La lengua no es la envoltura del pensamiento sino el pensamiento mismo —una amiga psicóloga repite la frase de Miguel de Unamuno para reforzar el papel que juega el uso del lenguaje inclusivo en todas las esferas de la vida y en el quehacer periodístico en especial, por el impacto social que tienen los medios aun hoy—.

En las redacciones periodísticas de las que provengo, en la provincia de Las Tunas, uno de los temas más agudos del debate, si de género se trata, se dirige al uso o no del lenguaje inclusivo en las notas. Nunca falta alguien que aluda a la negativa de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) y su crítica a las prácticas no sexistas.

Esta institución desde 2012 adoptó una posición fuerte contra el lenguaje inclusivo que retoma en 2019. La RAE determina, una vez más, que es correcto en el uso de la lengua en correspondencia con los criterios de los ejes de poder y reforzando al patriarcado desde el lenguaje.

“Ninguna lengua cambia por sí sola y para ello es necesario el uso colectivo de esta”.
Imagen: Tomada de utdt.edu

La experiencia en el Balcón del Oriente de Cuba y nuestra militancia por asumir posturas más emergentes en los medios de comunicación lleva más de una década y se reconoce el protagonismo de la Delegación de la Unión de Periodistas (UPEC) en el territorio.

Si bien es cierto que no se asumen comúnmente términos como todes o el uso de las/los en las noticias que aparecen en nuestros medios, apostamos por neutros que posibiliten la inclusión y destierren el genérico masculino. Estas prácticas tienen como antecedentes varias capacitaciones promovidas desde proyectos o desde la UPEC, como principal organización responsable de perfeccionar el ejercicio periodístico.

El primer acercamiento a la perspectiva de género desde los medios de comunicación tuvo lugar en Radio Chaparra, municipio de Jesús Menéndez, con las capacitaciones que se generaron a partir del Proyecto Socioproductivo Concertado, acompañado por la organización no gubernamental Oxfam.

La inclusión de dos temas de investigación en la Maestría de Estudios de Género de la Universidad de La Habana tutorados por la Dra. C. de la Comunicación, Isabel Moya Richard, fueron una oportunidad, pues a través de estos estudios se enfatizó en la formación de capacidades en periodistas y la inclusión de las mujeres en empleos no tradicionales a través de estrategias de capacitación y comunicación, respectivamente.

Ambas investigaciones tuvieron en cuenta el estudio del uso del lenguaje en los productos comunicativos y se materializaron propuestas para potenciar un lenguaje no sexista.

Otra de las acciones determinantes fue el Diplomado de Género del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, que tuvo por escenario a la provincia de Las Tunas, en el que se capacitaron muchos profesionales de los medios, ampliando la perspectiva e incluyendo no solo el personal periodístico, sino también a otras áreas que inciden en la calidad del producto comunicativo, como la edición, la locución, la fotografía, la dirección, la caricatura, entre otras. 

En materia de formación de capacitación e investigación, otro hito importante fue el proyecto Las Tunas: Mujer y desarrollo en el contenido de los medios locales, acompañado por la Unesco. Se aplicaron los indicadores de género al quehacer de las cinco emisoras municipales de la provincia y se incluyó el personal periodístico de Radio Manatí, Radio Chaparra, Radio Libertad, Radio Cabaniguán y Radio Maboas.

Los resultados apuntaron a la necesidad de una representación adecuada de mujeres y hombres en los medios, siendo indispensable que ellas sean más citadas como fuente de información y más protagonistas de las noticias.

“Los temas de educación, salud, mujeres, familia y sociedad siguen tratados mayoritariamente por mujeres; mientras que deportes y política son prioritariamente vistos desde las perspectivas de los hombres”.

El análisis profundo de las dinámicas de nuestros medios provoca reflexiones. Aun cuando las carreras de Periodismo y Comunicación Social son feminizadas, hay más hombres que mujeres en los departamentos informativos.

Los temas de educación, salud, mujeres, familia y sociedad siguen tratados mayoritariamente por mujeres; mientras que deportes y política son prioritariamente vistos desde las perspectivas de los hombres.

Si analizamos las estadísticas de hombres y mujeres que van a cursos de género, ellas representan el 52 por ciento de la totalidad.

Con relación a las prácticas docentes de Periodismo, el ciento por ciento de los profesionales graduados de la licenciatura que arriban a las emisoras municipales de Las Tunas, proceden de la Universidad de Camagüey.

El diagnóstico apunta a que menos del 5 por ciento del claustro que imparte docencia ha recibido capacitaciones en temas de género. Sin embargo, más del 54 por ciento del estudiantado se ha apropiado de estos aprendizajes de alguna forma.

Aunque estas estadísticas parecieran que distan del uso del lenguaje, brindan elementos que ilustran la realidad de los medios en los que normalmente el lenguaje no es el elemento más significativo, si de equidad y género se trata.

Tras los resultados del proyecto, coordinado por Adalys Ray Haynes, varias fueron las recomendaciones, entre las que están: el uso de un lenguaje no sexista, establecer estrategias de comunicación incluyentes, elaborar una línea de mensajes de bien público en las emisoras municipales que incluyan una representación multidimensional de hombres y mujeres que indiquen un esfuerzo para desafiar o contrarrestar los estereotipos de género y otras formas de representación sexista, establecer un mecanismo de monitoreo sistemático de la representación de la igualdad de género en el contenido de las radios, que permita el aprendizaje colectivo para un mejor desempeño. Asimismo, integrar a las audiencias en la identificación de los desafíos en materia de igualdad de género y en la búsqueda de soluciones.

La lógica de incluir a las radioaudiencias es muy importante, pues ninguna lengua cambia por sí sola y para ello es necesario el uso colectivo de esta.

El informe propone también alternativas para superar las problemáticas detectadas y extender las buenas prácticas identificadas que contribuyan al desarrollo del discurso mediático, garantizando una mayor y mejor representación de temas de género y diversidad social en las emisoras.

A pesar de la profundidad del estudio, no se pudo avanzar suficientemente en la aplicación de estrategias desde la UPEC, por falta de financiamiento y otras barreras entre las que se encuentra la aparición de la COVID-19. No obstante, se apuesta por la superación en materia de género.

Ray Haynes, también presidenta de la UPEC en Las Tunas, considera que los cambios que se generan en las rutinas periodísticas por la pandemia significan un atraso en la implementación de pautas de la agenda de género y se evidencian retrocesos en cuando el empleo del lenguaje incluyente.

La profesora de la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Las Tunas asegura que si se comparan los géneros periodísticos que provienen de medios municipales, con los que se generan desde los provinciales, es evidente una mayor apropiación del lenguaje no sexista en los medios locales.

Generalizar el uso del lenguaje incluyente es una tarea compleja, pues se trata de desmontar una práctica
ancestral que responde a una cultura patriarcal y a un modelo sexista. Foto: Tomada de lanacion.com.ar

Dice la investigadora sobre temas de género, que las prácticas de un periodismo alejado de las redacciones, en las que el personal de los medios hace su trabajo desde sus casas, sin tener contacto con otras personas, tiende a ajustar cuentas en el producto final que se publica, por lo que asegura que influye en la calidad del producto periodístico, sobre todo, en el uso del lenguaje incluyente.

El profesor del Centro Universitario Municipal de Jesús Menéndez, Aliek Méndez Bordón, defiende el uso del lenguaje incluyente desde edades tempranas y en todas las esferas de la educación.

Asegura el psicólogo de formación que el uso del lenguaje no sexista tributa a la formación de nuestra identidad y posibilita que se asuma el respeto a la diversidad. El resultado de un lenguaje sexista marca la superioridad de unos sobre otras, e influye de alguna forma en las historias de vida de hombres maltratadores.

Por experiencia, da fe de que generalizar el uso del lenguaje incluyente es una tarea difícil, pues se trata de desmontar una práctica ancestral que responde a una cultura patriarcal y a un modelo sexista. Patentiza que desde muchas de nuestras instituciones, como escuelas y medios de comunicación, no se evidencian posturas definitivas para desterrar estas prácticas sexistas.

El lenguaje inclusivo es una práctica que se necesita para cumplir con los desafíos de la Cuba que queremos.

Aunque falta mucho por hacer para generalizar un lenguaje incluyente en los medios como referentes y transformadores de las prácticas sociales, las múltiples acciones de capacitación en materia de género que se promueven en la provincia de Las Tunas demuestran que no es en vano el esfuerzo, a pesar de que los avances no suplan las pretensiones de un país que aprobó recientemente el Plan de adelanto a la mujer y declara las aspiraciones de equidad desde la Constitución de la República.

El lenguaje incluyente es una tarea pendiente y una práctica que se necesita para cumplir con los desafíos de la Cuba que queremos y necesitamos, pues como dijo Federico Felini: El lenguaje diferente es una visión diferente de la vida.