Recordando a Adriano Rodríguez

Jesús Gómez Cairo
27/9/2020

Hoy 27 de septiembre se cumplen 97 años del nacimiento de Adriano Rodríguez (1923-2015), uno de los más conspicuos cantantes cubanos del siglo XX, por su poderosa voz de barítono de amplio registro y timbre sin igual, y por la variedad de gran música cubana que magistralmente interpretó, desde las más folclóricas, la popular tradicional y las de género lírico, sin dejar de ser favorito en grandes cabarets y salas de concierto. Cantor fundador del Coro Polifónico Nacional, hoy Coro Nacional de Cuba.

“Adriano Rodríguez, uno de los más conspicuos cantantes cubanos del siglo XX”.
Foto: Tomada de Internet

 

Se presentó exitosamente con grandes orquestas y compañías en el país y fuera de este. En 1979 actuó en el Carnegie Hall de Nueva York con el pianista y musicólogo Odilio Urfé, con quien realizó otros numerosos conciertos interpretando las más exquisitas obras de la trova tradicional. Participó como cantante en varios filmes cubanos y extranjeros.

Jubilado en 1992, tiempo después fue “redescubierto” por el polifacético y talentoso músico y artista Edesio Alejandro, quien le incorporó a sus proyectos, esta vez haciendo los cantos tradicionales, pero tejidos dentro de obras creadas y arregladas por Edesio en originales empaques pop, rock y otros estilos de la contemporaneidad. Algo aparentemente insólito para Adriano, pero que impactó notablemente el gusto popular de públicos de varias generaciones coincidentes en el tiempo.

La colaboración artística de Edesio Alejandro y Adriano Rodríguez impactó notablemente el gusto popular.
Foto: Tomada de Internet

 

Hoy, en su honor, reproduzco una anécdota de la que fui el único testigo cubano.

Fue en 1999, cuando una pareja amiga de Hamburgo, Alemania, ella chilena, Lola, él alemán, Dollmann, nos invitaron a Adriano y a mí a acompañarles en la aventura (de ellos) de organizar un concierto para promover un nuevo sello discográfico, y que Adriano allí cantara una canción.

El espectáculo se hizo en el estudio central de la radio de Hamburgo, que resultó ser una espléndida sala de conciertos, la cual, debido a que Lola y Dollmann recababan sponsors para su proyecto, estaba esa noche repleta de personas adineradas, a juzgar por sus lujosas vestimentas, joyas y otros detalles.

El programa era muy diverso: una muestra de las músicas que el nuevo sello se proponía comercializar, complementado todo con espectaculares recursos escénicos y audiovisuales.

Habíamos escogido para Adriano la canción Germania de Sindo Garay, virtuosa en su música y letra, sobre todo en sus complejas armonías, de aliento wagneriano, sin pérdida de la natural cubanía de ese genio inmortal de nuestra trova, que la había compuesto muchas décadas antes, cuando escuchó admirado por vez primera la música de Richard Wagner.

La actuación de Adriano fue acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Hamburgo, con una versión especial de la pieza que se realizó para ese formato instrumental, pero a diferencia del resto de las presentaciones, esta fue en la escena natural, sin oropeles, iluminada con la misma blanca luz que al resto de la sala. 

Estaba él sentado desde el comienzo en la primera fila, a solo unos pasos del escenario. Yo hice su presentación y al ponerse de pie un murmullo recorrió la sala. A pesar de su avanzada edad, aquel negro imponente por su gran estatura y complexión, totalmente vestido de blanco, con gran elegancia en su andar y sugestiva sonrisa, era algo de admirar aún sin haber cantado una nota.

Hizo Adriano su canción, y al terminarla reinó en el recinto el más absoluto silencio, pero solo por unos segundos, transcurridos los cuales una salva de aplausos y vítores levantó a todos de sus asientos y así nos mantuvimos por un tiempo que parecía interminable. Nada de esto ocurrió en las actuaciones anteriores ni posteriores. No puedo ocultar que mientras aplaudía frenéticamente las lágrimas se deslizaban por mi rostro, por su parte él sonreía con la inocencia de un niño. Así fue Adriano Rodríguez.

Entre otros valiosos reconocimientos le fueron otorgados el Premio Nacional de Música y la Medalla Alejo Carpentier.