Liuba María Hevia y Eduardo Sosa destrabaron la trova en Holguín

Rogelio Ramos Domínguez
6/5/2019

La trova ha tenido siempre el peligro de la sinceridad: eso de hablar como un árbol con la sombra hacia ti, puede que reúna menos público. Debe ser por ello que generación tras generación hay quien hace alguna melodía para decir que la trova no ha muerto. Eduardo Sosa, desde hace cuatro años, tiene este espacio en la Romería: Destrabar la trova. El juego de palabras muestra una realidad a la que se suma el cantor; si hay que destrabar, en alguna sombra se alzan muros.

Liuba María Hevia en espacio Destrabar la trova, conducido por Eduardo Sosa. Foto: Cortesía del autor
 

En la tercera jornada de Romerías, el espacio trajo a Liuba María Hevia, esta hermosa mujer de tango y música campesina, de poesía y música clásica. Tres de la tarde y la traba fue técnica —hubo que “destrabar” casi una hora—. En el público, autoridades locales, trovadores y trovadoras, unas 100 personas.

Destrabados los entuertos entre cables y bocinas, y con la suerte de haber escuchado a Eduardo Sosa cantar “La Bayamesa” y “Un vestido y un amor”,  Liuba María Hevia subió al pequeño escenario, elegante, aparentemente tímida y otra vez hermosa.

“Las Romerías es uno de los eventos más entrañables de Cuba”, dijo Liuba. “Además, aquí me han pasado muchas cosas, tengo amigos, tuve un gran amor”. Lo dice porque Eduardo Sosa en Destrabar la trova hace preguntas, canta, recuerda la historia de alguna canción. Hace posible una comunicación certera con su público.

“En mi familia no había músicos”, recuerda. “Era complicado. Le preguntaba a mi madre y nunca me decía que estaba buena la canción”. La trovadora comentó que en su casa se escuchaba música campesina: los programas de radio, Palmas y Cañas en la época en que iba Celina González, las controversias de Justo Vega y Adolfo Alfonso, el dúo Los compadres.

Liuba María Hevia recordó, además, su amor por el tango. “Cuando voy a Argentina, me tratan generosamente”, dijo, al referirse a la música porteña. Luego de media hora de canción y diálogo, surgió entonces como perla un dueto que Liuba y Sosa deberían grabar. Ambos, guitarra por medio, cantaron “En falso”, de Graciano Gómez y el aplauso fue rotundo.

Durante el encuentro Ediciones La Luz presentó el cancionero Luna del 64, un ramillete de temas de la trovadora, preparado por Luis Yuseff y prologado por Roxana Fuentes y Luis Alberto García.

Todo quedo listo entonces, pasadas las cuatro de la tarde y convertidas las trabas en versos, para que Liuba cerrara la noche con un concierto multitudinario, porque en la tarde cantó solo un par de canciones.

Esta mujer tan afinada, atinada y valiente sedujo a los holguineros. La tercera jornada de Romería tendría durante varias horas el nombre de Liuba María Hevia, sus canciones, su vida, todas dispuestas a quienes acudimos a reconocernos en sus temas, que hablan de lunas en los charcos, en el asfalto,  en nuestras vidas.

Como ella, siento que hay en estas fiestas de Romerías la magia única de la belleza. Esta mujer de guitarra febril que sabe el dulce misterio del trovador, levantaba la mirada y frente a ella aplaudía Heidi Igualada, mientras algún poeta la atrapaba en una foto; todo en medio de este espacio que para fortuna de la canción cubana ha creado Eduardo Sosa. Esperemos que vuelva: quedan nombres como los de Martha Campos o Ray Fernández para seguir en este intento, sin dudas imprescindible, de destrabar la trova.