La Literatura en su lento caminar

Ernesto Cuní
18/2/2020

Valiosas aproximaciones a posibles causas, y maneras de erradicarlas, fueron esbozadas en el panel La Literatura en su lento caminar. ¿Múltiples miradas? Tratamiento de libros de poco movimiento en las librerías, ocurrido en el Salón Profesional del recinto ferial Fortaleza de San Carlos de la Cabaña como parte del programa del Taller del Librero que, en cada edición, convoca la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Las necesarias y diversas miradas de los especialistas integrantes de esta mesa no dejaron margen a las dudas. La librera Ada Hernández Peña; el periodista, crítico y promotor Fernando Rodríguez Sosa y el escritor, ensayista e investigador Jesús David Curbelo, ofrecieron un amplio abanico de las fallas que generan el estancamiento de determinado tipo de literatura en los anaqueles de las librerías.

La librera Ada Hernández Peña, el periodista, crítico y promotor Fernando Rodríguez Sosa,
y el escritor, ensayista e investigador Jesús David Curbelo. Fotos: Cortesía del autor
 

La experimentada librera Ada Hernández, con más de 30 años en el sector, compartió sus experiencias en la promoción y divulgación del producto libro, hoy por hoy difícil de promover, pero no imposible.

Ada es administradora de la librería capitalina Centenario del Apóstol. Su plan de recaudación mensual, 20 000 CUP, lo cumple y sobrecumple con libros nuevos, en consignación y de uso. Buena parte de esos títulos entran en la clasificación de lento movimiento. ¿Cómo logra venderlos? Pues los lleva al posible lector. Se traslada con parte de su equipo a los lugares luego de identificar al posible interesado.

Otra estrategia asumida por esta entusiasta y nata promotora es la de “negociar” con los autores, en el caso de los cubanos, y tratar de que estos le sugieran lugares donde interese la venta de su libro, además de su presencia personal como incentivo. Insistió en un elemento vital para la concreción de este fin: la preparación del librero, “tiene que leer y saber orientar al lector, gustarle su trabajo de antemano”, subrayó.

Centenario del Apóstol es una librería pequeña, sin embargo, “la hemos caracterizado como centro que promueve la poesía, es referente en la ciudad. Tenemos un punto de venta en la Casa de la Poesía. También vendemos otros géneros. Vamos a todas partes: escuelas, centros de trabajo; comunidades desfavorecidas, de tránsito y otros. Nos llama la atención la variedad de géneros que nos piden: teatro, novela, ensayo, poesía, testimonio”, señaló Ada. 

Y no la detiene el problema del transporte, “mochila en hombro y vamos a los lugares”, concluyó.

Por su parte, Fernando Rodríguez Sosa, incansable promotor de la literatura y los autores —varios espacios en la televisión, la radio y los medios impresos así lo atestiguan—, estima que el libro y el sistema editorial se tienen que ver como un gran complejo. Comienza con el autor y termina en la venta al lector. Debe haber unidad en todas sus piezas, engranar de manera perfecta, desde la literatura que se escribe, que no siempre es la más acertada y placentera, hasta la promoción.

Es en la promoción donde él “navega a toda vela” dada su experiencia en la conducción de importantes espacios a nivel nacional, tales como Libro a la carta y El elogio oportuno, ambos en la librería Fayad Jamís; la tertulia Entre puentes, en Matanzas, entre otras. Todos estos espacios —cuyo centro es el libro y a los que también invita a figuras destacadas de la cultura— enfocados en el interés de atraer a un público potencial a las librerías.

Considera que quien se ubique detrás de un micrófono o escriba para un periódico, debe dar importancia y saber cómo divulgar la literatura.“No se trata de criticar solamente un libro, es buena esta acción, pero se trata de la promoción de un volumen que acaba de salir y debe colocarse en el gusto del lector. Es importante que esto se sistematice en los medios de comunicación, no creo que exista esa sistematización en los medios de Cuba”, señaló.

En este sentido, dijo, tiene que haber una concatenación entre medios de difusión y editorial. A su juicio, existe una tendencia de decir a los medios qué deben hacer, “esto es imposible, los medios son autónomos y obedecen a los grandes eventos como la Feria. Lo demás, como la presentación de un libro, es particularizado. Un promotor no puede exigir a un medio que realice esta acción, debe haber una empatía entre ambos”, advirtió.

“Eso no es fácil de lograr, en mi larga experiencia de más 40 años promoviendo libros en estos medios, son muy pocos los sellos editoriales que se acercan a mí para darme las propuestas editoriales. Generalmente soy yo el que me acerco. Es una vía totalmente inexplotada”, confesó.

“Hay que seducir al lector y ahí intervienen el autor, el librero y la editorial”,
afirmó el escritor Jesús David Curbelo, a la derecha. 
 

A su intensa labor como escritor y profesor, Jesús David Curbelo ha sumado la de promoción. Observa un desajuste entre dos elementos del ya mencionado sistema del libro y su lento movimiento: autor y editorial. Dadas las bondades editoriales del país, se subsidia la producción del libro, los autores cobran y, algunos, se olvidan de la promoción, lo que no funciona así en el resto del mundo. Mientras, la editorial asume que los medios deben hacer esa tarea.

Achacó también esa acumulación de títulos en almacenes a la mala política editorial que en algún momento realizó excesivas tiradas de libros que no ameritan tales cifras. Una de las estrategias que propone para la promoción es la localización del autor y la focalización de este como promotor de su propia obra. “Hay que seducir al lector, y ahí intervienen el autor, el librero y la editorial”, dijo.

Las nuevas dinámicas económicas enrumban la producción y comercialización del libro por rutas diferentes en nuestro país. Considera Curbelo que, sin dejar de subvencionar este producto, hay que vincularlo al mercado. Y aquí entra el incentivo económico al autor y el editor, de manera que puedan obtenerse mejores resultados en la recepción del objeto libro. Funciona desde la búsqueda y fomento de títulos y colecciones atractivas para el lector, hasta la eficaz distribución en los lugares donde es posible adquirirlo.

“Esto tendrá que venir para que el libro cumpla su mecanismo de creación, producción, promoción, distribución y venta. Es importante para que todas las ruedas de este puedan rodar. Aquí sería bueno incluir a los promotores de las comunidades. Lo otro sería acercarse al llamado gobierno digital. El universo digital ofrece espacios increíbles para la promoción del libro”, arguyó.

Otra manera de incentivar la promoción, según Curbelo, es el fomento de la promoción del libro, con la anuencia del librero, en el sistema de enseñanza. Se sabe que los libros de enseñanza no siempre son atractivos para leer, de manera que hay que estimularlos desde otras zonas y dotarlos de matices con lecturas placenteras.

Los asistentes al panel propusieron además otras formas: como la vinculación de las bibliotecas con las librerías para poner en boga la literatura, así como hacer énfasis en el diseño, sobre todo visual, asignatura aún pendiente en la promoción.