“Hablar de la musical y no hablar de bolero, es como hablar de nada”.
(Premio Nobel Gabriel García Márquez).

El bolero es el rey de la canción en toda América Latina, por encima de las geografías, tuvo un pasaporte seguro en todo el siglo XX. No se puede hacer la historia de la música y la canción sin hablar del bolero, de sus aportes a la sociedad, a la cultura popular de los pueblos. A través de canciones nos comunicamos por años. Sin el bolero hubiéramos sido más pobres espiritualmente.


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Haciendo un recuento de los boleristas, empezamos por los trovadores santiagueros: Singo Garay, Rosendo Ruiz, Patricio Ballagas, Alberto Villalón, Manuel Corona Miguel Matamoros. En esa etapa aparece el bolero-son. Esa modalidad no la inventó Miguel Matamoros, según la musicóloga María Teresa Linares, ya existía antes que Matamoros, el bolero y el son estaban en la misma calle.

Década de 1920, muchos compositores y músicos, en el afán de mejorar los textos comenzaron a musicalizar versos de poetas alcanzando las obras un nivel en la lírica. Ello conspiraba con el cinquillo sacrosanto en la línea melódica. Uno de esos ejemplos es el bolero En el sendero de mi vida, conocido como Ella y yo, de Oscar Hernández, con versos de Urrico Ablanedo (1916). Cinco años después Eusebio Delfín con su obra ¿Y tú qué has hecho? (rebautizada como En el tronco de un árbol). Seguimos con Rosendo Ruiz Suarez Pobre corazón. Otro ejemplo Miguel Matamoros Olvido, primer bolero comercializado. Y finalmente la obra cumbre de Nilo Menéndez con letra de Adolfo Utrera Aquellos ojos verdes (1929) que lo cambio todo en el bolero moderno. Esta década de 1920 tiene la influencia de la zarzuela y el sainete cubano (Ernesto Lecuona, Jorge Anckermann, Gonzalo Roig), Eliseo Grenet, Rodrigo Prats, Moisés Simons, José M. Mauri, E. Sánchez de Fuentes.

En la década de 1930, se destacan los boleros de Panchito Carbó, Guyún, Julio Brito (Mira que eres linda, El amor de mi bohío, Flor de ausencia), Jorge G. Allué, Ernesto Lecuona (Siboney, Como arrullo de palma, Noche azul, Siempre en mi corazón), Armando Valdespí. Otros compositores que pertenecen a esta década: Panchito Carbó, Joaquín Codina, Salazar Ramírez, Tomasito Villoch, Servando Díaz, Vicente González- Rubiera “Guyún”, Armando Valdespí, Arturo R. Ojea, Armando Beltrán, Félix B. Caignet, Electo Rosell. La década de 1930 de crisis económica provoca la entrada de orquestas femeninas, aparecen compositoras femeninas: Lili Batet, Cristina Saladrigas, Cora Sánchez, Graciela Párraga, Carmelina Delfín, Sarita Jústiz, Margarita Lecuona

Relucen los cantantes Pablo Quevedo (primer divo del bolero) y otro no menos famoso de multitudes Fernando Collazo.

En la década de 1940 despegan los boleristas intérpretes de piano, enlace entre la trova inicial y el movimiento Feeling: Orlando de la Rosa (Viaje luna, Nuestras vidas, No vale la pena), René Touzet (La noche de anoche, Conversación en tiempo de bolero), Bobby Collazo (Vivir de los recuerdos, La última noche, ¿Qué te has creído?, Tenía que ser así), Candito Ruiz (Vete), Julio Gutiérrez (Inolvidable, Llanto de luna), Ignacio Villa (Si me pudieras querer), Isolina Carrillo (Dos gardenias), Facundo Rivero (No me quieras así), Mario F. Porta (Mentiras tuyas), Pedro junco (Nosotros), Pepé (acento en la é) Delgado (Cosas del alma), Juan B. Tarraza (Alma libre), Fernando Mulens (¿Qué te pedí?, Espérame en el cielo, Aquí de pie, letra de Olga Navarro), Humberto Suárez (Con mi corazón te espero), Adolfo Guzmán (No puedo ser feliz, Profecía, Al fin amor, libre de pecado). Mención especial para Osvaldo Farrés, compositor empírico, pero quien deja una obra de enorme aceptación internacional (Tres palabras, Quizás, quizás, quizás. No me vayas a engañar, Acércate más).

Esta pléyade de pianistas ―verdadera escuela de cantantes―dejan una obra antológica, apoyada por excelentes arreglos que ayudaron en el repertorio de los cantantes, en los clubs, cabarets, teatros, películas.

En esa misma década, después de 1946 surge el Movimiento Feeling, algunos se acompañaron con guitarra: César Portillo (Delirio, Contigo en la distancia), José A. Méndez (Si me comprendieras, Novia mía, La gloria eres tú), Angelito Díaz (Rosa mustia). Cantantes como Elena, Omara y muchos compositores que siguieron después: Frank Domínguez (Tú me acostumbraste, Imagen, Pedacito de cielo, Como te atreves), Marta Valdés (En la imaginación, Palabras, Tu no sospechas, No te empeñes, Deja que siga sola), Ernesto Duarte (Como fue, Bájate de esa nube), Jorge Mazón (Rosa azul), Juan Pablo Miranda (Mil congojas), Armando Peñalver (Si me dices que sí), Humberto Jauma (Solo por rencor), Piloto y Vera (Añorado encuentro), Rosendo Ruiz (Hasta mañana vida mía), Yáñez y Gómez (Oh vida, Me miras tiernamente), Tania Castellanos (En nosotros, Recordaré tu boca, Canción a mi Habana), Pedro Vega (Hoy como ayer, Herido de sombra, Eligio Valera (Reverso). Este movimiento cambió el curso del bolero, lo adorna con armonías más novedosas, acordes atrevidos proveniente de la escuela del impresionismo de Debussy por la vía del jazz. Luis Marquetti (Plazos traicioneros, Amor quémalo eres, Allí donde tú sabes, Me robaste la vida, Desastre, Llevarás la marca), Ricardo García Perdomo (Total, Todo se paga, ¿Qué te cuesta?), Grecia Domech (No serás de mí), Rey Díaz Calvet (Te falta corazón), Félix Reina (Si te contara), José Dolores Quiñonez (Vendaval sin rumbo, No te burles, Los aretes de la luna, Un lirio en un lago, Levántate), Rolando Raví (Cada noche que pasa, Humo y espuma), Virgilio González (Le dije a una rosa), Lilí Martínez (Esto si se llama querer), Ricardo Pérez (Tú me sabes comprender), Juanito Márquez (Alma con alma, Como un milagro).

Esta etapa es una suprema antología digna de tenerla y conservarla para la historia, es parte de una era musical que volverá a renacer cuando las nuevas generaciones (como siempre sucede) vayan a la fuente de los clásicos, de los compositores de fundación. De vez en cuando, recordemos lo que hizo Descemer Bueno con el disco para Fernando Álvarez, bolerista estrella de la década de 1950, X Alfonso con Benny Moré y una larga lista que lleva capítulo aparte. Todos vuelven a la fuente.

La década de 1950 recibe el desarrollo de los medios de difusión: discos, tocadiscos, victrolas, radio, televisión, cine. Esta larga lista de boleristas que adornaron el siglo XX, apoyada magníficamente por cantantes que hicieron época, verdaderos ídolos de la canción romántica continental.