Tuve la suerte de asistir a la premier del documental Retorno, de la famosa actriz Blanca Rosa Blanco. Es una pieza fílmica que debería ver todo cubano, dentro y fuera de Cuba, por su belleza intrínseca y su amor por lo raigal y auténtico de nuestra cultura. Trata sobre el retorno a Canarias de los “indianos” que vinieron desde sus tierras insulares a la isla mayor del Caribe, y luego retornaron, ricos o no, a las siete Islas Canarias.

“Este documental es una joya: emotivo y simpático, festivo y reflexivo, con elementos que tienen que ver con la economía y con la cultura entre nuestras islas”.

Se centra en una fiesta popularísima en La Palma, la Isla Bonita; retrata esa tradición festiva y no cae en la exaltación turística (que muy hermosa es la isla para esa tentación) ni en una descripción folclorista más o menos dichosa. Blanca Rosa Blanco, con ojo de cubana, aprecia una suerte de carnaval cuyo eje consiste en la tradición más que centenaria de exaltación de hitos de la cultura cubana convertidos en fiesta de blanca ropa y profusión de lanzamiento de talco a diestra y siniestra.

Para el grave asunto de la emigración y para los cubanos que tenemos orígenes familiares en Canarias (yo los tengo en La Gomera) este documental es una joya: emotivo y simpático, festivo y reflexivo, con elementos que tienen que ver con la economía y con la cultura entre nuestras islas. Retorno es un filme que ofrece 52 minutos de estricto y fino placer, sin sombra de mal gusto que a veces abunda en otros documentales; lleno de una espiritualidad que rememora el regreso de los hombres y mujeres que habían emigrado hacia Cuba a fines del siglo XIX y principios del XX.

Retorno es un filme que ofrece 52 minutos de estricto y fino placer”.

La entrevista a la destacada poeta y editora Elsa López es ejemplar del género. Resulta muy hermoso ver cómo el recuerdo de Cuba, las banderas cubanas y otras tradiciones, incluso con pinceladas gastronómicas (unos bellísimos frijoles negros servidos con deleite), refuerzan desde La Palma el amor por nuestros ancestros y por la isla maravillosa que habitamos.

Blanca Rosa Blanco merece que este filme suyo se difunda ampliamente, por su logro estético, pero sobre todo por su valor humano. Ella logró concentrar una intensidad narrativa que a primera vista pareciera “ligera”, porque los momentos emotivos se sobreponen a los reflexivos, pero estos últimos resultan triunfantes. Todo el filme es una mirada contemplativa y a la vez activa sobre la emigración de cualquier tiempo, y a la vez, sobre el resguardo de las tradiciones y las cercanías de pueblos distintos que poseen raíces comunes. Texto y contexto se funden con gracia y alegría, lo cual ofrece un resultado grato de ver, de excelente factura fílmica.

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