Pido perdón a los músicos cubanos

Guille Vilar
23/7/2018

A menudo nos enfrascamos en debates acerca de las obras de ciertos músicos, por causa de tener en su repertorio canciones cuestionables en el aspecto ético que dan lugar a enconadas polémicas. Aunque de tales discusiones por lo menos intentamos alcanzar una mayor objetividad en nuestros conceptos como críticos, lo que sí está claro es que al mismo tiempo el hecho de alabar a aquellos que se merecen los mayores elogios, implica una decisión apremiante para el adecuado desenvolvimiento de nuestro enriquecimiento espiritual.

Cuando el Maestro afirma que “la belleza en lo que nos rodea ayuda a la vida”,[1] revalida la necesaria presencia de dicho sentimiento en la existencia del ser humano. En tal sentido, ser miembro del jurado del Premio Cubadisco 2018 constituye un privilegio en nuestro desempeño como profesional de la crítica durante estos largos años.


Cubadisco, dedicado en su edición de 2018 a la música popular cubana y al aniversario 130 del natalicio
de Ignacio Piñeiro, resulta de incalculable valor al influir en los valores estéticos de nuestra vida cotidiana

 

Ante tanto esplendor desbordado entre las obras discográficas en competencia, cualquier disputa sobre asuntos musicales sostenida en otras circunstancias y en otros contextos sencillamente desaparece de la mente. El descubrimiento de decenas y decenas de relevantes discos que conforman las diferentes categorías a concursar nos devela, como en ningún otro evento del país, el magnífico estado de la música cubana en los diferentes géneros.

A la vez, este estadio de plenitud alcanzada no nos puede alejar de la inobjetable responsabilidad que asume cada uno de los miembros del jurado, acción que desborda el mero hecho de escoger una obra discográfica concursante y proponerla como premio. Para no complicar nuestra exposición, si nada más tuviéramos en cuenta la categoría cancionística donde concursan discos de Beatriz Márquez, de Pablo Milanés con José María Vitier o de Liuba María Hevia, se podrían dar cuenta de la esencia del conflicto al que hacemos referencia a la hora de decidir el disco que debe de ser galardonado. Por ejemplo, para esta ocasión el sello Colibrí apuesta por Beatriz Márquez, La Musicalísima, con la interpretación de canciones del prestigioso compositor Adolfo Guzmán, para convertirla en una propuesta discográfica de exquisito gusto.

Mas en dicha categoría también aparece el CD Amaury canta a Meme Solís, con un Amaury Pérez en sus mejores momentos, escoltado por la genialidad de un arreglista y director musical como Juan Manuel Ceruto; obra que, al decir del escritor Sigfredo Ariel, “es un disco para fatigar con agrado los equipos de música, con mucho que descubrir y agradecer a dos artistas hechos y derechos”.

Por si fuera poco, el maestro Frank Fernández vuelve a la carga en lo relativo a la voluntad de brindar su exclusivo pianismo a los demás, en esta ocasión a la joven cantante Carmen Lidia, con un escogido repertorio. Sin embargo, a diferencia de otras ocasiones, el piano de Frank se ha hecho acompañar de atractivas orquestaciones, donde aparecen inéditas incursiones del maestro en la armónica, el bandoneón y el bombo legüero.

A propósito del piano, la discreta intimidad de Miriam Ramos se nos revela una vez más, en esta oportunidad con el CD El piano y yo. En esta producción la reconocida intérprete se da el gustazo de cantar con cuatro de sus pianistas preferidos, quienes a la vez forman parte de lo más representativo del piano contemporáneo: Ernán López-Nussa, Rolando Luna, Alejandro Falcón y Harold López-Nussa.

Si usted cree que con tales discos ya hay razones suficientes para tener un verdadero dolor de cabeza a la hora de elegir al premiado, les digo que apenas estamos a la mitad de las obras discográficas que conforman dicha categoría, pues falta el CD Flor oculta de la vieja trova, donde el pianista José María Vitier acompaña a Pablo Milanés en soberbias interpretaciones de canciones de la trova mayor apenas conocidas por el gran público. Y ya que hablamos de Pablo, su hija Haydée, una de esas vocalistas que se adueñan de nuestras emociones, también presenta el disco que recoge un memorable concierto que ofreciera en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional.

Para hacer la selección más enrevesada todavía, tenemos el álbum Vidas paralelas, de Liuba María Hevia, una recopilación de canciones suyas interpretadas a dúo con Amaury Pérez, Luna Manzanares, Danny Rivera, entre otros, y distribuidas en cuatro discos para recrear así una autentica plataforma del maravilloso legado de su obra. Para rematar, el CD Pasaba un ángel nos entrega más de veinte versiones de obras de la propia Liuba, a cargo de renombradas figuras y orquestas como Anabel López, la dominicana Maridalia y los Van Van.

El recomendable desempeño que en torno al bolero de siempre ha sido realizado por el joven cantante Alain Daniel, lo mismo que la apasionada interpretación de Anais Abreu en el CD Nostalgias, o el disco Te tengo y no, de un artista del corazón como Leo Vera, añaden otra dosis del mayor respeto por todos los incluidos en la categoría que nos ocupa.

Por supuesto, como parte del jurado debemos proponer uno solo de los discos mencionados, elección que no nos libera de una especie de sentimiento de culpa por no haber escogido el otro. La realidad es que cuando enfrentamos a tanta calidad compartida, cuando nos percatamos del alto nivel profesional manifiesto en cualquier arista de cada una de las obras presentadas, nos hayamos henchidos de un sano orgullo por tratarse de músicos cubanos que, si han tenido algún tipo de presión en el momento de hacer semejantes discos, para nada han sido de las que llevan consigo las concesiones mercantiles. En todo caso, el compromiso que salta a la vista es el que sienten por la cultura desde la mayor naturalidad posible, porque realmente el talento que los singulariza no les permite manifestar de otro modo sus inquietudes artísticas.

Por otra parte, el hecho de que hayamos hecho referencia a solo una de las veinte categorías en concurso no quiere decir que, por ejemplo, en la correspondiente a la música popular bailable no estemos ante una problemática todavía más complicada, pues prácticamente están compitiendo todos los reconocidos maestros del género, además de los jóvenes músicos.

El saldo que para la sociedad cubana encierran eventos de la magnitud del Premio Cubadisco 2018, resulta de incalculable valor al influir decisivamente no solo en los múltiples compartimentos estéticos de nuestra vida cotidiana, sino además como pocas ocasiones tiene lugar en el universo artístico, por su capacidad para consolidar nuestro sentido de pertenencia a este pueblo de donde surgen generaciones de músicos excelentes.

Notas:

[1] José Martí: “Sección constante”, La Opinión Nacional, Caracas, 16 de febrero de 1882, en Obras completas, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963, t.23, p. 203.