Para ajustarnos lo más posible a la verdad histórica

Guille Vilar
9/10/2019

Reflexionar sobre los 50 años de la celebración del memorable Festival de Woodstock es mucho más que circunscribirnos al hecho musical en sí mismo, pues su trascendencia social llega hasta nuestros días. Es cierto que estamos hablando de una generación de músicos marcados por un aliento de autenticidad reflejado no solo en su proyección profesional, sino en su condición humana. Tal es el caso de figuras paradigmáticas como Jimi Hendrix, Janis Joplin o Crosby, Stills, Nash and Young, cuya obra, si todavía hoy impacta, por aquellos tiempos arrastraba a multitudes de jóvenes norteamericanos.

Festival de Woodstock. Foto: Internet
 

Hablamos de quienes apostaron por asumir el privilegio de vivir desde la multiplicidad de colores de la creación con la mayor honestidad posible. Hablamos de los jóvenes que fueron masacrados por la Guardia Nacional en la Universidad de Kent. Hablamos de los jóvenes que acompañaron a John y Yoko en sus manifestaciones contra la guerra de Vietnam.

Lamentablemente, recordar aquellos años cargados de pura vitalidad existencial en la historia contemporánea de los Estados Unidos es solo un ejercicio de nostalgia, pues el stablishment se ha encargado de dominar los mecanismos imprescindibles de la sociedad en favor de sus intereses mercantiles. Aunque siempre pueden aparecer músicos impresionantes, la tendencia actual de la música popular norteamericana está definida por el éxito de cada cual, en los índices de venta de sus discos en el mercado, independientemente de la ausencia de aquellos mensajes que movilizaron a millones de personas en los años setenta.

Semejante añoranza nos obliga a preguntarnos dónde está aquel espíritu de rebeldía en la sociedad norteamericana de estos tiempos, qué se ha hecho de aquella vocación indomable de miles de jóvenes que reclamaron sus plenos derechos como ciudadanos ante el inquilino de turno en la Casa Blanca, actitudes que hoy en día para nada le hubieran permitido a Donald Trump imponer, a su libre albedrío, la agresiva política de su gobierno no solo en contra del mundo, sino hasta en contra de sus propios coterráneos. He aquí el valor de rememorar los 50 años del Festival de Woodstock en las peligrosas circunstancias que vive el mundo. Y, como casi siempre que se toca el tema del rock en cualquier contexto sale a relucir cómo se manifestó dicha corriente musical en nuestro país durante la segunda mitad del siglo pasado, quisiera compartir con ustedes algunos puntos de vista sobre este polémico asunto.

Para comenzar, no quisiera extenderme demasiado sobre mis experiencias en los años sesenta con la música de Los Beatles. Quizás baste decir que yo era de esos jóvenes que montaba en la guagua con un “discreto” radio portátil Zenith con la emisora miamense WQAM sintonizada y nunca nadie me llamó la atención por escuchar esa música, como tampoco me sentí “vigilado” en el puente del círculo Cubanaleco cuando compartía con decenas de jóvenes los éxitos del rock de aquellos tiempos, que eran radiados por la WQAM. Incluso en el verano de 1965, cuando el viejo me trajo de Londres el disco Help, cuya canción homónima estaba en ese mismo momento en el número uno del hit parade de la WQAM, estábamos tan emocionados que, con varios amigos, fuimos a distintas tiendas capitalinas que vendían discos y pedimos que nos lo pusieran por el audio local y no llegó ninguna perseguidora para detenernos por el atrevimiento de poner una música prohibida en un lugar público. No obstante, cada cual puede tener otras experiencias personales que quizás no fueron agradables.

En cuanto a la difusión del rock anglosajón por nuestros medios, solo pido no dejarse llevar por el rumor que llega a convertirse en leyenda y tratar de ser precisos en cuanto a fechas y concretar lo más posible cualquier anécdota. Para los más jóvenes lectores puede que resulte difícil concebir el universo de la difusión de música en una emisora capitalina como Radio Progreso en los años sesenta. Por aquella época estaban todavía lejanos los tiempos en que los graduados universitarios llegarían con sus conocimientos a insertarse en el sistema de la radio, tampoco se imaginen que había algún experimentado Juanito Camacho hablando de la historia del rock ni mucho menos. Como en la mayoría de los medios profesionales del país, hubo una fuerte emigración hacia los Estados Unidos de las personas de mayor experiencia en la radio, y muchos de los que asumieron dichos puestos vacantes no tenían la preparación adecuada, pero no había nadie más.

Bar The Beatles, Varadero, Cuba. Foto: Internet
 

Tampoco podemos obviar que hacía muy poco tiempo de la invasión mercenaria a Playa Girón, al igual que de la Crisis de Octubre y de la lucha contra bandidos en el Escambray, por lo que es lógico que en el personal de la radio cubana existiera un fuerte sentimiento antiyanqui. Por tal motivo, la presencia de Los Beatles en nuestra radio por aquel entonces no podía verse como ahora desde la certeza de que son unos verdaderos mitos de la cultura universal. Para muchos adultos de aquellos años, en realidad Los Beatles no eran nada más que cuatro peludos con los pantalones apretados, y que además cantaban en el idioma del enemigo. No obstante, a pesar de tener esos elementos en su contra, de ninguna manera se podía ignorar el impacto de su música y, sin irnos muy atrás en el tiempo, recuerdo haber escuchado por el programa Nocturno, de Radio Progreso, canciones del disco Magical Mistery Tour, de 1967, como “Hello Godbye” y “The Fool On The Hill”. También recuerdo con gran emoción que, después de haber escuchado en la WQAM el estreno mundial de Hey Jude, a la semana de este suceso ya se radiaba por Nocturno en el verano de 1968. Así sucedió con otras canciones como “While My Guitars Gently Weeps”, del White Album, “Something”, del disco Abbey Road o “The Long And Winding Road” del disco Let It Be, todas estrenadas en Nocturno al poco tiempo de haber salido al mercado. También se radiaban canciones de contemporáneos de Los Beatles como The Grass Roots o The Turtles, además, por supuesto, de temas de los Rolling Stones, entre otros. Por lo tanto, debemos ser capaces de hablar del rock en Cuba desde perspectivas diversas para llegar a una valoración lo más ajustada posible a la verdad histórica.