La identidad nacional cubana

Rafael Lam
26/6/2019

En la semana del 21 al 23 de junio, en el encuentro de Miguel Díaz-Canel con miembros de la Uneac que asistirán al Congreso, el presidente hizo mucho énfasis en la búsqueda de la identidad nacional cubana.

Ante todo, habría que ir nuevamente al encuentro de nuestro primer descubridor de la cultura cubana, Fernando Ortiz (La Habana, 16 de julio de 1881-10 de abril de 1969), al decir del propio presidente de la Uneac, Miguel Barnet.

Fernando Ortiz, antropólogo, jurista, arqueólogo y periodista cubano.
 

Barnet hace muchos años que insiste en difundir en las escuelas la figura de este gran estudioso de las raíces histórico-culturales afrocubanas, de quien se está conmemorando el aniversario 50 de fallecimiento.

Desde inicios del siglo XX Ortiz publicaba unos escritos que después se recopilaron con el título de Entre cubanos. En el capítulo del “folklore cubano”, escribe: “En todas partes se procura conservar las tradiciones populares y los pequeños recuerdos y objetos de la vida doméstica e íntima de los hogares y de las ciudades antiguas. Los objetos en los museos; las leyendas en los libros. En Cuba nada hemos hecho en este sentido… Manos a la obra, aunque solo sea para sacar del pasado que se esfuma, fe y alientos para el porvenir que se va anunciando”.

Después del triunfo de la Revolución en 1959, todo cambió; al decir de Leo Brouwer, comenzamos a tener “clima para el arte y la cultura cubanos”. Fernando Ortiz ocupó su lugar; el guía intelectual José Martí pasó a ser nuestro héroe intelectual; pero, ¿todas esas insignias de la cultura se difunden y se conocen en las escuelas en la medida que merecen, para entender y afirmar nuestra identidad nacional?

Para que la identidad entre en las nuevas generaciones hay que mostrar la auténtica cultura cubana en las escuelas, desde el llamado “preescolar” y la primaria. Ese es el momento de comenzar diciendo a los niños: “Nosotros somos cubanos” y mostrarles esa cubanía. Para eso están nuestros artistas, para crear materiales educativos dirigidos a las nuevas generaciones. Y para eso tenemos también un libro como La Edad de Oro, de José Martí.

Las escuelas de arte, especialmente las de música, tienen que graduar estudiantes que, antes de concluir sus estudios, puedan tocar la música de fundación, la que dio inicio a la nacionalidad. Tienen que saber tocar en los formatos instrumentales creados en Cuba: septetos, conjuntos y charangas;  todo ello con sus respectivos ritmos: habanera, danzón, son, guaracha, criolla, mambo, chachachá. Además, tienen que dominar la clave cubana, la síncopa, los tumbaos y montunos tradicionales.

¿De qué manera podrían los jóvenes tocar su propia música nacional si no la aprendieron en sus escuelas?

El cineasta Julio García Espinosa dijo: “Presupone una gran incultura en el cubano no conocer su música bailable y sus canciones antológicas”.

Esos mismos formatos son los que debemos mostrar a la hora de homenajear la cultura cubana y, con esos formatos, tocar las antológicas canciones que hay que escuchar desde niño, en las escuelas, para que se canten y queden impregnadas en la memoria colectiva y nunca se olviden, comenzando por el Himno Nacional de Cuba, con su debida historia (Céspedes, Castillo y Fornaris), el Himno Invasor (Enrique Loynaz del Castillo), La Bayamesa (de Céspedes-Castillo y Fornaris), La Bayamesa (de Sindo Garay), La bella cubana (José White), la habanera (Eduardo Sánchez de Fuentes), Tristezas (José “Pepe” Sánchez, primer bolero grabado), El mambí (Luis Casas Romero), El manisero (Moisés Simons), Guajira guantanamera (Joseíto Fernández), Quiéreme mucho (Gonzalo Roig, Ramón Gollury, Agustín Rodríguez), Canto siboney (Ernesto Lecuona), Un paraíso es mi Cuba (Ricardo Alemán/ Rosendo Ruiz Suárez), El amor de mi bohío (Julio Brito), Al vaivén de mi carreta (Ñico Saquito), El arroyo que murmura (Jorge Anckermann), Yo soy el punto cubano (Celina González y Reutilio Domínguez).

Todas estas y muchas canciones más aparecerán en un nuevo libro de Ediciones Cubanas, de Artex. Si estas canciones no entran por los oídos de los niños, es difícil que, ya formado, en la juventud, puedan aceptar de igual manera esas melodías inolvidables.

Volvamos a Fernando Ortiz, quien dijo que “no basta para la cubanidad integral tener en Cuba la cuna, la nación, la vida y el porte; aún falta tener la conciencia. La cubanidad plena no consiste meramente en ser cubano; son precisas también la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser. La cubanidad es condición de alma, es complejo de sentimiento, ideas y actitudes. Pero todavía hay una cubanidad más plena, diríase que sale de la entraña patria y nos envuelve y penetra”.