ibarra durante la primera MICE en La Habana, en el 2020.

Las secciones competitivas serán las realizadas en entornos educativos. Yo me estoy dedicando a la recepción internacional y ya son casi 500 los cortometrajes recibidos, aunque sí que tengo que decir que estoy un poco triste porque esperaba más películas escolares latinoamericanas y, aunque sí que han llegado, no lo han hecho en el porcentaje en el que yo desearía. No obstante, aún tenemos hasta el día 8 de diciembre para recibirlas y espero que Latinoamérica se quede atrás.

De películas escolares cubanas no tengo cifras ya que estas las llevan directamente desde la Red Unial, pero imagino que la recepción será magnífica. Sin violar ninguna de las medidas establecidas en cada territorio por la Covid-19, completaremos con música, celebración, proyecciones en la sierra, desfiles y muchas actividades más. La MICE ha de ser una gran diversión infantil, de base popular, del pueblo y para el pueblo, creadora y motivadora, para niños, niñas, jóvenes y adultos.

La próxima MICE que llegará a Cuba a finales de marzo tiene dentro de sus agendas un trabajo más directo con las comunidades a lo largo y ancho del país, la integración de varias manifestaciones artísticas con el audiovisual. ¿Qué nos pudiera proyectar en cuanto a su futuro en nuestro país?

Todo proyecto conlleva una aspiración personal. Sería poco sincero no admitirlo. Y mi “sueño”, mi aspiración es ayudar a convertir a La Habana en la capital mundial de la educomunicación, ser yo uno de los actores que ayuden a conseguirlo. En Cuba encontré un país volcado con su educación, con dificultades económicas, pero con una voluntad de hierro en basar su futuro en la educación, en la formación de los más pequeños de sus miembros. En construir los pilares de su sociedad a partir de la educación.

La educación audiovisual es una apuesta de presente, no es futuro, no es el mañana, es el ahora, es la realidad tangible del mundo visual y tecnológico que nos envuelve. Si en la primera MICE nos centramos en La Habana aún con algunos contactos en provincias, se decidió abrir el espectro de localizaciones y tratar de llegar al máximo de niños y niñas cubanas posible. Nunca online, en vivo, en directo; respetando cuidadosamente todos los protocolos de seguridad y sanidad, pretendemos sacarlos a las salas de cine o a espacios de proyección para que vivan la magia del cine alejados de la pantalla pequeña o del ordenador.

Holguín, la Sierra Maestra, Güira, Cárdenas, Camagüey, Gibara, Pinar del Río, Santa Clara, Sandino… se unen en esta segunda edición al circuito MICE que esperamos que en futuras ediciones no deje provincia, pueblo ni ciudad por recorrer. MICE estará en la carretera desde el 20 de marzo hasta llegar a La Habana el 2 de abril donde prometemos una segunda inauguración impresionante para Cuba y para el mundo.

Respondiendo a tu pregunta, es nuestro deseo integrar todas las artes y sobretodo las artes visuales en el evento. El diseño entró fuerte ya en la edición con el concurso Bartola-Art, que nos sobrepasó en participación, sobretodo en la parte profesional. La música, puntualmente las bandas sonoras y la música en el cine serán otro de los puntos fuertes del festival. ¿Os imagináis a nuestros jóvenes poniendo música en directo a clásicos del cine? Pues va a pasar y más de una vez y de una manera diferente, divertida e innovadora. Y un poco de baile por aquí (cómo no se va a bailar en Cuba, sería un pecado y un delito) y un poco de gastronomía por allá.

Acabo añadiendo que esta segunda edición espero sea la consolidación definitiva de la Muestra en la Isla y desde Cuba al mundo. En positivo, con vocación de servir y de sembrar. Espero ser de utilidad en el desarrollo de las futuras generaciones del país.