Cuando el espantoso estruendo de la balacera desatada en el concierto de Las Vegas aún resuena en los oídos de los sobrevivientes  —medio millar de ellos heridos por los proyectiles—, y los familiares no se reponen todavía de la sorpresa y el dolor de enterrar a las más de cincuenta personas asesinadas en apenas diez minutos, Donald Trump, no ha encontrado un consuelo mejor para las víctimas que firmar una Ley que permitiría a los enfermos mentales comprar armas de fuego.

 
Donald Trump firma una Ley que permitiría a los enfermos mentales comprar armas de fuego
Foto: El Mundo
 

Como si Trump no comprendiera la naturaleza macabra de los tiroteos que se repiten una y otra vez en los Estados Unidos, como si fuera muy complicado darse cuenta de que tras cada una de esas matanzas hay un enfermo mental con un arma en las manos. El presidente que perdió el voto popular, pero ganó el trono imperial, de un plumazo ha dispuesto que tener un historial de dolencias siquiátricas no debe ser obstáculo para  comprar un rifle de asalto.

Son más de 75 000 las personas reportadas por la Seguridad Social como pacientes que reciben ayudas por afecciones mentales. Con el visto bueno de Trump, cada uno de ellos podrá libremente tener acceso a un arma con la cual atentar contra su vida o contra la de los demás. Pero esa no es la cuenta de Trump: en su mira son la generosa cifra de otros 75 000 potenciales clientes más para el mercado de la muerte.

Apenas unos días después de la payasada televisiva en que se le vio lanzar rollos de papel higiénico a los puertorriqueños, victimas del peor huracán que asolara la isla y en la práctica permanecen poco menos que abandonados a su suerte, no sería de extrañar que en su próxima aparición pública el señor presidente decida lanzar chalecos antibalas.

Sin dudas, hasta el sol de hoy, gobernando un país con enormes problemas por adelante y necesitado de soluciones ingeniosas, Donald Trump todavía no ha podido demostrar que él sea un hombre con capacidad de pensar fuera de la caja. Lo único que se hace evidente, cada vez más, es que le resulta muy fácil defecarse por fuera del tibor.