¿Quién fue para la fotografía cubana Joaquín Blez?

Elaine Caballero Sabugueiro
1/4/2020

Transcurría el siglo XX en Cuba y el fotógrafo santiaguero Joaquín Blez daba de qué hablar en la sociedad de la época. Su técnica, sus encuadres, así como lo osado de sus desnudos a mujeres, con rasgos distintivos del art nouveau, llamaban la atención en una época de vestidos largos y pocos escotes. La calidad artística de sus obras impresiona un siglo después, cuando las tecnologías avanzan de forma acelerada en el campo de la fotografía y aparecen, sin muchos contratiempos, la mayoría de las respuestas en este arte.

Fotografías de Joaquín Blez. Fotos: Cortesía de la autora
 

Desde los 14 años, Blez incursionó en el oficio de tomar imágenes mediante un pestañazo de luz, con el también fotógrafo Antonio Desquirón. Como las sorpresas casi siempre aparecen en la vida por azar, un año después, con 15 años, viaja a República Dominicana para tomar instantáneas de un terremoto ocurrido en ese país. Aquel joven nunca más haría ese tipo de trabajo.

 

Tiempo después, en 1906, inaugura su primer estudio de fotografía en el poblado de Chaparra. Sin ni siquiera saberlo, un hecho cambiaría la vida de Blez: en esa localidad del oriente cubano conoce a Mario García Menocal, quien lo trae para La Habana y comienza a trabajar como fotógrafo presidencial por un tiempo.

 

Una vez establecido en la ciudad de las columnas instaura su estudio en la calle Neptuno, donde acudía con frecuencia la burguesía habanera, gracias a su fama de buen artista. En aquella época tomarse una foto significaba todo un acontecimiento. Un momento memorable y hasta digno de recordar. No es de extrañarse, entonces, la presencia de imágenes de su autoría en publicaciones de importancia, dígase el Diario de la Marina y en las revistas Social y El Hogar. ¿Quién diría que años después la costumbre se banalizaría hasta considerarse una práctica común y bien fácil?

 

El talento para el santiaguero no era suficiente para desarrollar su obra. Debía perfeccionar su estilo y así lo hizo. Estudió en Milán y viajó por varios países de Europa, hasta patentizar en 1925 un mecanismo para obtener imágenes positivas en cristal o celuloide con reflejos metálicos. Su interés en la superación llegó a tal punto que cursó estudios en Hollywood sobre técnicas modernas de maquillaje e iluminación. Así lograría imágenes depuradas, con la escenografía perfecta, con el matiz y los colores deseados, a fin de cuentas, la fotografía es también portadora de esencias y sentimientos.

 

Lo distintivo en el trabajo de Blez, aseguran estudios de este arte en la Mayor de las Antillas, es el uso de la luz, así como la habilidad para ocultar imperfecciones en los rostros de sus modelos, además de lograr ambientes elegantes que inspiran y nos invitan a un viaje con la historia.

 

El retrato también ocupó un lugar considerable en su quehacer artístico. En esta faceta de su carrera se observa una evolución vista a través de diferentes etapas. Sus primeras obras se distinguen por la belleza de los rostros y la expresividad de la persona fotografiada. Luego complejiza más su práctica en busca de la fotografía de glamour, donde se detiene no tanto en la expresividad, sino en la fisionomía del modelo. Asimismo, con el auge de las revistas de moda, trabaja más en el vestuario, las poses y las potencialidades expresivas del cuerpo.

 

De cabellera copiosa, alto y silueta impresionante, Blez fue el artista que nos legó un estilo, una forma de asumir la fotografía como testigo del tiempo; un hombre que nunca se cansó de afinar su olfato creativo, cuando la fama y los aplausos eran constantes en su vida. Supo siempre de la inmortalidad del conocimiento para las musas. El 7 de abril de 1974, a los 88 años de edad, abandonaba este mundo, no sin antes dejar un cúmulo de imágenes como testigo de la memoria, a la que podemos recurrir si queremos desempolvar recuerdos y vivir por instantes en el pasado.