ELENA DE SIEMPRE

Su magia puede estar en la voz, o en estilo, o en su musicalidad, o en su cubanía. O en todos esos atributos juntos. Lo cierto que Elena Burque logra el milagro de la comunicación absoluta con públicos de todas las edades. Ahora nos cautiva con algo de filin, como si estuviera en la sala de Angelito en el Callejón de Hamel, y luego  con un son entero a la manera del cabaret Parisién.

Y su fuerza individual,  su personalidad única, nos hace evocar, impedidos de la nostalgia, aquellas descargas de amigas con Omara Portuondo y  Moraima Secada; y a los más viejos, a la figura fundadora de Aida Diestro. Y en un revoltijo de tiempos, canciones de Portillo o de Pablo, o la guitarra de Froilán o el bajo de Formell.

Porque Elena es eso: intérprete de todas las edades y tiempos.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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