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LA
JIRIBILLA Este CD es un homenaje a la música que muchos disfrutaron en las décadas del 40 y 50 en Cuba, cuando la sonoridad del jazz band inundó la radio, los centros nocturnos y los bailables; momento también en que se convirtieron en grandes éxitos obras fundamentales que perduran en la memoria; y definitivamente, una ofrenda a lo especial de una época muy prolífera dentro de nuestro ámbito creativo. Temas conocidísimos e inolvidables contiene este disco que fueron montados, incluso, sobre la base de los arreglos originales, buscando de esta forma la sonoridad más cercana a esos años, sin perder de vista la actualidad. Así aparecen los antológicos “Aquellos ojos verdes”, “Los aretes de la luna”, “Santa Isabel de las Lajas”, “Bonito y sabroso”, “Elige tú que canto yo”, entre muchos otros, hasta llegar a 14. Para muchos ha sido una sorpresa; para otros, una curiosidad, recibir en la actualidad este disco, cuando en Cuba se ha hecho moda acercarse a las sonoridades del pop. Pero que venga de Augusto Enríquez –reconocido precisamente dentro de ese mundo– y que sirva para su reaparición discográfica (que dedica además al gran Benny Moré) resulta una valiente propuesta que parte de excelentes presupuestos estéticos. En esta incursión dentro de los clásicos de la música cubana Augusto ha demostrado todas sus potencialidades como intérprete, y el resultado va más allá de lo que muchos imaginaron, precisamente por haber mostrado su fuerte, hasta ahora, dentro del pop. Sin abandonar su estilo, supo adentrarse en esta riesgosa modalidad que es retomar obras que cantaron músicos tan reconocidos como lo son Benny More, Vicentico Valdés, Tito Gómez, Nat King Cole, entre otros. Cómodo en los boleros y cuidadoso en sones, guarachas y mambos, Augusto da muestras de una madurez interpretativa, que resume su buen gusto, su habilidad para resolver la complejidad de ciertos pasajes y en fin, su muy atinada manera de volver a estos grandes éxitos. Augusto Enríquez es acompañado aquí por una banda gigante integrada por notables músicos, –algunos protagonistas de aquellos ilustres años como lo son Rolando Sánchez (saxo) y José Picayo (piano) –, todos dirigidos por el experimentado Demetrio Muñiz quien consiguió que esta sonara entre el ayer y el hoy con notable autenticidad. Y es que el método para lograrlo resulta uno de los aspectos más significativos y valiosos de este disco; ya que proponerse una grabación a la antigua (con todos los músicos tocando a la vez), y que fueran capaces de vencer con creces esa prueba de fuego, duplica el mérito de esta orquesta, que por demás fue conformada a partir de un ven tu *. Carambola tiene como invitados especiales en el tema “Deja que suba la marea” a Angelito Bonne, voz ya reconocida de la música cubana, especialmente dentro del son y a Yamilé, presentada hace algún tiempo por la EGREM en el ámbito de la canción y el pop, que también aparece en “Mientras exista el mambo”. El disco en general muestra un excelente trabajo donde no se busca reproducir una época, sino recrearla desde nuestros tiempos y en función de eso está no sólo el concepto de grabación, los arreglos y la interpretación, sino también las fotos y el diseño. Fue grabado en el viejo Estudio Areíto (10) de la calle San Miguel, mezclado en el Estudio 18 de Miramar –los dos pertenecientes a la EGREM–, por los ingenieros Pedro Ugarte y Ramón Alom; más tarde masterizado en Profile Studios Milano por Alberto Bonardi. La producción musical la comparten Demetrio Muñiz y el propio Augusto Enríquez que deja también su testimonio comentando sus motivaciones y experiencias en la preparación del disco. La producción general fue del periodista italiano Gianni Miná y sus dos compañeros de aventuras como él prefiere llamar al catalán Joan Manuel Serrat y a Emilio D´ Alessandro. Lo dicho por Miná en sus palabras de presentación resume lo atrevido de la propuesta: ... “en la época de la “global music”, me pareció que era una hermosa aventura volver a proponer con una voz moderna una temporada irrepetible de la música popular cubana, la primera vez que la raíz rítmica de este país se impuso con éxito en todo el mundo”. Muchos datos de interés se ofrecen junto a los textos de cada obra, relacionados con las grabaciones originales de cada tema (fechas, primeros intérpretes, arreglo original) y en fin, se disfruta muchísimo al escuchar estos clásicos tan bien interpretados.
“Carambola
respira frescura y libertad, aunque transiten,
sonriendo, quizás asistiéndolo, dulces fantasmas de
antaño, sus antepasados gloriosos en el canto: Tito
Gómez, Machito, Graciela, Vicentico Valdés, Benny
Moré...” así comenta el destacado escritor
y conocedor de la música cubana Sigfredo Ariel en su
nota al disco que cierra la serie de comentarios que
acompañan el disco. Y solo apunto que partiendo de
grandes riesgos como este, muchos han demostrado su
capacidad y valentía para abordar ciertos roles, cuando
nadie ha pensado en tal posibilidad. Augusto en
Carambola está a la altura del excelente homenaje
que se propuso, que resulta sobre todo auténtico,
sentido y capaz de evocar los más bellos recuerdos de
una época de oro en nuestra música. |
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