La marcha del 26 de Julio

Rafael Lam
7/7/2020

Agustín Díaz Cartaya cumplió hace muy poco 90 años, y también recientemente se conmemoró el aniversario 65 de su salida del Presidio Modelo, en la Isla de la Juventud. Muchas entrevistas le realicé durante todos estos años en su apartamento ubicado en la calle Zanja, y después en el Vedado. Me gusta escucharlo hablar de aquellos lejanos tiempos y de los preparativos del asalto al cuartel Moncada, ocurrido hace ya 67 años.

El autor del inmortal “Himno del 26 de Julio”. Fotos: Internet
 

Cartaya nació en Marianao el 25 de septiembre de 1929. Es un hombre llano, natural, de origen muy pobre. Siempre le ha encantado la música, escribir canciones e himnos, y escuchar boleros. El siguiente es uno de las tantos diálogos que sostuvimos.

¿Cómo fueron los inicios de Agustín?

En 1929 surgió el danzonete en Matanzas, el mismo año en que vine al mundo. Fui a parar a la Casa de Maternidad y Beneficencia. Mi madre, Petrona Cartaya Abreu, trabajaba en la casa del doctor Julio César Portela, entonces director de esa institución. Yo viví entre rejas en esa etapa de la niñez, donde me mantuve hasta los once años. Por eso soy rebelde de nacimiento, por eso luché por la Revolución, buscando que todo cambiase.

¿Hacia dónde fue cuando salió de la Casa de Maternidad?

Mi madre pasó a trabajar a un asilo, y allí me ponían a trabajar en cualquier cosa. Pude jugar béisbol y me destaqué algo, era alto y fuerte. Entonces me apodaron el “Negro Thompson”, tenía cierto parecido con un pelotero conocido como “La ametralladora Thomson”, del Club Habana. Pero la pobreza era demasiada, y como segundo oficio recogía desechos en las calles y hacía todo tipo de labores para sobrevivir, ya que no tenía dónde dormir. Para aliviar las penas solía cantar.

¿Cómo llegó al Movimiento 26 de Julio?

Me vinculé a jóvenes revolucionarios de la zona de Marianao, entre ellos Hugo Camejo Valdés, quien después se convirtió en mártir. Los encuentros tenían lugar en San Celestino 156, en el Reparto Coco Solo, una zona bien pobre.

¿Cómo tuvo contacto con Fidel Castro?

A través de mis compañeros del Movimiento 26 de Julio. Fidel tenía conocimientos de que yo componía poemas y canciones; entonces me pidió un himno para el Movimiento que dirigía. El desafío era bien comprometido. ¿Te imaginas a un negro muerto de hambre convertido de pronto en el creador de un himno de un movimiento revolucionario? ¿Te imaginas la emoción que debía sentir un don nadie como yo? La idea rápidamente me llegó, el objetivo estaba claro. Teníamos un ideal de libertad: “Marchando, vamos hacia un ideal”. La inspiración era grande y en una noche surgió el himno. Tenía que salir a como diera lugar: era una orden de vida o muerte.

¿Cuándo le entregó a Fidel la obra?

Fue en los días de la salida de ellos hacia Santiago de Cuba. Fidel me preguntó: ¿Ya compusiste la marcha? Entonces le mostré los papeles con el nombre de “La marcha de la libertad”, y la escuchó y la aprobó. En fin, la marcha acompañó a los asaltantes del cuartel Moncada.

Yo participé en el ataque al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. Fuimos una tropa de 21 hombres armados, dirigidos por Raúl Martínez Ararás, Antonio Ñico López, Gerardo Pérez Puelles, Orlando Castro y Pedro Celestino Aguilera. Tratamos de entrar sorpresivamente por detrás del cuartel, pero las postas se percataron por el ruido. El factor sorpresa fracasó y no pudimos  enfrentar con efectividad el fuego de los militares. Se decidió el retiro, la mayoría de los atacantes salvamos las vidas por la ayuda audaz de los vecinos de Bayamo y de otras zonas. Después del ataque al cuartel Carlos Manuel de Céspedes y de los hechos del Moncada logré llegar a La Habana. Entonces me detuvieron y fui torturado por el Servicio de Inteligencia Militar. Finalmente me enviaron a la cárcel de Boniato, junto a los combatientes del Moncada. Allí nos volvimos a encontrar.

En aquel tiempo Fidel me hizo una indicación. Me pidió que hiciera cambios en las estrofas de la marcha, para que se destacara “la sangre que en Cuba se derramó”, de esa manera se denunciaban los crímenes de la dictadura. Con las nuevas transformaciones comenzó a cantarse el himno en la propia cárcel de Boniato. Los combatientes se aprendieron la letra y la melodía, muy diáfana.

El “Himno del 26 de Julio” se convirtió en un arma de combate.
 

¿Cuándo se canta la marcha colectivamente por primera vez?

Ante el público en la Causa 37 de 1953, en el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba. La segunda vez fue en el Presidio Modelo, durante una visita del presidente Fulgencio Batista. La cantamos a toda voz, a muy pocos metros del dictador, quien se quedó asombrado del atrevimiento. Después de esa experiencia, ya convertido en himno, la marcha acompañó a los guerrilleros que desembarcaron del yate Granma en 1957, y estuvo presente en la Sierra Maestra, en los sucesos de la emisora Radio Rebelde y en el triunfo de la Revolución el 1ero de enero de 1959. 

“Himno del 26 de Julio”

Marchando, vamos hacia un ideal
sabiendo que hemos de triunfar
en aras de paz y prosperidad
lucharemos todos por la libertad.

Adelante cubanos
que Cuba premiará nuestro heroísmo
pues somos soldados
que vamos a la Patria liberar
limpiando con fuego

que arrase con esta plaga infernal
de gobernantes indeseables
y de tiranos insaciables
que a Cuba han hundido en el Mal.

La sangre que en Cuba se derramó
nosotros no debemos olvidar
por eso unidos debemos de estar
recordando a aquellos que muertos están.

El pueblo de Cuba
sumido en su dolor se siente herido
y se ha decidido
hallar sin tregua una solución
que sirva de ejemplo

a esos que no tienen compasión
y arriesgaremos decididos
por esta causa hasta la vida
¡que viva la Revolución!