Cuando los espectadores asisten a una función de ballet en la actualidad, principalmente del Ballet Nacional, gran parte del público está familiarizado con el 60% de la puesta que va a ver, excepto si se trata de un estreno. Un número considerable ya conoce al dedillo la historia o al menos el argumento del ballet, los actos en que se divide, el vestuario y maquillaje, la escenografía, el diseño de luces y, por supuesto, a los bailarines. Los han visto seguramente docena de veces en los mismos o diferentes personajes, los han seguido a lo largo de su carrera hasta donde han llegado. Aun así continúan llenando la platea y balcones para admirar y ovacionar a sus predilectos. Empero, me pregunto si los espectadores acuden al ballet para algo más que deleitarse con el virtuosismo y la técnica de los bailarines clásicos ¿Existe un motivo que trascienda el goce estético como razón motriz, que algunas veces ni siquiera se trata ello, sino de puro snobismo?


Fotos: Kike
 

La danza contemporánea, por otra parte, continúa intentando atraer al público para algo más que el mero placer, lo cual es absolutamente legítimo si acaso fuera la única razón. Sin dejar a un lado su valor estético porque es consustancial al arte, la danza persigue otra finalidad, que logra con mayor o menor éxito. El quid del asunto no es, en cualquier caso, para qué las personas van a una función de danza o ballet, la cuestión radica en cómo es que todavía siguen yendo cuando otras necesidades cotidianas más acuciantes reclaman nuestro tiempo y energías.

El cine ha perdido público sustancialmente. La cantidad de lectores ha mermado para la literatura y consecuentemente la venta de libros, por más optimistas que pretendan ser las estadísticas. La tecnología y sus artefactos les han ganado un terreno que antaño monopolizaron. No obstante, la danza sostiene un grupo de adeptos que si bien ha disminuido, los que están o los que son, se han mantenido fieles a ella, y sucede de modo similar con el ballet.

Nos guste o no lo que grupos danzarios y coreógrafos propongan, la danza nos impele a no ignorarla. Para bien o para mal vamos al teatro con la certeza de que si nos tomamos el tiempo en llegar hasta allí, sorteando toda clase de obstáculos, y anteponemos una función de danza a otras labores, es porque creemos todavía en ella. Si la vocación es indispensable en el arte, indiscutible es la fe que tiene el público en sus artistas para no abandonarlos o dejar de comprar una entrada. Ya sea que nos incomode, moleste, perturbe, alegre, emocione o entristezca, la creación coreográfica se lanza, a veces desde el riesgo y otras desde el confort, a mover nuestras fibras, nuestras sensibilidades. Prefiero un montaje que siembre mil interrogantes o remueva los sentimientos a ras de poros, a uno que me deje impasible al cerrarse la cortina.

Open night

El debut con una pieza de gran formato marcó el retorno del bailarín y coreógrafo cubano Miguel Altunaga a la Isla con su querida compañía Danza Contemporánea de Cuba (DCC). El estreno mundial de Más allá del polvo en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, los días 9, 10 y 11 de febrero, fue la culminación de exhaustas y prolongadas jornadas de trabajo en los salones de DCC, interrumpidas por el receso de fin de año y los compromisos de Altunaga en el Reino Unido, país donde reside hoy día.


 

Altunaga es miembro desde hace un decenio del Rambert Dance Company, compañía fundada en 1926 por Marie Rambert. En sus inicios en la agrupación predominaba la formación clásica y luego asumió otras técnicas y estilos modernos, hasta convertirse en una de las más importantes compañías contemporáneas de ese país.

De ese aprendizaje no solo técnico, teatral, escénico, sino también y en gran medida cultural y social, el coreógrafo cubano se ha nutrido a lo largo de una década, y transcurrido ese tiempo nos ha devuelto ese acervo en el lenguaje que mejor conoce: la danza.

Cualquier migrante en este planeta podría identificarse con Miguel Altunaga, y todavía más si se trata de un cubano. Las continuas batallas personales y profesionales que ha debido librar, son más comunes y cotidianas de lo que cualquiera sospecharía, sin importar en qué latitud geográfica se halle. Hoy vive en Londres, pero podría encontrarse en México D. F. o en cualquier otra ciudad, lidiando como un emigrante más con los problemas y preocupaciones de quien se sabe extranjero y con ese sello en su estatus migratorio tiene que aprender a vivir. Su talento, disciplina, la capacidad de resistir ha forjado su carrera artística y con creces, al punto de ser el bailarín cubano en activo más reconocido actualmente a nivel global.

Desde que el espectador se detiene en las fotos plasmadas en el programa de mano, se intuye que Más allá del polvo es una pieza donde las emociones estarán gravitando todo el tiempo. La añoranza y la sobrevivencia son dos de las múltiples caras de aquellos que su cuerpo y alma viven en usos y horarios diferentes antes de poder conciliarse mutuamente. Altunaga expresa ese cúmulo de sentimientos a través de su visión particulary experiencias vitales.

Aunque me pareció un poco larga y algunos momentos restan, en mi memoria permanecen instantes imposibles de pasar por alto. El solo, dúo y trío femeninos son para subrayar, principalmente el solo interpretado por Penélope Morejón al principio. Es de una belleza conmovedora con Siboney, de Lecuona, en la partitura musical de fondo. Penélope cerró como mismo inició: con broche de oro. Si se desconocía su talento dramático, tuvo aquí la oportunidad de mostrarlo en un final sobrecogedor.

Por otro lado, Mario Varela no dudó en desplegar su histrionismo natural cuando le asignaron el rol para actuar. Se nota que el actual bailarín —graduado de actuación— hace muy buen uso de sus recursos expresivos.

Las funciones de ese fin de semana presentaron además Equilux, estrenada el pasado noviembre en el Teatro Mella de la capital. Ambas obras transpiran el acervo de la escena británica, puesto que la segundafue montada por la escocesa Fleur Darkin, directora artística del Scottish Dance Theatre como resultado de la segunda edición del proyecto Islas Creativas, entre el British Council y la compañía cubana.

DCC acostumbra en sus programas a seleccionar obras contrastantes con expresa intención. Habitualmente el público disfruta de creaciones coreográficas con estilos, poéticas y visiones muy diferentes y hasta opuestas entre sí, y ello lo otorga un valor añadido al espectáculo. Este programa en específico no fue de esos altamente contrastantes, sin embargo colocó durante tres noches seguidas a dos creadores que sin proponérselo dialogaron entre ellos desde la esencia de sus montajes.


 

Cada uno por separado colocó a los bailarines en la justa medida de lo que el montaje exigía. Equiluxes una obra de interiorización danzaria y Más allá del polvo no se queda atrás en este sentido.Sus coreógrafos depositaron mucho de ellos mismos y de sus propias vidas en sus respectivos montajes, sin enajenarse del mundo, ni de lo que a su alrededor acontece. Sus vivencias son compartidas también por los bailarines. Ambas conectan con el público por la sinceridad que transmiten, quizá porque ambas son, más allá del virtuosismo y la calidad de movimiento que demandan, esencialmente humanas.

A pocos kilómetros

Al unísono, Acosta Danza se presentaba en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional. En una ciudad donde varios fines de semana transcurren sin propuestas llamativas y no pasa prácticamente nada, excepto el tiempo, dos compañías de las mejores coinciden en iguales fecha y horas, con estrenos incluidos.

Mitos se tituló la sexta temporada de la compañía liderada por el reconocido bailarín Carlos Acosta. En esta ocasión el grupo, que arriba a su tercer año de presentaciones en Cuba, estrenó cuatro piezas en el país: Mermaid, de Sidi Larbi Cherkaoui; El salto de Nijinski e Impronta, de la catalana María Rovira y Rooster, del británico Chritopher Bruce; completó el programa la reposición de Imponderable, del español Goyo Montero.

Mermaid (Sirena) explota al máximo el virtuosismo y las condiciones físicas de Marta Ortega. La sirena como ninfa cautivadora y a la vez limitada por su físico en el mundo de los mortales entabla una relación de apoyo y protección con un ser humano en el intento de algo inalcanzable. Acosta es un partenaire todo el tiempo atento y detallista, que no ha perdido un ápice de su pasión interpretativa y acopla con Ortega en un dúo explosivo e igualmente lírico.

Inicialmente esta obra debía estrenarse el pasado septiembre, pero se hubo de posponer debido al paso del devastador huracán Irma. Su estreno mundial se produjo en la última gira de Acosta Danza por Europa y este mes llega a la escena nacional.

Rooster (Gallo) tiene a los Rolling Stones como inspiración máxima de su montaje. Una selección de varias canciones de la legendaria agrupación constituye su banda sonora. Fue creada por Christopher Bruce en 1991 y estrenada por el Ballet du Grand Theatre de Geneve. El Rambert Dance realizó la premier en el Reino Unido en 1994, sin ir más lejos, Miguel Altunaga la bailó en 2014 con esta compañía. En ella se recrea el ritual de conquista por parte de los hombres en el período de los 60 y 70 del pasado siglo. El narcisismo, la egolatría y el machismo del “sex symbol masculino” de la época pululan a flor de piel en todo la coreografía. No queda muy clara cuál es la intención del coreógrafo detrás de esta caracterización: si exponer un arquetipo de individuo y su manera de seducir a las mujeres en una lucha de sexos, como él mismo afirma; o ironizar este rito de seducción heterosexual a partir de su visión como supuesto galán. Su franqueza no es menos desconcertante cuando reconoce que hay un poco de él en estos galanes.

Por estos días el grupo está realizando su primera gira nacional. El 14 de febrero comenzaron su recorrido por la región Oriental: Teatro Heredia, Santiago de Cuba; Teatro Bayamo, Granma; Teatro Eddy Suñol, Holguín; y Teatro Principal, Camagüey son los escenarios donde se están presentando hasta el 21 de febrero. El programa lo conforman Fauno y MermaidRooster, El salto de Nijinsky Twelve, Jorge Crecis.

Ojalá la gira se extienda hacia otras provincias para que los cubanos de oriente a occidente disfruten de los excelentes bailarines que integran la joven compañía y las puestas defiende el elenco. Es un deber y una retroalimentación más que necesarios porque Acosta Danza es de Cuba y no de La Habana.