El 8 de mayo se ha dignificado como el Día del Son en la cultura cubana, a fin de reconocer la obra insigne de Miguel Matamoros y de otras notables personalidades que son fundamentos para la concreción del género. Igualmente, para el logro de tales honores, es válido considerar la labor de investigadores que dedicaron parte de sus estudios a conocer y descifrar el rol que este ha tenido en el mapa de los géneros de la música de nuestro país .Es entonces que propongo un acercamiento a la ideas que, en tal sentido, desarrolló el musicólogo Argeliers León, quien hizo del son uno de los tópicos más interesantes, tanto de su trabajo teórico, como de la creación musical.

“El musicólogo Argeliers León (…) hizo del son uno de los tópicos más interesantes, tanto de su trabajo teórico, como de la creación musical”.

Diversos textos apuntan al interés de Argeliers por comprender y divulgar la importancia de la música popular cubana. Ello se evidencia desde sus escritos tempranos, ya por los años 40 del pasado siglo, en que prestó atención a develar el comportamiento de aportes hispánicos y africanos como componentes formativos de músicas que, hoy, se erigen en géneros nacionales. Es en este ámbito que se posiciona para estudiar la presencia del Son y conocer aquellas raíces históricas, económicas y culturales que lo sitúan como un trascendental género de la Isla. 

Si bien hay varios, los escritos en que el musicólogo manifiesta su interés investigativo por el género en cuestión, sin dudas sus reflexiones han sido conocidas mayormente a través del capítulo dedicado al son en Del canto y el tiempo, quizás su libro más acreditado que saliera a la luz en 1974 y en el que retoma algunas ideas planteadas en décadas anteriores. Sin embargo otros títulos, apenas divulgados, también van ordenando aquella órbita con la que fundamenta su argumento acerca del son como un peculiar sistema de comunicación, ejemplo de ello es “Del germen y el retorno”,[1] texto redactado a razón del Ciclo del Son, que fuera organizado por el Departamento de Música de la Biblioteca Nacional en momentos en que fungía como director su. En este trabajo manifiesta la premisa del Lo Son como fenómeno caribeño que encuentra en Cuba su mayor desarrollo.

Del canto y el tiempo, de Argeliers León. Imagen: Tomada de Radio Cadena Habana

Evaluar la significación organológica que conforman los diversos formatos con que se ha interpretado el género, le permitieron a Argeliers desarrollar uno de sus principales aportes metodológicos para el estudio de nuestra música como síntesis; de ahí partieron sus ideas acerca de las funciones tímbricas y las franjas sonoras, aplicadas al son dada su ductilidad para desdoblarse en variadas tipologías de agrupaciones musicales o en el comportamiento de cada instrumento, en particular del bongó .

Interés puntual mostró también en lo que se refiere al aspecto estructural del género, para lo cual tomó como principal referencia el estribillo, distinguiéndolo por su configuración reiterante y descriptiva, que toma un peculiar valor comunicativo para historiar el son y sus modelos. Esta referencia la exploró desde otra perspectiva, al centrar la mirada en la obra de Nicolás Guillén y reconocer esa individual poética con que asume las más diversas posibilidades expresivas desde la síntesis de dicha estructura: observaciones que se complementan con la representación en la música de concierto, a partir de la obra de Roldán y Caturla, expresada en determinadas obras desde la esencia sonera.

“El estudio del son constituye uno de los aspectos medulares para comprender el pensamiento musicológico de avanzada de Argeliers León”.

Sin dudas, el estudio del son constituye uno de los aspectos medulares para comprender el pensamiento musicológico de avanzada de Argeliers León; reflexiones que se cimentan en la práctica de su trabajo de campo como investigador, compositor, maestro y gestor cultural.[2] Aun cuando en la actualidad es posible hacer un estudio crítico, es indudable que sus postulados constituyen fundamentos a revisitar para comprender, ampliar o recontextualizar las esencias del género en el contexto nacional e internacional del siglo XXI. Es así que, para comprender su ideario sonero, valga volver sobre este breve texto, dedicado a Nicolás Guillén, clara expresión del valor simbólico que, para Argeliers León, tuvo lugar el son en la cultura cubana.

Del son al son [3]

En la base misma de la comunicación humana —y la condición homínida le debió mucho a la acción comunicativa—, estuvo la reiteración. La reiteración adquirió un sentido debido a su énfasis acumulativo y a la figura de extensión en el tiempo que así adquiriría. Luego, al desarrollarse el pensamiento a aquella reiteración se le llamó afirmación, aseveración, proposición y otros términos que resumían la sincretización de las ideas en los moldes que creaba la lógica. La reiteración se manifestó en el gesto, en el habla, se hizo figura en el lenguaje y didáctica en la plástica; y siempre, por su ocasionalidad —carácter que estuvo en su esencia—, apareció en alternancia con otros momentos, a los cuales servía, no de conjunción sino de proyección. Y con esta su propiedad fundamental en la comunicación, las fórmulas concretas en que cristalizaba la reiteración se acomodaron como lógica del lenguaje —de los lenguajes que forjaba el hombre.

Esto es lo que antecedió a la presencia —en los lenguajes— de la alternancia de copla y estribillo. No la repetición intrascendental en la cenefa, sino en la conjunción de dos órdenes sistemáticos: el exponencial de la copla y el asertorio del estribillo, el cual se integra con las imágenes concatenadas que asocia en su decurso. Y en esto último está la razón en su localidad o territorialidad, pues estas asociaciones están muy estrechamente ligadas a sus condicionantes más inmediatas.

“(…) la obra de Guillén —desde Motivos de son— se integra como el más formidable factor dinámico para el desarrollo del son”.

Por eso, en una particular área del Caribe se dio un cantar en copla y estribillo, producto de muy peculiares condiciones económicas y sociales que la historia reservó para esta zona. Así correspondió a su muy antigua aparición en Cuba, donde se dio un amplio uso del estribillo, que el cantor del pueblo y el pueblo cantor, los identificó casi siempre por la palabra o frase más señalada.

Cabría hacer un estudio tipológico de los estribillos hasta alcanzar una clasificación consecuente, para evidenciar la rica variedad de posibilidades en que aparecen los estribillos, desde una breve interjección hasta estrofas completas. También mostrar las múltiples maneras de inserción en el otro texto; hasta cómo la presencia de un estribillo se oculta en un texto. He aquí cómo la obra de Guillén —desde Motivos de son— se integra como el más formidable factor dinámico para el desarrollo del son. Pero que, desde aquí, la fuerza creadora sonera de Guillén le lleva a disolver estos mismos elementos que él ha aportado —y han sido también aportes para nuestra música en la otra función que adquiere el estribillo, por su propio papel referente y asociativo, y que es el acercamiento, al poeta del otro elemento en la comunicación: el receptor. A él se dirige y para él dice el estribillo en una comunicación directa, y del receptor espera su más inmediata respuesta. Y lo logra.

“Guillén ha hecho los más grandes aportes a lo que constituyen hoy modelos de son, diferenciables por las variables en los modos de creación y de comunicación que ha alcanzado el son”.

A estas variables tipológicas del fenómeno comunicativo que hemos llamado lo son, Guillén ha hecho los más grandes aportes a lo que constituyen hoy modelos de son, diferenciables por las variables en los modos de creación y de comunicación que ha alcanzado el son. Y junto a Guillén, que es nuestro más grande sonero: los Matamoros, los viejos del Sexteto habanero, los del Nacional, aquellos más viejos del Sexteto Occidente, y entre esos los nombres de Enrique Nery cabrera, Ignacio Piñeiro. Luego los nombres de Lorenzo Hierrezuelo que sabe hacer y decir con los estribillos, Arsenio Rodríguez, Chepín, Antonio Machín —que nunca se desprendió del son—; Benny Moré, desde luego y siempre, hasta los jóvenes y más jóvenes de la Nueva Trova.


Notas:

[1] Publicado en la sección “Crónica” en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí (La Habana), a. 64, n. 3 septiembre-diciembre, 1973, pp. 175-182.

[2] Argeliers sostuvo numerosos encuentros con los portadores de las tradiciones soneras en las expediciones de campo realizadas desde muy joven junto a su esposa, la musicóloga María Teresa Linares; asimismo refuerzan sus criterios los encuentros con músicos realizados con la profesora María Muñoz de Quevedo en los cursos de verano de la Universidad de la Habana, en los años 40 del pasado siglo, así como sus propios cursos en esta institución. A ello se suman las numerosas actividades realizadas como director de música de la Biblioteca Nacional con diversas agrupaciones soneras en todas sus variantes. Algunas de sus composiciones utilizan el son como base, ejemplo de ello son sus “Sonatas de la Virgen del Cobre”.

[3] Publicado en Unión (La Habana), no. 2, 1964, pp. 49-50.

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