“La naturaleza es esa disolución de las hostilidades” (I)

Elaine Caballero Sabugueiro
15/2/2021

Casi por intuición, Dania González Sanabria escoge las esencias de la naturaleza para expresarse en el arte. Desde que en el año 2008 realizara su obra Refugio, donde intervino en un sitio de este tipo destinado a casos de guerra y colocó en su interior una loma de semillas, su camino como artista nos recuerda lo valioso de conectar con las raíces primigenias de la vida.

González Sanabria ha sido ganadora de la reciente edición de Post-it en el 2020 con la pieza Mímesis. Los motivos que la llevaron a ser acreedora del premio se evidencian, de acuerdo con el jurado, “en el uso del referente natural como centro de su creación, la voluntad y la sinceridad de la experimentación con los materiales utilizados, así como la construcción de las formas, a partir de un ejercicio artesanal”.

Mímesis, obra de Dania González Sanabria ganadora de Post-it en el 2020. Fotos: Cortesía de la artista
 

La artista concede una segunda oportunidad a espacios que lo necesitan, como quien conoce los secretos de cada lugar y la urgencia de repoblarlos en el aquí y el ahora. Dania no escoge sitios rimbombantes ni colosales, para ella lo principal, antes que el glamur y el atrezo, es regresar a la conexión del ser humano con la tierra, experimentar lo onírico del paisaje y su relación con los sentidos. Así de intensa es su verdad y los motivos del arte cubano contemporáneo que iluminan sus días.

La obra con la que ganaste Post-it este año, ¿qué la caracteriza en particular? ¿Por qué su nombre?

Encuentro este panel de cartón con una estructura creada artificialmente, aunque basada en el modelo hexagonal de la colmena, y pretendo darle una apariencia similar a lo que es la colmena de abeja en estado silvestre. Por ello, en la parte inferior, trabajo con la cera, que es el material original de la colmena, y al mismo tiempo le doy una apariencia más orgánica, volumétrica, y por así decirlo, espontánea.

La pieza, cuando uno mira la parte de encima, sigue siendo el panel de cartón propiamente. Mientras más bajas, encuentras esa apariencia cruda que tiene una formación natural. Utilizo el término mímesis como imitación de vida, de comportamiento, considerando ciertos elementos de la vida silvestre que deben ser en sí como adoptados por nosotros en la vida cotidiana.

Retención, performance de la artista realizado en el 2014.
 

¿Qué te hace escoger la conexión hombre-naturaleza como punto de partida para la creación?

Como en la misma naturaleza todo tiene su explicación, sus causas y su posterior desenvolvimiento de lo que puede ser el origen, esa pregunta me remite al primer tiempo en que estaba tratando de desarrollar mi obra, descubrir qué me motivaba y podía ser importante para mí.

En ese tiempo pensé que el trabajo tenía que enfocarse desde la necesidad personal, desde la sensibilidad ante el mundo, de lo que pueda rodear a uno. Esa obra tenía que ser como un crecimiento de lo que está adentro, en relación con lo de afuera. La naturaleza viene a funcionar como algo que da respuesta desde lo espiritual, desde la pureza, desde la limpieza de determinados fenómenos, tanto personales como sociales.

Comienzo a leer cierta poesía donde el elemento natural viene a ser utilizado desde el punto de vista simbólico, para aludir a estados personales, y con mucha carga emotiva. Comienzo a nutrirme de todo eso, me gustaba mucho el haikú, ciertos pensadores del siglo XIX también, como Emerson, Walt Whitman y la imagen poética de Martí, con esa carga ética y al mismo tiempo de hombre natural, fue muy fuerte para mí en ese momento. Son cosas que aún me acompañan.

Aparejado a la constante observación de la naturaleza que vino conmigo desde niña, desde siempre, donde los fenómenos naturales eran extremadamente fuertes y los vivía de manera muy intensa, fue como una especie de llama que comenzó a encenderse cada vez más para ser usada a la hora de trabajar, de crear mis propias propuestas y de ponerlo en mis manos, en mi voz, en mi manera de interpretar el mundo y tratar de hacerlo como una pieza de arte.

Hallazgo (animal dual) es una obra del 2013 confeccionada con huesos del cráneo de un perro y un carnero, junto con guata, algodón y otros elementos.
 

Siempre me ha gustado asumir el trabajo desde lo que puede ser una pasión, una sensibilidad fuerte, algo que de verdad me puede tocar a mí y de cierta manera, por medio de la identificación, tratar de tocar a otros. Esa empatía que se genera en la obra de arte es una empatía que también se produce en mí, al acercarme a los fenómenos naturales, a los animales, las plantas.

Hablaba que la naturaleza puede ser una especie de espiritualización y limpieza, y eso lo considero en el sentido de que nosotros, como seres humanos, nos movemos dentro de ella. Dentro de las acciones del hombre, existen ciertas contradicciones de poder, hostilidades en política y en las relaciones interpersonales, que a veces tienden a opacar al ser humano como individuo.

Pienso que la naturaleza es un ciclo gigante donde existen esas contradicciones, pero realmente es como un ciclo que limpia ese desastre, una vez que la acción humana falla. Se puede crear un imperio y cuando entre en ruinas, la naturaleza viene a repoblarlo, por decir un ejemplo bien básico. La naturaleza es esa disolución de las hostilidades. Tal vez sea una manera de pensar un poco ingenua, pero sería muy bueno y bello que las personas asuman esa manera de pensar.

Vuelo (la permanencia y la fuga), performance del 2015.
 

¿Cuánto se exige Dania González Sanabria a sí misma?

Me exijo bastante y no solo en el trabajo, sino en muchos aspectos y es un poco contradictorio, porque exigirse en demasía, aunque es la base de la disciplina y ver el resultado de ello da felicidad, a veces esa presión resta felicidad en el día a día y ahí está la contradicción. Como todo para que esté en orden necesita de un balance es algo en lo que hay que trabajar, porque realmente qué sentido tiene hacer arte, algo tan subjetivo y personal, que al mismo tiempo es un regalo para los otros, si no hace feliz.

Creo que esa manera de exigirme es tal vez por la educación que me han dado. Vengo de una familia donde todo el mundo se exige demasiado y parece que no he aprendido a ser de otra manera. Por otra parte, al visitar los referentes y al ver la obra de personas cercanas, que son tan sensibles, tan motivadas por su trabajo con resultados bellos y fuertes, cómo no ser exigente con uno mismo. Se han hecho cosas tan maravillosas en este mundo, el ser humano ha realizado cada creación increíble y la naturaleza es, en sí, una creación tan bella, que es difícil no exigirme ante estos precedentes.

Humus, pieza del 2012.
 

¿Cuáles artistas cubanos y universales tienes como referentes?

La obra de Ana Mendieta siempre ha sido un referente para mi trabajo. Es una búsqueda respecto a la individualidad, su subjetividad, sus raíces y también en la parte social. La naturaleza para ella es refugio y al mismo tiempo una manera de encontrarse a sí misma y encontrar lo que fue, o lo que perdió. Esa manera de establecer los paralelos entre lo que es ella, su raíz o lo que es la raíz en el mundo, es muy alentador para mí. Es un trabajo emotivo y desgarrador, intuitivo y muy consciente.

En el arte cubano han sido referentes para mí artistas de la generación de los años 80, como Juan Francisco Elso, José Bedia y fundamentalmente José Manuel Fors, así como creadores posteriores como René Francisco, mi profesor durante mucho tiempo y de cierto modo aún lo es, de manera indirecta. También artistas como Carlos Garaicoa y Glenda León, así como de otras generaciones más cercanas y muchos de mi propia generación, que aún son referentes cotidianos. Existen personas y artistas que de una manera u otra te marcan bastante en su accionar. Puedo mencionar a Louise Bourgeois, Joseph Beuys, Christian Boltanski, Anish Kapoor, Francis Alÿs, entre otros.

Devolución (objeto), obra del 2014.
 

¿Cuánto de espiritualidad podemos encontrar en la obra de Dania González Sanabria?

La espiritualidad que podemos encontrar en la obra, la dicta la carga que lleva en sí la naturaleza, sus fenómenos, la motivación del trabajo en los estados personales, la imbricación con el mundo y en mi visión sensible ante este.

La obra en su desenvolvimiento, en su realización, es para mí una liberación, una comunicación constante y el basamento de las sensaciones que dejan en uno la vida y la muerte, el paso del tiempo, las huellas de la vida en sí, las emociones, los sentimientos. Ahí, en todo eso, va la espiritualidad.

Humus, 2012.
 
Hallazgo, 2013