Polifonía musical en concierto inaugural del Jazz Plaza 2019

Ernesto Cuní
24/1/2019

Cuando el miércoles 16 de febrero se realizaba el concierto inaugural de la edición XXXIV del Festival Internacional Jazz Plaza 2019, en la sala Avellaneda del Teatro Nacional, ya era alto el voltaje musical y vivencial del evento, no obstante, la presencia del showman de Cuba, Bobby Carcassés, auguraba irrepetibles momentos.

 El maestro no cesa de realizar constantes búsquedas en la renovación y producción
de nuevas sonoridades en la música cubana. Foto: teatronacional.cu

 

Creador de este festival que comenzó por los años 80 como una descarga entre amigos en la Casa de la Cultura de Plaza, mostró en este día el espectáculo musical Afrojazz y Timba Funk, proyecto que aunó a varios importantes músicos de Cuba y los EE.UU.

El maestro no cesa de realizar constantes búsquedas en la renovación y producción de nuevas sonoridades en la música cubana, especialmente el jazz, del cual es especial devoto e ingente promotor.

Por la parte cubana estuvo el saxofonista Yosvany Terry, uno de los músicos cubanos más escuchados en el país norteño y en el resto del mundo; el también saxofonista Carlos Miyares, entre otros; de Norteamérica estuvieron Roger Glenn y Dick Griffin.

El espectáculo fue ilustrativo de la presencia de la percusión cubana en el jazz, si por este se entiende a esa música explosiva que tiene como base rítmica y percusiva la música cubana y, armónicamente, la americana, junto a una prolífera fusión de ritmos. Conga, bongó, timbal y drums, junto a una sección de metales de lujo, guiados por Bobby, arrancaron momentos inolvidables a la noche.

El saxofonista Carlos Miyares participó en el concierto. Foto: suenacubano.com
 

Como siempre, Bobby fue ambicioso y llevó a los presentes a un recorrido por varios géneros, perfectamente imbricados con la música cubana; allí estuvo la raga hindú, música terapéutica y filosófica de ese país; el Rumbi-bop, experimento musical de su autoría que conjuga la rumba y el bip bop; el funk, y otros. Terminaría con un clásico de su autoría, “Caravana”.

A la actuación del también presidente de honor de esta cita jazzística, le continuaron los percusionistas Marc Quiñones y Bobby Allende, junto a la agrupación salsera Ocho y más. Siguiendo la línea curatorial del evento de imbricar el jazz con la música popular en un mismo escenario, estos repitentes en el Jazz Plaza —por tercera vez— deleitaron a los asistentes con esa música de raigambre cubana, con un tratamiento excelso de los metales y la melodía.

Lo acompañaron, en un primer momento, el bajista y director de orquesta, además de intrépido músico, Alain Pérez, quien nos tiene acostumbrados a su versátil manera de hacer la música: cantó y tocó varios instrumentos.

Luego se daría paso al joven percusionista peruano de origen japonés, Tony Succar y su novedoso proyecto Unity, sin dudas devenido plato fuerte de la noche. El artista trajo una versión en tiempo salsa de algunos de los temas que inmortalizara el rey del pop, en un espectáculo nombrado Tributo a Michael Jackson. Soy uno de los que lamenta que Michael no hubiese visitado en vida Cuba. Aunque en tiempo salsa, esa noche escuchamos sus temas y estuvo de vuelta.

Con un concepto músico-visual atrevido, el artista prendió en el público que lo acompañó, vitoreando su interpretación, bailando y cantando. Un solo inolvidable en los timbales arrancó largos aplausos a los presentes. Una de las sorpresas que sumó al escenario fue la presencia y actuación del cantante Ángel López, exintegrante del famoso dúo Son by Four y autor de la muy radiada canción “A puro dolor” que, a 20 años de creada, compartió con un público nostálgico que la evocó.

Ambos artistas manifestaron sentirse deudores de la música cubana y aseguraron repetir la experiencia en el futuro.

 

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