“Primitivos” recorren las provincias

Luis Rey Yero
10/6/2019

Por tierras espirituanas se encuentra la exposición itinerante de arte naif De la génesis a la consagración, del grupo Bayate —que cumple 25 años de fundado en noviembre próximo— la cual ha ido incorporando artistas de esta tendencia pictórica en las provincias donde se exhiben las obras. Hasta la fecha han disfrutado de este candoroso modo de pintar las ciudades de Matanzas, Villa Clara y Sancti Spíritus y se espera que continuen hacia Las Tunas, Holguín y concluyan en Santiago de Cuba, donde se presentará como muestra colateral del Salón Ruperto Jay Matamoros a celebrarse en diciembre.

El grupo Bayate radica en el municipio santiaguero Julio Antonio Mella y ha mantenido una permanente acción cultural a favor de los pintores naif, identificados también con el calificativo evanescente de empíricos o primitivos. En ese territorio nació el pintor Ruperto Jay Matamoros, emblemático de esa tendencia artística, quien logró ser reconocido con la Orden Félix Varela, la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Nacional de Artes Plásticas del año 2000 por sus significativos aportes al patrimonio cubano.

 

La muestra itinerante está conformada por más de una veintena de artistas, en su mayoría del grupo Bayate, quienes exponen sus particulares poéticas a un público gozoso de enfrentarse a ese modo peculiar de apreciar el entorno. Las obras están saturadas de imaginación y de deseos de mostrar aspectos cotidianos con ingenua mirada y al descubrirlos los transforman en auténticas visiones espontáneas, libres de preceptivas académicas. El empleo frecuente de colores cálidos en permanente euritmia contrasta con figuras humanas, animales o plantas que al recrearlas ofrecen una visión más risueña, etérea y eufórica.

Algunos prefieren ofrecer obras con cierta intención narrativa, contar historias laborales, familiares o de inusitado vuelo lírico que limita con lo onírico. Como un manto esotérico que todo lo cubre se registra la huella de la mirada infantil subconsciente o manipulada por el artista. Tal variedad de propuestas enriquecen el espectro del quehacer plástico cubano y se acomodan con las múltiples tendencias actuales del arte contemporáneo nacional.

La pintura naif representa un sólido capítulo de la historia del arte cubano regido por principios alejados de tendencias experimentales y cercanas a los circuitos tradicionales del arte internacional. Los artistas se mantienen en un tiempo recurrente de espacios ingrávidos, inconmovibles, alejados de influencias externas. Diríase que vuelcan al exterior aquellos sentimientos impolutos que se mantienen agazapados en el subconsciente y lo expresan a través de un acto de liberación catártica. Por lo general quienes así se expresan establecen fórmulas de creación donde la naturaleza se imbrica con las figuras humanas y la de los animales de modo armonioso.

 

La holguinera Magnolia Betancourt posee un estilo muy peculiar de componer el paisaje, utiliza como estructura morfológica elementos cónicos para recrear la vegetación. Mediante esta forma de componer, sus árboles ofrecen una visión distinta a la real, resultan domeñados por la mano experta de una jardinera que desea darle uniformidad a sus árboles, emplazados en un jardín imaginario los obsequia con elegancia y cierto extrañamiento compositivo. Ante este novedoso modo de captar la naturaleza se vislumbra a la mujer sensible, capaz de componer aquellos paisajes rurales que la estremecen por su belleza y la incitan a reestructurar elementos inauditos tomados del natural.

El santiaguero Luis Joaquín Rodríguez (El Estudiante) se define por otra tesitura, aunque igualmente degusta crear su propia vegetación en la que se aprecia el guiño de Rausseau (El Aduanero). Esta risueña apropiación se ofrece con la picardía de quien goza de un modo distintivo de contar historias a partir de leyendas inventadas o retomadas del imaginario popular. Esa especie de fauno, báquico o diablillo que acecha a la joven en pleno espacio edénico, resulta de un erotismo ingenuo, juguetón, de una transparencia que linda con lo infantil.

De Artemisa es Teresita Sánchez, quien prefiere contar aquellos momentos familiares inolvidables cargados de comidillas pueblerinas. Su obra describe el instante fugaz en que se produce el encuentro de los recién casados con sus allegados. Esa imagen panorámica revela su capacidad de componer elementos figurativos agrupándolos en diferentes gestos colectivos. Tal abordaje temático se alinea con otros artistas que de un modo u otro han registrado el tono íntimo de la familia, como podría ser Alicia Leal, quien manipula con gracia los códigos naif dándole un toque de distinción compositiva a sus propuestas.

Con su obra S.O.S., Richard Bruff, desde Santiago de Cuba, plasma el momento en que se produce un letal incendio que ahuyenta a humanos y a animales en una apresurada marcha ante la voraz ola de fuego. La obra se define por el horror compositivo y el gesto dinámico colectivo, lo que permite trasmitir el momento con enunciada propuesta ecologista ante tales daños a la naturaleza. La estampida resulta brutal y de profundo dramatismo a pesar del esquematismo de las figuras que apenas boceta el artista.

El matancero Evelio Fernández, quien ofreció los acertados criterios en la fundamentación del proyecto De la génesis a la consagración, nos ofrece un paisaje de sustancial carga lírica, donde algunos personajes se mueven en estado de ingravidez total en contraste con quienes permanecen en tierra. Ese contrapunto de imágenes dota a la obra de un especial encanto primigenio al mantener un espacio incontaminado y de calma edénica.

De Sancti Spíritus es Ciudad imaginaria, obra de Ariadna Alfaro, quien pinta una serie de fachadas de casas con una encomiable economía de líneas que contrasta con el empleo de colores cálidos. Se trata de una composición que se adentra en el mundo del infante acostumbrado a la simplificación del entorno inmediato. Aquí la masa de colores fuertes apenas está bocetada en los inmuebles exhibidos.

En la generalidad de las propuestas, cada artista mantiene su propio estilo y mundos imaginativos, lo que dota al movimiento de frescura, variedad y un nivel de autenticidad encomiable.

Sus éxitos, más que mercantiles, sospecho que obedecen a la sinceridad con que cada uno labora a partir de su entorno inmediato, el que reelaboran con gracia y deseos de mostrar, de un modo diferente, la traumática civilización actual.

Como expresara Evelio Fernández al final de sus reflexiones sobre el arte empírico, volcada en el Proyecto Bayate, ruta para una historia, estamos en presencia de un grupo que durante un cuarto de siglo ha logrado legitimar el arte naif cubano, llevándolo a alcanzar planos internacionales y a colocar obras en diferentes espacios expositivos del mundo. Cuando culmine el recorrido en la excelente sede que poseen en Santiago de Cuba, el público podrá apreciar, aunque de modo incompleto, lo que se crea en el territorio nacional en esta tendencia, la que se mantiene viva y en permanente fortalecimiento espiritual.