La cotidianidad que nos habita

Erian Peña Pupo
11/11/2020

Salvador Pavón es un creador nada ingenuo, aunque asuma el naif —caracterizado por la espontaneidad, el autodidactismo de sus exponentes, los colores brillantes y contrastados y la perspectiva acientífica captada por intuición, que en muchos aspectos recuerda (o se inspira en) el arte infantil, incluso ajeno al aprendizaje académico— como la corriente artística con que se vale para expresar sus muchas inquietudes.

Salvador Pavón es un creador nada ingenuo, aunque asuma el naif. Fotos: Cortesía del autor
 

En Holguín, donde el naif no es tendencia, como sí lo es, por ejemplo, en ciertas zonas de Santiago de Cuba, aunque con la notable excepción de Julio Breff en Mayarí, Pavón ha sabido armar una cosmogonía distinguible a simple vista en el contexto plástico local.

Ha defendido su estética: sus cuadros no se parecen a otros, sus ciudades —Holguín, siempre Holguín como inquietud primera— le pertenecen en toda su profundidad, sus matices.

Esta pertenencia habita en toda su extensión en 300 y más, exposición personal que reúne una selección de sus piezas en la galería Fausto Cristo de la sede provincial de la Uneac y que viene a ser compendio de su amplio bregar en el intento de captar —cosa que sin dudas Pavón ha logrado en estas obras— la idiosincrasia del holguinero en su ciudad, aquello que, aunque llevado a la figuración del naif, por momentos exagerada, por momentos ingenua, lo caracteriza sin dudas en la plástica local y, por tanto, en la nacional.

300 y más es una exposición personal que capta la idiosincrasia del holguinero.
 

300 y más es una invitación para descubrir la ciudad desde varios ángulos: lo social, lo político, lo religioso, lo cultural… como parte de su raigambre identitaria. Pavón “es un ejemplo de quien se ha dedicado a plasmar la vida cotidiana con el amor y la ingenuidad de quien conoce los vericuetos de la ciudad y nada se le esconde. Su visión es profunda y cala en pasajes que creemos conocer, pero que el pintor toca con su pincel y convierte en magia”, escribe en el catálogo el escritor José Poveda, y añade poco después: “En esta muestra Salvador desafía, con aparente sencillez e ingenuidad, la cotidianidad que nos habita. En su estilo hay una ironía matizada de realidades que pueden haberse convertido en parte de un presente, y que a veces pasan inadvertidas”.

La Loma de la Cruz, epicentro de buena parte de los cuadros, los carnavales que peculiarizan los festejos estivales, el béisbol como pasión e identidad, eventos culturales como las Romerías de Mayo, el transporte público… son algunos de los elementos para asimilar y recorrer la muestra personal de Salvador Pavón en la Uneac.

 Eventos culturales como las Romerías de Mayo “son algunos de los elementos para asimilar y recorrer la muestra personal de Salvador Pavón”.
 

Elementos identitarios de la urbe —el parque Calixto García, el estadio con igual nombre, el Gabinete Caligari, el propio Centro Provincial de Arte, el parque El Quijote, la Catedral San Isidoro, entre muchos otros— y sus habitantes, peculiarizan una poética para nada ingenua; al contrario, llena de guiños e insinuaciones sociales y culturales: “Cervantes en Holguín”, “Sueños de cachorritos”, “Cumpleaños de abuela”, “Hacia el futuro”, “Héroes anónimos”, “Tabaqueros”, “Romerías en Holguín”, “La milagrosa”, “Supervivencia”, “La feria” y “Homenaje al Rey”, se encuentran entre las obras.

La mirada de Salvador Pavón, cargada de los rasgos típicos del naif, pero no dependiente de ellos, viene a adentrarse en los entresijos de la ciudad de Holguín, siguiendo la mejor tradición insular que se ha apropiado de las urbes. Así revisita sus elementos identitarios, los hace suyos y nos los muestra con la sugerente línea de su pincel.