Luis Eduardo Aute: Me quemo sin ti

Fidel Díaz Castro
4/4/2020
Luis Eduardo Aute, cantautor español, amigo entrañable de Cuba. Foto: Internet
 

Este 4 de abril, en Madrid, tras larga lucha contra las secuelas de un infarto, se fue, Luis Eduado Aute, amigo entrañable además de nuestra Isla; se fue al alba pero, y como él mismo y dirá eternamente: queda la música. Con su muerte, está de luto la canción más auténtica y la belleza —la del mundo que él creó y el que proyectó con su obra y su vida—. Día amargo para la humanidad que anda perdiendo seres humanos por miles y hoy se acaba de ir uno de sus más entrañables, de los que se entregó siempre rumbo al alba; cantemos con él su Aleluya, y de seguro tocará a las puertas del alma y, nos llevaremos al abrir la sorpresa de alimentarnos con su tierna sonrisa, y al encogernos de hombros nos diga: Pasaba por aquí.        

Voy buscando un amor
que quiera comprender
la alegría y el dolor,
la ira y el placer,
un bello amor sin un final
que olvidé para perdonar.

Es más fácil encontrar
rosas en el mar.

Eran los finales de los años 60 y la voz de Massiel estaba de moda con Rosas en el mar. En Cuba era muy radiada; especialmente en el programa Nocturno de Radio Progreso ha sido un éxito durante décadas. Por entonces la pieza se colaba entre el pop ingenuo, casi infantil, de la época, pero algo distinto había en su texto que hacía sospechar que no era parte de esa camada.

Voy buscando la razón
de tanta falsedad.
La mentira es obsesión
y falsa la verdad.
Qué ganarán, qué perderán,
si todo esto pasará.

Aute, con un retrato de Massiel. Foto: Página web Aute
 

Tras el gran éxito de Massiel estaba uno de los más grandes creadores de nuestra lengua, Luis Eduardo Aute. Se daba a conocer con esta canción que en principio expresa cierto escepticismo de un amante romántico que no encuentra el amor; si profundizamos encontramos al cantor reclamando otro mundo, desafiando la férrea censura de la dictadura de Franco. 

Voy pidiendo libertad
y no querían oír.
Es una necesidad
para poder vivir.
La libertad, la libertad,
derecho de la humanidad.

Es más fácil encontrar
rosas en el mar.
Rosas en el mar.

Aute, “creador auténtico que llevó el arte como modo de vida, destacado pintor, poeta, cantautor”. Imagen: Internet
 

Otra de las canciones de Aute que Massiel grabó por aquellos años fue Aleluya nº 1 con gran resonancia también. El éxito de Rosas en el mar y Aleluya nº1 trajo versiones en diversos rincones del mundo como Checoslovaquia, Francia, Italia, Brasil, Japón y en buena parte de los países de habla hispana. En Estados Unidos, Ed Ames hace una versión llamada Who will answer, adaptada por Sheila Davis que llegaría al puesto número siete de la lista Billboard. Años después Aute comentó una curiosa anécdota que había escuchado según la cual Paul McCartney había compuesto ese clásico de los Beatles Let it be como una especie de contesta a esa versión en inglés del Aleluya.

Gritos mudos que suplican,
una tierra que palpita,
la sonrisa de un recuerdo,
la mentira de un te quiero,
unos cuerpos que se anudan,
una niña que pregunta,
aleluya.

Creador auténtico que llevó el arte como modo de vida, destacado pintor, poeta, cantautor; ser humano especial, profundo, humilde, poético, preocupado por los problemas de la humanidad, su voz siempre atenta para cantar a los necesitados, para pronunciarse contra la guerra, la ambición, la injusticia social:   

Míralos matarse con las armas
más sutiles con el fin de hacerse
con una medalla,

que persistan en su empeño
de pensar que sólo con fortuna y con poder
darán la talla,

que fabriquen aspas de molino
que defiendan al gigante
contra el aire del ensueño,

que produzcan monstruos pertrechados
de razones que jamás admitan
que la vida es sueño.

Desde 1970, Aute compuso bandas sonoras para películas dirigidas por Luis García Berlanga,
Fernando Fernán Gómez  o Jaime Chávarri, entre otros. Foto: Juan Miguel Morales, Página web Aute.
 

Aute,  hijo de padre español y madre filipina, viaja a España por vez primera a los ocho años de edad, ya por entonces siente pasión por la pintura y por el cine, filmando incluso con sus amigos con una cámara de 8 milímetros que le regalan sus padres.  A los quince años Luis Eduardo empieza a tocar la guitarra y a pintar en serio y con pasión.

Aute pintando una de sus obras en 1984. Foto: Página web Aute
 

En 1960 tiene lugar su primera exposición individual de pintura en la Galería Alcón de Madrid. Estando en el preuniversitario integra varios grupos musicales  como Los Sonor, del que surgen luego Los Bravos y en el que toca la guitarra acústica; Los Tigres, en el que canta en inglés canciones de Elvis Presley, así mismo con José Ramón Pardo, quien alcanzaría luego popularidad en el pop, canta en el grupo Los Pekenikes.

Quien mira no ve ni una mitad,
es evidente
que es diferente.
Entre mirar con la claridad
de la cordura
y ver con la luminosidad
de la locura.

Ante esa coyuntura
de claridad o lucidez,
con sensatez,
elijo la locura, aleluya,
elijo la locura…

La locura de la libertad, del espíritu que hurga constantemente en su tiempo para serle útil mediante sus maneras diversas de expresar lo que siente y sueña, ya sea un cuadro, un verso, una película, una canción: esencia poética de Luis Eduardo Aute.

Comienza la década del 60 y se adentra en el mundo del cine. En 1961 hace su primer guion y realiza cortometrajes; luego tendría diversas participaciones relacionadas con películas, en las que hace traducciones, de ayudante de dirección en cintas como Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz; La vida es magnífica, de Maurice Ronet, y Chaud, chaud, les visons, de Marcel Ophüls. Otro cortometraje suyo, Senses, fue censurado por inmoral. En 1969 co-escribe, bajo el seudónimo de Luis Junquera, el guion de Cibeles, que dirigirá José Sámano y será premio al mejor corto experimental en el Festival de Cine de San Sebastián.

Escribe también una especie de libro con textos, poemas y guiones al que tituló Los últimos estertores. En 1962 realiza su segunda exposición individual de pintura, en la galería Quixote, y conoce a la que sería su novia, una ecuatoriana llamada Maritchu.

Quiero vivir contigo
como vive el planeta en la esfera
y la luna en el mar,
como el destino en el camino
y así siendo distintos en la misma
identidad
seré el deseo tuyo dentro de mi voluntad,
quiero vivir,
quiero vivir contigo.

En 1963 comienza a estudiar arquitectura, pero duró apenas un par de semanas en la universidad, el arte lo llamaba y se va a París donde descubre la música de  dos importantes creadores: Jacques Brel y Georges Brassens. Su pintura comienza a venderse en otros países, y su nombre como pintor comienza a ser reconocido. 

En la imagen, Aute, Sabina y Miguel Ríos participan en una tertulia en Madrid en 1986. Foto: Página web Aute
 

En 1965 Luis Eduardo Aute entra al servicio militar, donde continuó su obra como artista plástico. Hizo una exposición en California y al concluir el servicio militar retorna a Madrid. Viaja a São Paulo para participar en la Bienal de pintura con tres cuadros de gran formato. En Brasil descubre la música de Bob Dylan y Joan Báez. En esta época, Aute conocería a Joan Manuel Serrat y poco después a Joaquín Sabina, con quienes su obra guarda estrecha relación.

El alma yo no venderé.
Aunque me vengan a ofrecer
la eternidad y la riqueza,
me quedaré con la pobreza.

El alma yo jamás la venderé.
El alma yo jamás la venderé.

Este  creador de espíritu renacentista transita por artes diversas, siempre con alto vuelo poético y con mirada aguda para ayudarnos a ver el mundo, los seres humanos, el amor, desde un ángulo distinto, o desde una hondura tal que nos revela nuevos misterios.    

Más que amor, lo que siento por ti.
es el mal del animal,
no la terquedad del jabalí,
ni la furia del chacal…

Es el alma que se encela
con instinto criminal,
es amar, hasta que duela,
como un golpe de puñal…

Ay, amor, ay, dolor…
Yo te quiero con alevosía…

Acercarse a la esencia de ese misterio que llamamos Amor, ese el sueño humano; hurgando en la obra de Luis Eduardo Aute podemos encontrar disimiles laberintos por los cuales transitar apresando imágenes que cargan los sentidos para viajar hacia él. La poesía auténtica no es más que eso, mostrarnos caminos para crecer espiritualmente, única manera de ser más plenos, más intensos, más preparados para darle a la vida la belleza.    

Puede que esto de vivir
consista en disfrazarse de veleta y de girar
según qué viento

y de celebrar el triunfo
de las estrategias sobre la caducidad
del sentimiento

y de coronar las cumbres
más resplandecientes donde el águila
es experta en alpinismo

y de especular con el honor
como la causa justa más preciada
del mejor cinismo…

Calma, corazón, calma, corazón, sabes bien
que la única razón que aún asumo
es la improcedente sinrazón
de amar y amar y amar…
y sólo amar,
el resto es humo.

Creadores como Aute, nos ayudan a vernos, a encontrar un lugar en la historia humana, ese micropunto que somos en el tiempo. Aute no escogió el camino de la fama, que regularmente incita a fórmulas de éxito anulando la capacidad creativa, siguió buscando la poesía, los secretos del alma, de ahí que haya transitado hasta su muerte por la creación incesante.   

Y van pasando los años
Y al fin la vida no puede ser
sólo un tiempo que hay que recorrer
a través del dolor y el placer;
quién nos compuso el engaño
de que existir es apostar a no perder.
Vivir es más que un derecho,
es el deber de no claudicar
el mandato de reflexionar
qué es nacer, qué es morir, qué es amar.
el hombre, por qué está hecho
y qué eres tú, libertad,
libertad, libertad, libertad.

Sereno, sin espectacularidades, solo abrazado a la poesía en todas sus artes, ha transitado Luis Eduardo Aute por medio siglo de creación, y tiene sin dudas un lugar privilegiado en la cultura universal. Este creador nacido en Manila Filipinas en 1943 ha tejido un cosmos amplio, diverso, espeso, que nos incita a navegar por él para hacernos mejores, más atentos, más humanos.

La idea no es razonable,
tampoco el verbo fundamental;
¿es el alma principio o final,
o armonía del bien frente al mal?
qué es el amor insondable
que empuja al cuerpo a ser incógnita
inmortal.
El siglo está agonizando
y el testamento que va a dejar
es un orden que quiere ocultar
el preciso compás del azar;
a qué seguir respirando
si no estás tú, libertad,
Libertad, libertad, libertad.

Aute: “Sereno, sin espectacularidades, solo abrazado a la poesía en todas sus artes”.  Foto: Página web Aute
 

Luis Eduardo Aute fue un creador colosal, estamos hablando de una obra musical que rebasa los 35 discos personales, y como es de suponer múltiples colaboraciones, discos colectivos y antologías. Sus canciones han sido interpretadas por cantores en todas las latitudes, y podemos nombrar entre sus más resonantes piezas Al alba, Las cuatro y diez, Anda, Slowly, Una de dos, Dentro, Pasaba por aquí, No te desnudes todavía, Aleluya nº1. Rosas en el mar, Dos o tres segundos de ternura, Cada vez que amas, Sin tu latido, Cuerpo a cuerpo, La belleza, Me va la vida en ello y De alguna manera.

De alguna manera
tendré que olvidarte,
por mucho que quiera
no es fácil, ya sabes,
me faltan las fuerzas,
ha sido muy tarde
y nada más, y nada más,
apenas nada más.

Las noches te acercan
y enredas el aire,
mis labios se secan
e intento besarte.
Qué fría es la cera
de un beso de nadie
y nada más, y nada más,
apenas nada más.

Si fuera poco que la obra de Aute comprenda unos 35 discos con su música, su labor como artista plástico compila más de 40 exposiciones entre las personales y las colectivas, en España, Estados Unidos, Francia, Cuba, Brasil, República Dominicana y Holanda, entre otros países.

Como realizador de cine y videos empezó también temprano con el cortometraje Senses de 1961 y luego ha realizado otros materiales cinematográficos como Días de viejo color (1967); Minutos después (1970), A flor de piel (1975), El muro de las lamentaciones (1986), La pupila del éxtasis (1989), Un perro llamado Dolor (2001) y El niño y el basilisco (2012).

Pues también Luis Eduardo ha publicado más de 10 libros entre ellos los poemarios: Poemarios La matemática del espejo (1975), Templo de carne (1986),  el disco-libro AnimaLuno (1994), el libro-vídeo AnimaLdos (1999), y Volver al agua. Poesía completa (1970-2002) por mencionar algunos.   

Quiero vivir intensamente
en los paisajes con mis gentes,
con la alegría en una mano,
con el dolor en la otra mano.

Me gusta que al caer la tarde
encuentre a alguien que me aguarde.
No quiero lujo, ni grandeza;
tan sólo espero que me quiera.

Y, si algún día la vendiera,
al mismo diablo yo lo hiciera,
prefiero el fuego del infierno
a que un mortal fuera mi dueño.

Entre su obra cinematográfica es de resaltar su película de larga duración Un perro llamado dolor, que vio la luz en 2001, fruto de una labor de cinco años pues se trata de  un proyecto de animación para el que tuvo que hacer más de cuatro mil dibujos a lápiz. El film salió en formato DVD acompañado de un disco con la banda sonora, compuesta por el propio Aute, con Silvio Rodríguez, Suso Sáiz y Moraíto Chico.

Cierto que huí de los fastos y los oropeles
y que jamás puse en venta ninguna quimera,
siempre evité ser un súbdito de los laureles
porque vivir era un vértigo y no una carrera.

Pero quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello…
dímelo…
me va la vida en ello.

De la gira Mano a Mano de Aute con Silvio Rodríguez, en 1993, quedó un disco y un video memorables.
Foto: Página web Aute
 

Dos de los momentos musicales de más resonancia en la vida de Luis Eduardo Aute en los que se asocia a otros grandes cantautores son, sin dudas, la gira Mano a Mano con Silvio Rodríguez, en 1993, de la que quedó un disco y un video memorables; hermoso gesto de hermandad de este creador pues lo recaudado por ellos se donó para la creación de los Estudios de Grabación Abdala, en Cuba.  

Otro gran suceso en lo que toca a música de Aute fue el disco ¡Mira que eres canalla Aute!, grabado en el 2000 donde interpretan sus canciones grandes de la música universal como Joan Manuel Serrat, Fito Páez, Pablo Milanés, Ana Belén, Juan Carlos Baglietto, Jorge Drexler, Eliades Ochoa y el Cuarteto Patria, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Ismael Serrano, León Gieco, Pedro Guerra, José Mercé, y Pedro Guerra, entre otros.

Cierto que no prescindí de ningún laberinto
que amenazara con un callejón sin salida
ante otro “más de lo mismo” creí en lo distinto
porque vivir era búsqueda y no una guarida.

Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio
quise quemarla deprisa jugando con fuego
y me abrasé defendiendo mi propio criterio
porque vivir era más que unas reglas en juego.

Amante sin medida, desprendido, sin pensar en ganancias materiales, crear para vivir, ser útil, darse como única vía de felicidad posible; atento a todo lo que acontece desde una idea o sentimiento que estremece su espíritu hasta el sueño de alguien que está a su lado, o el dolor del más remoto ser, testigo activo de su tiempo, traductor del alma de su pueblo, del humano.

Rezan las leyes básicas
de una curiosa ética
que el hombre es una máquina,
consumidora intrépida.
Compre electrodomésticos,
dicen los nuevos místicos,
es el gran signo de éxito
del "homo sapientísimo".

Producto, consumo,
éste es el triste tema de esta canción,
canción, canción… consumo,
éste es el triste tema de esta canción.

En esta imagen, Aute, Javier Krahe, Sabina, Juan Echanove y Manuel Piña, integrantes de la Plataforma Contra
la Guerra del Golfo, encabezan una manifestación por las calles de Madrid en febrero de 1991. Foto: Efe.
 

Alistado siempre en las grandes causas de la humanidad, defensor de la justicia para todos, ese creador pleno, y ya eterno, que es eternamente Luis Eduardo Aute, ha alzado su canto y su voz contra las guerras, contra la deshumanización capitalista. La belleza es el grito de quien se aferra al sueño, a la ilusión pese a todo, el quijote que no se deja vencer en momentos como la caída del campo socialista entrando a los 90. La caída del Muro de Berlín con el concierto de Pink Floyd desató la euforia por echar abajo con aquellos bloques el socialismo real, un hermoso ideal desvirtuado hasta su antítesis. El capitalismo, el imperio declaraban su fiesta universal, decretando el fin de los sueños. Los comunistas apócrifos se quitaban la máscara, hacían su mea culpa, y se aliaban a los explotadores de siempre. Ante ese panorama de decepción, Luis Eduardo Aute lanza al mundo su canto a la belleza.

La belleza
Autor: Luis Eduardo Aute

Enemigo de la guerra
y su reverso, la medalla,
no propuse otra batalla
que librar al corazón
de ponerse cuerpo a tierra
bajo el paso de una historia
que iba a alzar hasta la gloria
el poder de la razón,
y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo más alto
pondrá a salvo su cabeza
aunque se hunda en el asfalto
la belleza…

Míralos, como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los raíles
que conduzcan a la cumbre,
locos porque nos deslumbre
su parásita ambición.
Antes iban de profetas
y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes,
más que náusea dan tristeza,
no rozaron ni un instante
la belleza…

Y me hablaron de futuros
fraternales, solidarios,
donde todo lo falsario
acabaría en el pilón.
Y ahora que se cae el muro
ya no somos tan iguales,
tanto vendes, tanto vales,
¡Viva la revolución!
Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…

“Luis Eduardo Aute: Me quemo sin ti”. Foto: Internet