Liuba María Hevia: un corazón inundado

Guille Vilar
9/11/2018

Entre los fabulosos músicos que integran nuestro tesoro patrimonial, contamos con una cantautora cuyo quehacer se ha extendido más allá de la composición y el canto. Durante más de tres décadas, las creaciones de Liuba María Hevia nos han mantenido —y nos mantienen— alejados de los hoyos negros de la ignorancia y de la incapacidad de apreciar valores culturales auténticos.

“En el año que concluye, Liuba ha renovado su presencia entre nosotros
a partir del CD Vidas paralelas”. Foto: Internet
 

Sus canciones, llenas de pureza y de inmaculada belleza, complementan la aventura de existir. Pareciera que escuchar a Liuba nos convirtiera en seres rebosantes de fe, en creyentes de antiguas profecías. Su cantar define a los apasionados, a aquellos que llevamos la música adentro.

Coincido con la hipótesis de que el artista responde a las esencias de su época, pero en el caso de Liuba, cada nueva canción, cada nuevo proyecto discográfico, interroga al amor en el terreno de las sensibilidades espirituales, afines al pulso del ser humano.

En el año que concluye, Liuba ha renovado su presencia entre nosotros a partir del CD Vidas paralelas, bajo el sello de Bis Music. Se trata de una propuesta donde comparte sus atributos profesionales con estelares voces de la música contemporánea, entre ellos Danny Rivera, Luna Manzanares y Silvio Rodríguez. Además, músicos de las más variadas tendencias se han puesto de acuerdo para rendir pleitesía a la monumental obra de Liuba con el CD Pasaba un ángel, del sello Unicornio. Este incluye versiones inéditas como De monte y ciudad, a cargo de Los Van Van; El sueño del ángel, en la voz de Anabel López, y Se busca, por el grupo Buena Fe.

Nuestro lenguaje coloquial manifiesta un notable apego a las raíces cuando, al hablar de la patria, nos referimos a ella como “mi tierra”. Continuando  esta línea de pensamiento, descubrimos que a artistas de la talla de Liuba María Hevia les tenemos prohibido recostarse en las llanuras de nuestros campos, para no correr el riesgo de que su cuerpo sea cuna de girasoles, palmas y mariposas.