LA JIRIBILLA
JURACÁN CARIBEÑO

"La palabra huracán es de origen arauco, directamente relacionada con la lengua que utilizaban nuestros primitivos pobladores. Juracán era el nombre de una deidad aborigen asociada a las tormentas, que data incluso de antes de la llegada de los europeos al archipiélago", asegura a La Jiribilla el profesor Luis Enrique Ramos, vicepresidente de la Asociación Meteorológica de Cuba.

Magda Resik Aguirre  | La Habana

Los ciclones forman parte de la cultura del Caribe. Las Antillas desarrollaron su mitología y sus leyendas a partir de las experiencias vividas al paso de esos fenómenos tropicales. Nuestras islas, con sus identidades nacidas de la mezcla y la resistencia, crecieron sin olvidar el peligro latente de una naturaleza desbordada.
Desde las pinturas rupestres en las cuevas aborígenes, donde los círculos concéntricos mostraban la posible representación gráfica de los huracanados vientos, el arte y la literatura de estas tierras, abrazaron el tema, tan cercano y no por eso menos impactante. 
No es extraño entonces que en una revista como La Jiribilla, aparezca hoy la entrevista con un experto en asuntos climatológicos y del medio ambiente. Nuestra cultura es además, ciclonera y huracanada. Estos fenómenos nos pertenecen como la tierra que habitamos o la música que bailamos. Sus historias entroncan sin esfuerzos en esa otra Historia con mayúsculas.
El Profesor en Ciencias Luis Enrique Ramos, Vicepresidente de la Asociación Meteorológica de Cuba, se ha consagrado no sólo a la fundamentación científica de estos meteoros. Sus estudios ahondan en la historia y la cultura emergidas de la antiquísima convivencia de los pobladores del Caribe con los temidos huracanes.

-¿Por qué los meteorólogos asociaron a Michelle con el huracán del 1944?
-Porque tuvo características similares tanto en la velocidad de los vientos como en su presión atmosférica. El huracán de 1944 cruzó sobre La Habana entre los días 17 y 18 de octubre, y dio una racha máxima de 262 kilómetros por hora, el récord para la capital cubana durante el paso de un ciclón tropical. Es interesante también recordar, que un viento que sobrepasaba los 90 kilómetros por hora estuvo soplando en esa ocasión sobre esta ciudad durante 18 horas consecutivas.

-Usted se ha referido indistintamente a ciclón y huracán, ¿cuál es la diferencia?
-Son fenómenos similares. Un organismo con vientos giratorios cuya velocidad no es todavía de 120 kilómetros por hora, es ya un ciclón tropical, pero cuando sobrepasa ese límite se convierte en huracán.

-Entonces ¿es correcto también decirle a Michelle ciclón?
-Es un ciclón tropical pero con categoría de huracán, porque sus vientos sobrepasan los 120 kilómetros por hora

-¿Cuáles son las consecuencias naturales que provocan los ciclones tropicales?
-Los factores más peligrosos de un huracán son: las mareas de tormenta, o sea, las penetraciones del mar causadas por la presión del viento sobre el agua, que provocan un incremento del oleaje; las inundaciones a causa de las lluvias; el efecto dinámico del viento y la presión que ejerce sobre las construcciones; y la formación de tornados, llamados en Cuba rabos de nube. 
Por ello, lo primero que la población debe hacer en caso de un huracán es mantenerse informada acerca de su trayectoria, porque así conocen los lugares amenazados; asegurar los objetos que puedan ser lanzados o volados por el viento, destupir los caños de desagüe o tragantes con el fin de evitar la acumulación de agua producto de la lluvia, y de ninguna manera tocar cables eléctricos que se hayan caído al suelo y puedan estar activos todavía; tampoco cruzar los ríos crecidos y en el caso de los residentes en Ciudad de La Habana se les insiste particularmente en no acercarse al litoral durante el azote del ciclón porque las marejadas son particularmente intensas y permanecen después del paso del huracán.

-¿Por qué los huracanes se nombran de manera tan caprichosa?
-Los seres humanos siempre tenemos la intención de nombrar las cosas, para identificarnos con ellas. Nombramos a nuestros animales domésticos, los establecimientos públicos, las plantas, o simplemente a nosotros mismos.
Desde hace muchísimos años se identificaba los huracanes con un nombre. La primera forma obedecía a la fecha. Si un huracán cruzaba por nuestro país o por el que fuera en el área del Caribe, y la religión católica romana era la imperante, se le ponía el nombre del santo cuya fecha se celebrara ese día. Digamos, si ocurría el 4 de octubre - como la de 1844- se nombraba San Francisco de Asís. 
Eso, por supuesto, cayó en desuso, porque si el huracán pasaba por República Dominicana y después por Cuba, podía tener dos nombres: el del santo de la fecha en que pasó por cada país. 
Durante la Segunda Guerra Mundial los pilotos de combate le otorgaban a los huracanes que estaban en el área de vuelo, para poderlos identificar, el nombre de sus novias. Y de simple iniciativa personal, se convirtió en un procedimiento oficial para la organización meteorológica mundial. 
A partir de 1950 los huracanes tuvieron su nombre propio. Inicialmente de mujeres. Algo injusto, porque estaríamos diciendo que las mujeres son las destructoras. Por eso, en los años 60, comenzaron a alternarse los apelativos femeninos y masculinos al confeccionar las listas anuales. En el caso de nuestra área geográfica, pueden ser pronunciados en Inglés, Francés y Español, porque los caribeños utilizamos esos tres idiomas para comunicarnos.

-¿Es cierto que se organizan alfabéticamente a medida que van transcurriendo esos fenómenos en el año?
-Se establece una lista con cinco años de antelación, ordenada alfabéticamente. No se cuenta la CH porque no existe en el idioma inglés. Omitiéndola, por ejemplo, en el caso de Michelle, podemos comprobar que es el decimotercer ciclón tropical del año. 

-¿De qué fecha datan las primeras noticias de huracanes en nuestro país?
La palabra huracán es de origen Arauco, directamente relacionada con la lengua que utilizaban nuestros primitivos pobladores. Juracán era el nombre de una deidad aborigen asociada a las tormentas, que data incluso de antes de la llegada de los europeos al archipiélago. 
La primera acta capitular del ayuntamiento de La Habana donde se habla de un huracán, obedece al Cabildo realizado el 30 de octubre de 1557. En una parte dice: "fue acordado que por cuanto después que vino el huracán en esta villa derribó la carnicería, la cual se ha tornado a cubrir...". Y en la del Cabildo siguiente, el 31 de diciembre de ese mismo año, reza: "fue acordado por los dichos señores que después de la tormenta y huracán que pasó por los caminos de los que este pueblo se sirve y se abastece, que son el camino de Matanzas, el de Batabanó y el de Guanajay, están cerrados y capados a causa de dicha tormenta y huracán, y conviene al servicio de Dios y de su Majestad que se abran, de suerte que se puedan andar". 

-¿Y el término ciclón?
-Proviene del griego kyklos, que significa algo así como la cola de la serpiente que se enrosca. La palabra ciclón fue propuesta para su uso, en 1859, por el inglés Henry Piddington, presidente de la Corte Marina de Calcuta, en la India. Huracán es un término típicamente antillano. Una contribución de la cultura originaria del Caribe y de Cuba, al mundo y a la Meteorología en particular.

 


2001. La Jiribilla. Cuba.
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