Cuando confluyen en el escenario los actores de Argos Teatro descorren las cortinas para mostrar los conflictos internos del ser humano y la interacción con la realidad. El público se ve reflejado en la trama, que, a la vez, se mete en su psiquis para dejar, ingeniosamente, un mensaje subliminal. Argos Teatro es un laboratorio permanente para actores y estudiantes en la búsqueda de una propia fórmula y un lenguaje común.

“(…) Argos Teatro es un laboratorio permanente para actores y estudiantes en la búsqueda de una propia fórmula y un lenguaje común”.

La señorita Julia, Chamaco, Favez y La triada son parte de esa constante experimentación de los actores de Carlos Celdrán. Ahora repiten el método en Kilómetro cero, puesta en escena escrita y dirigida por la actriz Liliana Lam, que habla sin tapujos de un fenómeno que, a pesar de que ha estado debajo del tapete durante mucho tiempo, no deja de ser frecuente en la sociedad cubana: la prostitución masculina. 

“El público se ve reflejado en la trama, que, a la vez, se mete en su psiquis para dejar, ingeniosamente, un mensaje subliminal”.

Lam escuchó anécdotas del investigador Julio César González Pagés sobre su libro Pingueros en La Habana, de historias reales de muchachos que ejercieron la prostitución en Cuba entre los años 1998 y 2012. “Esas historias de vida son bastante fuertes y profundas. Después de oírlas pensé: ‘esto hay que llevarlo al teatro’”. 

“Esas historias de vida son bastante fuertes y profundas. Después de oírlas pensé: ‘esto hay que llevarlo al teatro’”, comentó la actriz Liliana Lam. 

De 120 anécdotas, Lam tuvo el reto de elegir una y a partir de ahí conducir la dramaturgia de la obra. “Luego, ligar todas esas tramas e intentar que tuvieran lazos entre ellas para que al público le resultara entretenido el resultado final, más allá de los mensajes que trasmite su argumento”.

César, Carlos, Yunier, Clara, Tony, Leo, Alfred, Sergio y Estrella se enfrentan entre sí. Dialogan. Muestran y ocultan sus conflictos internos. Buscan vías de escape; porque en el fondo solo son seres humanos con una proporción de bien y de mal. “Fue un desafío dirigir a un elenco grande, con caracteres diferentes. Se convirtió en un proceso de aprendizaje en todos los sentidos. Hicimos un trabajo de crecimiento de grupo porque cada uno aportó ideas y salió un producto que le llega al público. Ese es el mayor privilegio”, comenta a La Jiribilla Liliana Lam. Además, el montaje contó con la asesoría de González Pagés y los criterios en cuanto a la dramaturgia de Carlos Celdrán.

“(…) en el fondo solo son seres humanos con una proporción de bien y de mal”.

La escenografía —diseñada por Alberto Corona y Jesús Darío Acosta— es minimalista y cada elemento en ese salón oscuro con pocas luces se utiliza al máximo. Lo importante en Kilómetro cero no son las cosas, a veces ni siquiera la historia, sino lo que proyectan y sienten los personajes.  

“(…) cada elemento en ese salón oscuro con pocas luces se utiliza al máximo”.

¿Por qué Kilómetro cero?

Así se llamaba el bar —que existía frente al Capitolio y fue demolido entre los años 2016 y 2017— donde se ejercía la prostitución en Pingueros en La Habana, o sea, el lugar de encuentro en este mundo. También, el kilómetro cero es un punto de partida y un sitio por el que inicia la medida de todas las distancias. Creo que cada persona tiene su propio kilómetro cero. 

“(…) cada persona tiene su propio kilómetro cero”. 

Todos los fines de semanas desde que se estrenó la obra, la sede de Argos Teatro en Ayestarán ha estado abarrotada de público. Eso confirma la efectividad que tiene el método de contar historias reales mediante el teatro. Que cuando prendan las luces, el público quede satisfecho porque disfrutó de una proyección de la cotidianeidad del ser humano y se adentró en conflictos que calan hondo en los sentimientos de los demás.

“(…) Kilómetro cero es un reflejo de Argos Teatro y de ese trabajo lo más cercano posible a la realidad”.

Al respecto comenta Lam:

La obra ha tenido gran aceptación, y eso es maravilloso. Espero llevarla a la mayor cantidad de lugares posibles en nuestro país y el extranjero. Y que sea una chispa que visibilice un mundo como este prácticamente ignorado y al que hay que brindarle atención para que nuestra sociedad crezca y sea cada vez mejor.

Al fin de cuentas, Kilómetro cero es un reflejo de Argos Teatro y de ese trabajo lo más cercano posible a la realidad. “Tiene que existir reflexión, análisis y emoción. Por eso apostaré siempre por este tipo de teatro”.