El son se escuchará muy bien en este fin de mes con la Fiesta del son Miguelito Cuní in memoriam, entre el 28 de febrero y el jueves 2 de marzo, en la Casa de La Música de La Timba, en 31 y 2, El Vedado.

“Migelito Cuní es catalogado como una de las grandes voces del son negro”.

Un verdadero homenaje sonero lo ofrecerán Chapottín y sus Estrellas, el Quinteto Típico Oriental, el Septeto Santiaguero, el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, Estrellas de Chocolate, Pinar-son y Bamboleo. Diariamente se presentarán dos agrupaciones, desde las 6 de la tarde y con entrada gratis.

El día 28 se inician las actividades con la colocación de una ofrenda floral en la tumba de Miguelito Cuní, en el cementerio Colón.

Están programadas la participación de las compañías de baile Santiago Alfonso, JJ y la Rueda de Casino “Al paso”, del proyecto “Casineando en la Playa” de Teresita Segarra.

También habrá una exposición de instrumentos musicales, un coloquio sobre Cuní, Ignacio Piñeiro y el son cubano. Los especialistas son Pepe Reyes, Oscar y Rafael Lam.

Miguelito Cuní en persona

Miguelito Cuní —solía firmarse Miguel Arcángel Cuní—, nació en el Barrio Ajiconal, Pinar del Río, el 8 de mayo de 1917, y falleció en La Habana, el 3 de marzo de 1984. Helio Orovio lo cataloga como una de las grandes voces del son negro, en los conjuntos de Arsenio Rodríguez, Conjunto Modelo, Chapottín y sus Estrellas.

Miguelito conoció la vida bohemia, a los grandes de la trova: Sindo Garay, Manuel Corona, Alberto Villalón. En esa primera etapa el cantor de Pinar del Río contaba con una voz gruesa, fuerte, adecuada para los tonos altos, la improvisación sonera, para que se luzca el montuno. Esa voz se fue afinando con los años.

“Miguelito conoció la vida bohemia, a los grandes de la trova: Sindo Garay, Manuel Corona, Alberto Villalón”.

Se estrena como profesional a los trece años, junto a unos parientes, con el conjunto de aficionados Los Hermanos Cuní; tocaban en fiestecitas donde no pagaban nada. Después logra entrar en el Sexteto Caridad, dirigido por El Niño Rivera. Le siguieron la orquesta de Fernando Sánchez, Jacobo Rubalcaba, la orquesta Yamilé.

En la orquesta de Arcaño y sus Maravillas lo probaron y gustó muchísimo. Antonio Arcaño dijo de Miguelito:

Buen cantante, muy seguro, con tremenda afinación. Daba un do agudísimo, con pureza y una limpieza admirable. Fue un cantante que gustó mucho entre los bailadores, tenía una voz fuerte de sonero grande, muy inteligente, con exquisita pronunciación y una tesitura de extensión, poco común en un cantante de su género.

“Buen cantante, muy seguro, con tremenda afinación”, dijo de Cuní Antonio Arcaño.

En los primeros pasos de Miguelito en La Habana se fascinó con los grandes de la música cubana:

Conocí muy buenos soneros y buenas voces: Pablo Quevedo, Fernando Collazo, Cheo Marquetti, Arsenio Rodríguez, Abelardo Barroso. Ellos sentaron cátedra en el ritmo. A Barroso le decíamos el decano. Todo lo que hizo Benny Moré —como ese no hay otro—, lo que hago yo, se deriva de Abelardo Barroso.

Según datos de Cristóbal Díaz Ayala, tomados de David F. García, en 1940 el conjunto de Arsenio Rodríguez acostumbraba usar dos primeras voces (Pedro Luis Sarracent y Miguelito Cuní) mientras que Marcelino Guerra, ponía la segunda voz y la guitarra. Con ello obtenía un sonido vocal único de su conjunto. Miguelito hizo presentaciones en el cabaret Eden Concert y en el Sans Soucí con el conjunto de Arsenio.

Miguelito viaja en 1947 a los carnavales de Panamá, se mantiene un tiempo con el conjunto Los Astros de René Álvarez. En 1956 es invitado a Caracas con la orquesta de Benny Moré, una experiencia inolvidable. “Al Benny lo consideré siempre como el más grande cantante de Cuba”.

“Buen cantante, muy seguro, con tremenda afinación”.

A su regreso graba un disco con el conjunto Modelo y cuando Arsenio pasa a residir a Nueva York, Miguelito empieza a trabajar con Chapottín y sus Estrellas, haciendo un binomio para la historia.

Con el cambio social de 1959, Miguelito junto al conjunto de Chapottín viajó mucho por el Caribe, por Aruba, Curazao, Antillas Holandesas. “En Aruba y Curazao grabé con dos conjuntos, allá la música cubana es un fenómeno”, recordaba.

En 1960, en Nueva York, se encuentra con su gran maestro de siempre, Arsenio Rodríguez, trabajan en el Palladium, meca de la música bailable latina. Recibe proposiciones para trabajar un tiempo en la Babel de Hierro. “El encuentro fue para la historia, los amantes de la música cubana estaban asombrados”.

En 1966, sale el disco de la Egrem La guarapachanga. En la década posterior, la Unión Soviética recibe en 1978 a Cuní con la Orquesta Cubana de Música Moderna. A su vez, aparece un disco que recoge sus grabaciones con René Álvarez y otras figuras. En 1979 graba un LP titulado De nuevo Arcaño,editado en 1981, donde Arcaño dirige una orquesta organizada por la Egrem.

Un gran homenaje le ofrecen en 1980 en el Festival Nacional del Son en Guantánamo. Conoce personalmente a Pablo Milanés con el que hace dúo en la grabación de “Convergencia”,gran hit de B. J. Gutiérrez y Marcelino Guerra.

Otro disco antológico para los tiempos es Descarga Cubana, junto a Ricardo Rivera “Ricardito”, Caridad Cuervo, Sara González y José Antonio Rodríguez (Maceo). En 1981, viaja a Venezuela con las Estrellas de Areíto,con los que graba una serie de discos antológicos. Allí visita la residencia de Oscar D´León, según me cuenta Fabián García Caturla.

En 1982 visita México, su última salida al exterior. Se presenta, por última vez ante el público, en el Festival de la Canción Popular Varadero 82. Después sufre una trombosis y fallece el 3 de marzo de 1984. Algunas semanas antes, el 21 de diciembre de 1983, había fallecido Félix Chapottín, su compañero de armas.

El pianista de Arsenio, Lilí Martínez cataloga a Cuní de esta manera:

Era un cantante muy inteligente, en su cuadratura exacta; rápido para aprenderse los trucos de la canción y los ritmos cubanos. Lograba tonos altos que exigían los buenos conjuntos soneros. Pero también interpretaba un bolero con mucho filin o un guaguancó callejero con un sentido del ritmo tremendo.

“Era un cantante muy inteligente, en su cuadratura exacta”, dijo de Cuní el pianista de Arsenio, Lilí Martínez.

“Un buen sonero —expone Cuní— debe saber cantar bolero, desenvolverse en la guaracha, la rumba y el guaguancó. Acomodar la voz a cada ritmo, y darle el timbre que lleva. Sobre todas las cosas, saber improvisar. Eso es muy importante. En el son mis maestros fueron: Arsenio, el Niño Rivera y Chapottín”.

El son verdadero son muy pocos los que lo tocan. El son rápido no existe, entonces sería una guaracha como El carbonero. El son es más suave, más cadencioso, como lo tocan el Septeto Nacional, El Típico Habanero, Chapottín. El son comenzó con cuatro líneas nada más, una cuarteta, como decía Matamoros: Allá por el año trece/ se bailó mejor el son/ era suave y sabrosón…/ Eso es muy importante. En el son mis mejores maestros fueron: Arsenio, el Niño Rivera y Chapottín” (Miguelito Cuní).

“Un buen sonero debe saber cantar bolero, desenvolverse en la guaracha, la rumba y el guaguancó. Acomodar la voz a cada ritmo, y darle el timbre que lleva. Sobre todas las cosas, saber improvisar”, afirmaba Cuní.

“Cuní era un estudioso del son y la música cubana en general” (Enrique Jorrín).

“Se movía a sus anchas en el son, aprecia una voz de escuela, en el bolero lograba un tono cálido” (Helio Orovio).

“Era un caballero, muy cuidadoso en todo. Su voz era dura, pero suave en determinados momentos para adentrarse en la sensibilidad del oyente. Cuní me llama sonero aventajado y graba conmigo ‘Convergencia’” (Pablo Milanés, entrevista de Olga Fernández).


Fuentes:

Erena Hernández, La música en persona:Editora Letras Cubanas, La Habana, 1986, p. 166.

Leonardo Depestre Catony, Homenaje a la música popular cubana,Editora Oriente, Santiago de Cuba, 1989, p.74.

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