Regresa Eva González con Irreverencia Producciones al escenario, un nuevo motivo de encuentro con el público, puesto que eso es lo que de modo inefable se produce en este lugar que no es otro que la sala del apartamento de esta mujer “todoterreno”, sitio que se convierte con suma frecuencia en escenario y sala de butacas para dar paso al Espacio Irreverente.

Para quien no lo sepa, Eva es española, llegó hace un tiempo a Cuba, luego de conocer otros lugares de la región, y aquí decidió asentarse con su breve familia. Por derecho de su talento, su experticia y su esfuerzo es parte del teatro que se hace en la Isla —una geografía interior en la cual no es sencillo insertarse—, en este caso una creación teatral singular, de idas y venidas entre España y Cuba, una experiencia que por su naturaleza y principios tiene aún mucho que aportar y con la cual, en esta buena costumbre nacional de andar mirándonos el ombligo, no hemos sido capaces de intercambiar lo suficiente.

“Por derecho de su talento, su experticia y su esfuerzo, Eva González es parte del teatro que se hace en la Isla”. Fotos: Cortesía de Irreverencia Producciones

Sus primeros estudios escénicos los realizó Eva en su natal Madrid, de donde egresó como Licenciada en Danza Clásica (que incluía coreografía, creatividad y técnicas de danza contemporánea). Una cosa llevó a la otra y estudió Actuación en el conocido Laboratorio Teatral William Layton. Desde entonces ha laborado en terrenos de la danza, el teatro, la educación popular, el trabajo social, la educación creativa y, también, el audiovisual. En este último, durante el aislamiento social a que nos obligó la pandemia entre 2020 y 2021 realizó más de una docena de pequeñas piezas dramáticas, que pueden apreciarse en Youtube, entre ellos esa joya que es El presidente, de Thomas Bernhard.

En 2010 fundó Irreverencia Producciones como una empresa sociocultural, creativa y educativa sin fines de lucro. Entre otras acciones abrió el Kfé Teatro Irreverente en su propia casa, el cual propició los contactos y las interrelaciones entre artistas, productores, técnicos, estudiantes e intelectuales de diversas instituciones y disciplinas, todo ello animado siempre por un espíritu de estudio, desarrollo y defensa de la visión de género en la sociedad. De ahí nació Espacio Irreverente, un tanto más riguroso con el remodelado del propio espacio físico para poder lograr presentaciones teatrales. Por esa época actuó y dirigió Salomé o ¡La Candela!, de su autoría, y más tarde vino el estreno de El Diccionario, sobre la vida y obra de María Moliner —la poco conocida creadora del Diccionario de uso del español— del dramaturgo español Manuel Calzada, Premio Nacional de Teatro en su país, que tuvo varias temporadas y le planteó nuevos retos a su actriz y directora, entre ellos el trabajo con otros actores; tomaron parte los intérpretes Roque Moreno, Evelio Ferrer y Roberto Albellar, a la par que contribuía a visibilizar la producción teatral y la existencia general del proyecto; luego, entre performances y realización de audiovisuales teatrales, Irreverencia Producciones ha ido levantando sobre la escena —y ya nos propone— Lo mío no es tuyo, espectáculo acerca del cual nos alerta que se trata de una réplica teatral al célebre monólogo de Eugene O’Neill Antes del desayuno.

A Irreverencia Producciones la anima un espíritu de estudio, desarrollo y defensa de la visión de género en la sociedad.

En efecto, el monólogo aparece revisitado desde el presente aunque carece de referentes temporales y espaciales, tan solo se toman algunos de sus ejes esenciales, entre ellos la situación dramática, y se establece un discurso de justicia que realza lo histórico y nada natural del machismo y la subordinación a que aún están sometidas muchas mujeres que alientan entre nosotros.

Tras la aparente sencillez de este juego teatral existe un serio y riguroso trabajo que parte de lo conceptual y se materializa en un discurso artístico original e inteligente. Se anota un nuevo tanto Eva González e Irreverencia Producciones. También lo consigue el discurso de género.

El espectáculo cuenta con varios atractivos, uno de ellos es el material audiovisual que le sirve de presentación y de prólogo, en el cual se muestra la premisa de la historia que a continuación la actriz desarrollará ante nosotros. Dicho material se caracteriza por la excelente e inteligente selección y edición de imágenes, llenas de humor y picardía para quien cuente con los necesarios referentes culturales. Su final nos devuelve al escenario y nos presenta a la actriz en vivo, frente a nosotros, situados en una muy breve platea de apenas once asientos.

En este diálogo con el original de O’Neill (al cual no afecta el conocimiento que se tenga o no de la obra inicial) el personaje de Alfredo resulta un tanto más delineado; en principio conocemos que se trata de una figura que ha hecho una carrera literaria, con más homenajes y actos simbólicos que paga en efectivo, por lo cual es su esposa quien lleva sobre sí, a partir de un trabajo de oficina, la estrecha economía de sus vidas. Para este Alfredo actualizado son frecuentes los lances amorosos, a partir de la seducción que ejercen su palabrería y su, hasta ahora, supuesto talento. Su aventura más reciente se le hace evidente a La esposa por las insistentes llamadas al móvil del marido mientras este holgazanea en la cama tras el amanecer y, justamente, antes del desayuno.

El personaje de La esposa despliega ante nuestra vista una interesante recomposición durante la puesta en escena. De una figura informe, que se mueve con torpeza y aparenta cierta grisura y vulgaridad, va emergiendo, se va construyendo una mujer de discreta elegancia, sólida, que gana en determinación a cada segundo y que deja para los minutos finales la revelación de las verdaderas bases sobre las cuales se ha erigido la exitosa carrera del marido.

El monólogo establece un discurso de justicia que realza lo histórico y nada natural del machismo y la subordinación a que aún están sometidas muchas mujeres.

En esto radica la diferencia con la obra objeto del contrapunto, y es este cuidado transcurso lo más interesante del espectáculo, tanto desde el punto de vista conceptual (dramaturgia y dirección) como desde el punto de vista del trabajo actoral.

Con aquello, tan sensible, de lo que, hasta hoy, se ha apropiado el marido, en efecto, no se juega. Es mucho más que sentimiento, dedicación, esfuerzo, tiempo; se trata de algo más íntimo y personal; de algo único.

Trato de interesar a mi posible lector y me cuido de revelar lo que puede arruinar el disfrute de esta peculiar experiencia artística por parte del espectador.

Tras la aparente sencillez de este juego teatral existe un serio y riguroso trabajo que parte de lo conceptual y se materializa en un discurso artístico original e inteligente. Se anota un nuevo tanto Eva González e Irreverencia Producciones. También lo consigue el discurso de género.

En efecto, “lo de ella es de ella” y, en este caso muy específico, no es posible que sea de nadie más.

Reserven con tiempo suficiente, por teléfono, antes de cada domingo y lunes, su asiento en la pequeña y confortable sala de Espacio Irreverente. Ya verán lo que les digo.

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