Natalia Bolívar: “no me arrepiento de nada”

Elaine Caballero Sabugueiro
23/9/2019

Si la escritora, etnóloga y pintora Natalia Bolívar Aróstegui volviera a nacer, repetiría su vida tal y como ha sido. Se lanzaría de nuevo a la lucha contra Fulgencio Batista, escribiría con la misma fe Los Orishas en Cuba y profesaría la religión (yoruba) que siempre la acompaña donde quiera que va.

Ante un público abarrotado de personas, la intelectual cubana habló este 20 de septiembre en el espacio literario Elogio Oportuno, conducido por el periodista Fernando Rodríguez Sosa, que esta vez se trasladó de su sede original hacia la planta baja del Instituto Cubano del Libro.

Natalia Bolívar junto al anfitrión Fernando Rodríguez Sosa, conductor del espacio literario Elogio Oportuno.
Fotos: De la autora

“Con mi nana (Isabel Cantero) fui a las primeras misas”, confiesa la fundadora del Museo Napoleónico en La Habana. “Pídele permiso a las flores, a las plantas; ella me enseñó a amar la tierra y fue el alma de todos nosotros”, recuerda con simples y estremecedoras palabras, a las que agrega: “soy una mujer que escucha mucho, de todo eso me nutro”.

Sus padres, a temprana edad, la enviaron a una escuela de monjas, lo cual le trajo contradicciones internas al comenzar a cuestionarse el por qué debía confesarse, ir a misa y “aprenderse la biblia casi de memoria”. Así se formó una mente inquieta, de las que siempre anda en busca de los conocimientos y que no se deja llevar por la primera información que le pongan delante.

La autora del texto La Sabiduría de los Oráculos, Ifá, los Caracoles y el Coco admite gustarle las películas de acción y llenas de adrenalina. Por eso, no es de asombrarse su intenso accionar durante la lucha antibatistiana. “Llevaba varias casas clandestinas”, asevera. Tuvo varios sobrenombres, entre los más populares estaba el de Rosa, la brujera.

Como si fuera ayer, recuerda ante el público presente, el día en que un santero de Matanzas le avizora que será torturada y encarcelada. Su compañera de causa Lydia Cabrera presenció el momento, en que el religioso le dio un collar de Oggún como resguardo. Y los sucesos ocurrieron como había predicho el hombre. En prisión, Natalia es torturada de forma severa. Su voz se entrecorta cuando trae al presente aquellos momentos angustiosos. Sucede que el mismo hombre que la golpeó ve el collar (de Oggún) colgado de su pecho y se detiene de una vez y por todas, “no me la vuelvan a tocar”, dice.

“Sentí miedo, soy un ser humano, pero eso no me detuvo”, reconoce. Con respecto a su libro Los Orishas en Cuba manifiesta que “fue un boom muy especial”. Incluso un día estuvo hasta bien tarde (entre las 6:00 p.m. y las 7:00 p.m.) firmando libros.

Al finalizar el encuentro el público pudo adquirir el texto La Sabiduría de los Oráculos, Ifá, los Caracoles y el Coco.

En estos momentos se encuentra inmersa en su autobiografía, la que comenzó en los años 2000. Serán testimonios fidedignos porque “son la verdad de mi vida”. Sus grandes editoras, “sin contar a Reynaldo González que es mi rey”, son sus hijas (Natacha y Buby).

Si la vida le hubiera dado voz en vez de talento para escribir e investigar, le gustaría haber sido cantante de boleros, aunque alguna que otra vez, la música se apodera de sus sentimientos y se deja llevar.

“Lo único que me importa es que el pueblo cubano me quiera, se los digo honestamente”, expresa, con la seguridad de haber legado en forma de libro saberes imprescindibles para explicar Cuba a través de la religión afrocubana.

¿Y quién es Natalia Bolívar Aróstegui?, la interroga por última vez Rodríguez Sosa. “Soy cubana, más nada”. Así de simples resultaron las palabras de la artista, que no se detiene a sus 85 años de edad. La vida es canción y empeño, nos recuerda de una forma u otra la especialista en religión afrocubana, quien nos acerca, a través de sus libros, al realismo mágico del que hablaba Alejo Carpentier.