La Biblioteca Nacional José Martí (BNCJM) es una de las subsedes de la Feria Internacional del Libro a desarrollarse en La Habana entre el 20 y el 30 de abril venideros y para la ocasión ha preparado un apretadísimo e importante cúmulo de presentaciones de libros, conferencias, un Encuentro Científico Bibliotecológico y una variada programación destinada a niños y jóvenes.

Jorge Oller: memorias de un fotorreportero, El dragón invisible, Bibliotecas y sus protagonistas, Diario “Habana 1804”: el diario original de Humboldt, escrito en La Habana, Nación, identidad cultural y soberanía en el pensamiento de José Martí, el número antológico de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí (digital e impreso), entre otros, son algunos de los textos que serán presentados en distintos espacios de la Biblioteca. También impartirán conferencias destacadas personalidades como el catedrático y periodista español Ignacio Ramonet (“La pandemia, la guerra y el ‘nuevo mundo’”) o el Doctor en Ciencias y en Ciencias Filológicas Luis Álvarez Álvarez (“Nación y soberanía en el pensamiento de Martí”) a quien está dedicada la Feria, al igual que a Alberto Prieto Rozos (Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2019 y Premio Nacional de Historia 2020).

“Todo escritor debiera tener su bibliografía, sería muy apropiado para las investigaciones literarias”.

Según se ha anunciado, el miércoles 20 de abril a las 11:00 a.m. en la Sala Teatro “Armando Hart” de la Biblioteca, se presentará una muy interesante biobibliografía dedicada al doctor Rafael Acosta de Arriba, un trabajo tejido con aguja fina, manos diestras, mirada de halcón y espíritu detectivesco: así catalogaría el resultado de esta investigación ─porque lo es─ que va más allá de un simplón rastreo o “levantamiento” de lo hecho por este intelectual cuya amplísima actividad escritural e hitos importantes de su vida profesional han sido, cuidadosamente, recogidos.

La Biobibliografía de Rafael Acosta de Arriba (Ediciones Bachiller, perteneciente a la BNCJM), consagrada a sistematizar el quehacer escritural de ese autor y que se ofrecerá en formato digital, fue realizada gracias a una confluencia de empeños: Anette Jiménez (edición y corrección), Masvidal (diseño de cubierta), Dailén Vázquez Gómez (diseño interior y maquetación), Néstor Martí (foto de cubierta) e incluye un texto del biobibliografiado (“Unas palabras agradecidas”) y a modo de prólogo la doctora Araceli García Carranza agrupó una serie de reflexiones que tituló “Una amistad y un repertorio bibliográfico: crisoles de vidas”.

La joven historiadora del arte Leybis L. Rosales Arzuaga, autora de la Biobibliografía…, reveló que el lector encontrará “alre­dedor de 1592 asientos bibliográficos, 954 activos y 638 pasivos” y enfatizó que “aparecen registrados 23 libros publicados, unas 100 colaboraciones a través de ensayos y prólogos a libros de otros autores, 122 entrevistas realizadas a él por diversos motivos y publicaciones, 236 mecanuscritos, así como 26 entrevistas realizadas por el propio autor”.

Puntualizó la autora que la Biobibliografía… registra textos aparecidos en 141 catálogos para las exposiciones de artistas nacionales y foráneos, y 354 obras en publicaciones periódicas y significó que “son muy interesantes las opiniones de otros intelectuales sobre sus libros e investigaciones, los que se pueden apreciar en la parte de la bibliografía pasiva. Autores como Cintio Vitier, Hortensia Pichardo, Jorge Ibarra Cuesta, Eusebio Leal Spengler, Reina María Rodríguez, María de los Ángeles Pereira, Norberto Codina, Rufo Caba­llero, Araceli García Carranza y otros más jóvenes, como Daniel Céspedes Góngora y Maikel José Rodríguez Calviño expresan elogiosos criterios”.

La Biobibliografía de Rafael Acosta de Arriba, consagrada a sistematizar el quehacer escritural de ese autor,
se ofrecerá en formato digital.

Con toda esa información y apoyándome en la siguiente reflexión, que es de la autoría de Rafael Acosta de Arriba, “Soy un investigador porque soy desesperadamente curioso y escri­bo para que otros puedan disfrutar de los frutos de esa curiosidad”, me lanzo a indagar sobre algunas temáticas relacionadas con la Biobibliografía… en cuestión y su posible utilidad.

Cuando uno lee los agradecimientos de Leybis Rosales se percata de que el trabajo de búsqueda y pesquisaje ha sido extremadamente intenso y exhaustivo, ¿cómo consideras que estas búsquedas enriquecen la Biobibliografía?

Esas búsquedas hicieron posible el libro. La cuestión radica en que, sin esa indagación minuciosa, tenaz y sostenida de la autora, la Biobibliografía hubiese quedado incompleta. Así y todo, hubo un grupo de textos que ella no pudo encontrar y que quedan, junto a lo nuevo que publique, para un futuro Suplemento, un repertorio que hará otro investigador que esté dispuesto a ello en el futuro.

El trabajo de Leybis ha sido muy meritorio, lo decimos al inicio del libro tanto Araceli como yo. La supervisión en todo momento de la principal bibliógrafa cubana, perteneciente a la estirpe de Fermín Peraza y Carlos Trelles, quien, además, prologó el libro, es toda una garantía de su rigurosidad y profesionalidad.

En lo personal ver reunido todo ─o casi todo─ lo que has producido en cuanto a escritura, ¿qué reflexión te mueve?, ¿ha sido acaso un autodescubrimiento?

Si, definitivamente, ha sido una sorpresa muy agradable. Ten en cuenta que Leybis compiló textos publicados que yo había olvidado por completo. Ella se remontó a los inicios y encontró cosas enterradas en el olvido que ocasiona el tiempo. Visto todo de conjunto, te aseguro que yo fui el primer sorprendido.

“Soy un investigador porque soy desesperadamente curioso y escri­bo para que otros puedan disfrutar de los frutos de esa curiosidad”.

La Doctora Araceli García Carranza ─toda una autoridad─ asegura que a pesar de la gran importancia que tienen “ya prácticamente no se elaboran biobibliografías”. Según tu opinión, ¿a qué se debe?

Las biobibliografías son productos comunicacionales e informativos que han recibido el impacto de los enormes avances en las tecnologías de punta en materia de automatización. De manera que, si antes eran gestadas y publicadas como libros impresos, hoy más bien se redactan y se publican digitalmente para la Red. Siguen siendo muy necesarias para entender una época, un evento, una tendencia literaria o a un autor, pero ya no tienen la preferencia que tuvieron en un tiempo.

De hecho, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, hacer biobibliografías ya solo se imparte como asignatura en el primer semestre del segundo curso.

La idea imperante es que hoy cualquiera puede hacer una biobibliografía, una idea que denota cierto menoscabo al género, o que, mejor pensado, hable de su democratización, pero es cierto que internet y la computación lo alteraron todo en materia de estos repertorios. Te diría que ese cualquiera, realmente no es cualquiera, no, para nada, se trata de que compilar una bibliografía no tiene mucha ciencia, aunque sí entraña mucho trabajo, la verdadera dificultad está en la capacidad de analizar una obra o un autor, es decir, lo que el investigador hará con el fruto de su compilación, ahí es donde se requiere talento e inteligencia, en la parte biográfica de la biobibliografía, en su parte analítica.

Se afirma que “esta es una biobibliografía que ha creado sus propias reglas”, ¿a qué se refiere?

Se refiere la autora a que aquí aparecen textos publicados en la Red e intervenciones mías en programas de radio y televisión, o en la Red misma (conferencias, clases, etc.), asientos bibliográficos agregados que no se contemplaban anteriormente en las biobibliografías, esa es la novedad y a la academia le parece muy importante y válido como innovación, según me manifestaron. En ese sentido, no se parece a las biobibliografías anteriores.

¿Es común o atípico que una biobibliografía incluya una memoria fotográfica?

No, al menos en Cuba. Se trata de otra innovación, aunque ya este despliegue de imágenes es más bien un añadido para mejorar la calidad informativa general del libro. Las imágenes siempre ayudan, sobre todo para marcar y graficar la evolución del biobibliografiado. En este caso, refuerza la evolución de mi trayectoria expuesta y analizada por Leybis en el texto central del libro.

La palabra impresa en sentido general está amenazada desde hace tiempo, no solo por las nuevas tecnologías,
sino por la posmodernidad misma. (…) Ese fue el tema de mi discurso de ingreso a la Academia de Historia de Cuba,
en el pasado mes de enero. Foto: Cortesía de Leybis Rosales

Tu obra poética es, quizás, la faceta menos conocida de tu producción, ¿hay algo en el tintero?, ¿preparas algo al respecto?

Hace mucho tiempo que no escribo poemas con fluidez, quizá alguno que otro texto aislado y más bien han sido por encargo. Por ejemplo, en un libro coral de poemas sobre fotografías de Roberto Chile, próximo a publicarse, hay un poema mío reciente, pero no ha sido lo usual durante mucho tiempo. Quiero, sin embargo, escribir con cierta sostenibilidad para ver si puedo armar un libro, pero hasta el momento esto que te digo es solo a nivel de deseos y planes.

La rapidez con que se vive y precipita el mundo digital puede que entrañe el riesgo de que, por ejemplo, desaparezca el género epistolar, ¿ocurrirá lo mismo con las biobibliografías?

La palabra impresaen sentido general está amenazada desde hace tiempo, no solo por las nuevas tecnologías, sino por la posmodernidad misma, por la denominada “cultura del espectáculo”, en que las culturas visuales se han ido imponiendo de manera avasalladora sobre la cultura del libro, de la palabra impresa. Es lo que George Steiner ha llamado el afterword.

Ese fue, precisamente, el tema de mi discurso de ingreso a la Academia de Historia de Cuba, en el pasado mes de enero. Ahí me extiendo en las causas y los pormenores de dicho proceso en plena evolución en el tiempo presente. Sería interesante que los preocupados por esos temas pudieran leerlo. Se sobreentiende que sí, que tanto las biobibliografías, las biografías, el género epistolar y en general toda la cultura humanística que depende de la letra impresa deben estar seriamente amenazados y más aún en el futuro inmediato. Se trata del pensamiento abstracto siendo desplazado por los productos audiovisuales, por su espectacularidad y eficacia. Pero no soy amigo de los pronósticos, así que es mejor esperar.

Esta biobibliografía va más allá de un simplón rastreo o “levantamiento” de lo hecho por este intelectual cuya amplísima actividad escritural e hitos importantes de su vida profesional han sido, cuidadosamente, recogidos.

Tu vida profesional se ha ido moviendo en varias vertientes, cuerdas, o realidades paralelas, ¿las matemáticas te han aportado algo?, ¿les debes algo?

Desde luego, les debo muchísimo. Las matemáticas ayudan al pensamiento por su capacidad de desarrollar la abstracción y el pensamiento sintético, aparentemente dos cosas situadas en las antípodas, pero que, en materia de pensar, no lo son, más bien se complementan.

En la Biobibliografía, Leybis encontró una reseña sobre la primera edición de Los silencios quebrados de San Lorenzo, en el periódico holguinero, en que el autor, un profesor de física, señalaba una parte de ese libro en la que yo comparaba el concepto de límite, perteneciente al Cálculo Infinitesimal (a su vez correspondiente al Análisis Matemático) con los procesos de revolución y revuelta en las ciencias sociales. ¡Un lector de Holguín fue quien hizo ese señalamiento, algo realmente increíble!

Y te revelo una anécdota que gira en torno a tu pregunta. Es muy ilustrativa. Cuando comencé mis indagaciones sobre Carlos Manuel de Céspedes y su tiempo, allá por la mitad de los ochenta del pasado siglo, me entrevisté con los historiadores que podían, a mi juicio, ayudarme en ese empeño. Entrevisté a varios (Julio Le Riverend, Hortensia Pichardo, Ramón de Armas, Pedro Pablo Rodríguez, Francisco Pérez Guzmán y Manuel Moreno Fraginals, entre otros) y en el primer encuentro con Moreno, este me pregunto si yo era graduado de Historia, a lo que yo respondí que no, que era graduado de Matemáticas y el eminente historiador me dijo para mi sorpresa, “ah, entonces creo que si podrás escribir tu libro sobre Céspedes”. Es una anécdota deliciosa y que retrata a un investigador de mucho reconocimiento que siempre ponderó a las matemáticas y las estadísticas como herramientas fundamentales para la indagación historiográfica.

Para concluir, te digo que todo escritor debiera tener su bibliografía, sería muy apropiado para las investigaciones literarias.

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