Es casi un ritual que un homenajeado tome la palabra tras recoger algún galardón, pero en el maestro José Luis Cortés el pasado sábado, en la ceremonia del Museo de Bellas Artes, donde recibió el Premio Nacional de Música 2017, era notable la necesidad de decir lo que ha venido cantando en temas de NG La Banda. Expresó su mensaje y transmitió lo mismo a los medios. Sin dudas, como un conocedor actualizado sobre la polémica en torno a la música urbana, llamó a la reflexión acerca de su rol en la comprensión, difusión y desarrollo de la música cubana.

“Hay que seguir alimentando esta música para que no se desvanezca… Estamos viviendo otra etapa. Hubiese querido que la Aragón ganara también una alfombra roja… Lo que nos queda a nosotros es que no muera la música cubana”, dijo “El Tosco” antes de dar otra muestra de su magistral dominio de la flauta, junto a otro gigante del instrumento, Orlando Valle “Maraca”. Ambos fueron acompañados por jóvenes intérpretes y músicos que formaron parte de la nueva generación impulsora de la timba, como el pianista Rodolfo Argudín “Peruchín”, el percusionista Giraldo Piloto y el saxofonista y clarinetista, Germán Velazco. El líder de la orquesta “que manda” en el patio, resaltó la dificultad de la creación popular contemporánea para llegar a diferentes lugares en décadas anteriores y de cómo hubo que esperar a que músicos como Rubén Blades accionaran de manera tal, que ayudaran a visibilizar este género.

José Luis Cortés
Homenaje a José Luis Cortés, “El Tosco”, en Bellas Artes. Fotos: Dunia Alvarez Palacios
 

Dialogando, pero yendo más allá de las controversias mediáticas de hoy, en las que han estado representadas tanto instituciones culturales como opiniones más personalizadas, el mensaje de José Luis Cortés a la prensa, a mi modo de ver, teniendo en cuenta su trayectoria y momentos en que también algunas de sus canciones y del movimiento de la timba fueron incomprendidas, quiso dar entrada a un análisis más profundo sobre la identidad, el lenguaje y la industria de la música cubana.

Sobre el primer elemento podríamos buscar en su quehacer y en la de otros contemporáneos, cómo se integraron el jazz y el rock, a la salsa, al mismo tiempo que lo hacían expresiones más tradicionales de la cultura popular cubana, entre estas, los ritmos afrocubanos. En un intento de rescate del proceso formativo de la timba —y de NG La Banda— y como parte de este, la contextualización aquí de otras sonoridades, la musicóloga Rosa Marquetti mencionó las producciones ochenteras Siglo I a.n.e, Siglo II a.n.e, Abriendo el ciclo, y A través del ciclo, en las que  se aludía a una nueva dimensión musical, con “combinaciones armónicas muy actuales y figuraciones rítmicas difíciles en su ejecución”, como las salidas de “los metales del terror”.

En discos posteriores estas características reaparecen. La orquestación vuelve a ser protagonista; las frases habladas o cantadas y los momentos que van teniendo los instrumentos, “tocados uno sobre el otro”, también la estimulan.  Ello ha evidenciado que la renovación que dio paso a NG la Banda se asentaba, como ha dicho “El Tosco”, en dos vertientes: “una bailable y otra más profunda” [1].

Con seguridad, a esas aportaciones que han trascendido los acotes de la difusión nacional, se refirió la maestra Digna Guerra en Bellas Artes quien, en representación del jurado, le otorgó a Cortés, compositor, arreglista y profesor, el premio como: “premisa de una obra dedicada a la música cubana”.

 Junto a otro destacado flautista, Orlando Valle "Maraca"
 

Asimismo, se ha destacado que ese alto vuelo armónico y rítmico de la orquesta, condición también para este reconocimiento, no ha tenido artificios, ni siquiera la estética que algunos han considerado exótica. NG La Banda lidió desde temprano con la amplitud de lo popular, siendo coherente con muchos de los códigos sonoros, prácticas y lenguaje de barrios de Cuba — de donde igualmente proceden varios de sus músicos —, elementos que han sido integrados al espectáculo de la agrupación. Según expresa su director en su tema “Crónica social”, escrita como “defensa feroz” a la música cubana: puedo cantarle a mi gente/ lo que ellos me dan/ Y yo se los devuelvo... hecho música/yo no inventé el idioma/ Yo no soy chabacano, / ¿Saben qué? … lo que soy es ¡tremendo cubano! [2].

Una relación estrecha entre su representación y asunción de la identidad cubana y el lenguaje musical se pone de manifiesto. En la entrevista citada antes, señala el maestro: “la música popular vive de lo cotidiano… Está hecha desde el punto de vista popular, pero con un nivel de profundidad” [3]. Esto, que tiene una lectura musical, también se ejemplifica desde el punto de vista del lenguaje, como cuando él refiere la inclusión de frases populares en las composiciones de la banda. Aquella escuchada a los babalawos: “Quien come cangrejo camina pa’ atrás” ("Cangrejo"), es una de las que subraya en el texto mencionado, aunque quien ha escuchado a NG La Banda puede tener su propia lista.

El legado de la agrupación se ha venido sosteniendo sobre una cultura popular real, no una imaginada. Apuntaba un estudioso que en estos tiempos lo popular se ha reconfigurado de manera tal que ya no es ni lo folclórico ni lo que produce el consumo masivo de la televisión, el cine, el mercado, sino la experiencia diaria de vivir entre esos cruces en un barrio, en un país determinado, con toda la carga cultural y social de ese sitio.

En algunas coyunturas, la incomprensión de esos aspectos, de las maneras en que interactúan los músicos con su entorno ha imposibilitado un mayor desarrollo de sus creaciones. Como en el caso de la agrupación de “El Tosco”, una de las orquestas más distinguidas de la Isla, varios de sus temas se han movido, o mejor, han sido movidos por su público a través de otros canales durante esos momentos.

Pero, como ayudó a pensar el músico en la gala, estos son otros tiempos en que la música cubana puede construir un camino propio de desarrollo. Ello, lógicamente, coincide con quienes lo han planteado, traería consigo el levantamiento de puentes hacia la industria internacional, lo cual, sigue siendo “controversial para algunos”. Como ya han sentenciado investigadores de esta materia, “el apoyo a la industria de la música en Cuba requiere sobre todo de voluntad, decisiones” [4].

Y hacia allí es, me parece, adonde José Luis Cortés quiere llegar con su mensaje a los medios. Porque si bien les toca a los músicos continuar la creación sonora, en aquellos está la posibilidad de contribuir a que se entienda la dimensión cultural del amplio espectro musical de hoy. Esto, unido a la promoción, ayudaría a “abrir los caminos” para que se visibilice tal riqueza. Creo que es la parte que “El Tosco”, después de una larga trayectoria devolviendo al público su originalidad, deposita en la prensa, para que no se desvanezca, para que no muera, en ese ámbito, la música cubana.

 

Notas:
 
[1] Nelson M. Rossell: “El tosco, la timba y la banda. Entrevista a José Luis Cortes”. En Arte y Literatura.
[2] NG La Banda: “Crónica social”.
[3] Nelson M. Rossell: “El tosco, la timba y la banda. Entrevista a José Luis Cortes”. En Arte y Literatura. Consultado en: Internet
[4] Lázaro J. Blanco Encinosa: “La industria de la música: muchos caminos conducen a Roma”. Temas, no.69, enero-marzo del 2012.