La historia no es cosa del pasado

José Manuel Lapeira Casas
17/2/2020

Cuánta razón habían tenido los primeros filósofos griegos cuando personificaban la Historia, en la figura nívea de la musa Clío, como una representación de las virtudes del hombre. Desde entonces los recuerdos, las memorias y vivencias de las personas y países han estado recogidas por esa ciencia subvalorada en ocasiones. Desde los primeros acercamientos al pasado de la Isla, Morel de Santa Cruz estableció en Cuba una tradición interesada en esclarecer la huella de la humanidad en el tiempo.

En honor a ese legado indiscutible y con el objetivo de reconocer a quienes se han destacado en este campo del conocimiento, la Unión de Historiadores de Cuba entregó las distinciones correspondientes a la organización en la sala Nicolás Guillén de la Fortaleza de La Cabaña, la cual se encuentra enfrascada todavía en las actividades programadas por la Feria Internacional del Libro de la Habana. Al lugar asistieron representantes de la Asociación de todas las provincias del país y su Consejo Nacional, el cual procedió a la entrega de los premios.

En primer lugar, fue entregado póstumamente el Premio Nacional de la Crítica Histórica Ramiro Guerra al Doctor Oscar Loyola Vega por su libro La Nación Insurrecta, el cual propone un acercamiento renovador al proceso de conformación de la nacionalidad en los campamentos mambises en la manigua cubana. El diploma acreditativo fue recibido por la viuda y la hija del destacado investigador.

El Premio Nacional de la Crítica Histórica José Luciano Franco agasajó a los autores Javier Negrín Ruiz y Jorge Fernández Guerrero por el título La Masonería Cubana y el Tratado Hay-Quesada. Fotos: del autor
 

El Premio Nacional de la Crítica Histórica José Luciano Franco agasajó a los autores Javier Negrín Ruiz y Jorge Fernández Guerrero por el título La Masonería Cubana y el Tratado Hay-Quesada. En este caso la investigación histórica condujo a desentrañar el papel activo de la masonería en la Ratificación del Tratado Hay-Quesada, que estipulaba la soberanía de la República de Cuba sobre la antigua Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud), así como la presión ejercida por este sector de la población para que el gobierno de Estados Unidos cumpliera con lo acordado.

El Premio Nacional de la Crítica Histórica Hortensia Pichardo recayó en El Libro de las Constituciones
del Doctor Eduardo Torres Cuevas y el Máster Reinaldo Suárez Suárez.

 

En otro apartado dedicado a la compilación bibliográfica documental el Premio Nacional de la Crítica Histórica Hortensia Pichardo recayó en El Libro de las Constituciones del Doctor Eduardo Torres Cuevas y el Máster Reinaldo Suárez Suárez. A modo de una detallada antología, la nueva entrega contiene todos los textos constitucionales redactados en la República de Cuba en el período que comprende desde Guáimaro hasta la actualidad, además de incluir facsimilares de los documentos originales. El jurado, en su veredicto, lo catalogó de “una sistematización minuciosa de los antecedentes constitucionales de la República” y añadió que “su publicación en el contexto del último referendo del 2019 reafirma la utilidad de la investigación”.

En el apartado del Concurso Nacional de Investigación Histórica, dedicado en esta ocasión al estudio de la Revolución Cubana en el periodo de 1959-1987, resultó ganador Educación Patriótica en Cuba: El activismo de la historia (1968-1987) del Doctor Rolando García Blanco. El trabajo profundiza en el papel clave que tuvo la Historia de Cuba en la formación patriótica del ciudadano potenciada por la Revolución.

 En el apartado del Concurso Nacional de Investigación Histórica resultó ganador Educación Patriótica en Cuba:
El activismo de la historia (1968-1987) del Doctor Rolando García Blanco y recibió mención especial Génesis y Desafíos de la Dirección Política de una región particular de la Doctora Noralis Palomo Díaz.

 

En esta misma categoría fue otorgada una mención especial a Génesis y Desafíos de la Dirección Política de una región particular de la Doctora Noralis Palomo Díaz. Su trabajo rememora la conformación del Partido Comunista en la Provincia de Guantánamo y todas las complejidades que acompañaron ese empeño de llevar la dirección del país hasta la más oriental de las provincias.

Por último pero no menos importante, en el momento álgido de la tarde fue concedido el Premio Nacional de Historia de manera unánime al Doctor Alejandro García como reconocimiento a la obra de la vida. El galardón fue entregado junto a un cuadro de José Martí y la Medalla de la Paz firmada por el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz. El fallo del tribunal encargado de la deliberación destaca: “La incansable labor docente investigativa, acompañada de la producción de textos imprescindibles para entender en profundidad la Historia de Cuba”.

Al contemplar esta pléyade de homenajeados resulta imposible no recordar aquellas primeras clases de Historia que encendieron en el niño sediento de maravilla la llama de la fascinación. Todo lo aprendido pasa ante mis ojos en imágenes dispersas, como si de un rollo cinematográfico se tratara. Estudiar la historia no es una labor para los necios enajenados de la realidad. El desarrollo es una espiral que regresa al mismo punto de partida en estadios superiores. Por tanto, en el pasado está la clave del presente y una proyección de lo que puede ser el futuro. Desentrañar esas nociones, con todo el sacrificio y responsabilidad que conlleva, es una tarea que demanda el concurso urgente de los colosos dispuestos a preservar la identidad y el recuerdo de una nación.