Retrospectiva de Estela Bravo enaltece aportes al cine cubano

Joel del Río
20/2/2019

Muchísimos cubanos recordamos el enorme impacto, político y emocional, que provocaron en Cuba Los que se fueron (1980) y Los Marielitos (1983). Ambos documentales reconocían ciertos matices de la emigración que todavía, en aquellos años, aparecían excepcionalmente en los medios cubanos, ocupados en satanizar abiertamente a todo aquel que decidiera vivir en el extranjero. Desde entonces, Estela Bravo se transformó, mediante un cine documental afianzado en la entrevista inteligente y el ennoblecimiento del reportaje televisivo, en testigo excepcional de grandes acontecimientos históricos sobre todo en Cuba; pero también atendió la proyección de tales sucesos en Estados Unidos, América Latina y África.

 Una realizadora dedicada a graficar, durante más de cuarenta años, sus testimonios audiovisuales
abiertamente comprometidos con el ideario de justicia, equidad y libertad.

 

La Sala 4 del Multicine Infanta será sede, del 20 de febrero al 3 de marzo, de una Retrospectiva Homenaje —la más amplia que se ha presentado en Cuba pues está conformada por 18 documentales, divididos en 10 programas— de la reconocida guionista y documentalista estadounidense, una realizadora dedicada a graficar, durante más de cuarenta años, sus testimonios audiovisuales abiertamente comprometidos con el ideario de justicia, equidad y libertad. Tales ideales se verifican en la perspicaz selección de personajes y testimonios en documentales tan recordados como Niños deudores (1985), que junto con Niños desaparecidos (1985) pudieran integrar un díptico sobre la realidad latinoamericana que por ese entonces salía, muy lentamente, de la larga noche de las dictaduras militares instauradas en los años sesenta y setenta.

Enorme nostalgia puede provocar, por muchísimas razones, que los espectadores vuelvan a Silvio y Pablo en Argentina (1984), hermosa crónica sobre la primera actuación en Buenos Aires de los cantautores emblemáticos de la Nueva Trova cubana. Y también emociona, al tiempo que nos permite comprender ciertas realidades sobre lo que fue Chile, y lo que ha representado la Iglesia católica de antes y de ahora, El Santo Padre y la gloria (1987), que también comenta múltiples matices de la realidad latinoamericana, y la complejiza, en lugar de ignorar lo que se distancia de la ideología del documentalista. El documental profundizaba en ciertas noticias, inadvertidas por los grandes medios, sobre la visita del pontífice Juan Pablo II a Chile y su encuentro con la joven que sobrevivió a las quemaduras infligidas por los sicarios de Pinochet.

Aunque la década de los ochenta fue sin dudas la mejor en la filmografía de Estela Bravo, en los años noventa su obra continuó en un lugar destacado gracias a la eficacia comunicativa, y al aporte del saldo emocional, o el enfoque singular, en las historias de vida de algunos de los grandes iconos de la política mundial a finales del siglo XX como el líder sudafricano Nelson Mandela, quien es protagonista, o personaje fundamentalísimo en tres documentales: Cuba–Sudáfrica, después de la batalla (1991), Mandela en Cuba (1991) y Mandela y Fidel (2013).

También en los años noventa destacan Miami–La Habana (1994) y Los excluibles (1997) emotivas exploraciones de la división de las familias cubanas a ambos lados del estrecho de la Florida, y que por tanto pueden verse como secuelas, o continuaciones, de sus impactantes documentales de los años ochenta sobre la emigración cubana, en tanto resalta el costado humano del tema: las ilusiones perdidas de miles de cubanos encerrados en cárceles norteamericanas.

Estela Bravo ha conquistado un espacio en la cultura y en el cine cubano, y ha
llevado la imagen de la nación cubana por todo el mundo.

 

Diversas opiniones y gran cantidad de testimonios de diverso signo incluye Fidel (2001) que celebraba el cumpleaños 90 del líder de la Revolución a través de  las voces, entre otros, de Gabriel García Márquez, Harry Belafonte y Alice Walker. ¿Quién soy yo? Los niños encontrados de Argentina (2007), recibió el Premio Coral al Mejor Documental en La Habana, y se exhibió con éxito en Toronto y Río de Janeiro. Operación Peter Pan (2008) profundiza en el tema tratado en documentales anteriores, y profundiza en el costo humano del envío masivo de niños cubanos hacia Estados Unidos, para protegerlos de la supuesta pérdida de la patria potestad. Gema de Cuba (2017) es la historia de amor de Adriana Pérez y Gerardo Hernández, uno de los Cinco Héroes cubanos, y además pormenoriza el proceso que llevó hasta el nacimiento de la hija de ambos, en enero de 2015.

Nacida en Nueva York, en 1933, y radicada en Cuba desde principios de la Revolución, Estela Bravo se casó con el argentino Ernesto Bravo, formador de varias generaciones de médicos cubanos y colaborador de la obra documental de su esposa; que ha conquistado un espacio en la cultura y en el cine cubano, y ha llevado la imagen de la nación por todo el mundo, incluidas las más importantes televisoras del orbe, como  PBS (EE.UU.), CBC (Canadá), Ch4 (UK), RAI (Italia), Canal Plus y Ch3 (Francia), entre muchas otras europeas y latinoamericanas. Retrospectivas de sus documentales han tenido lugar en varias ciudades como Madrid, Estambul y Londres.

 Ernesto Bravo, esposo y cómplice, junto a Estela.
 

Precisamente en Londres, su obra fue presentada por el National Film Theater de Londres y la reconocieron como una de las más destacadas documentalistas del mundo. Seguramente tuvieron en cuenta el enorme valor testimonial y la eficacia periodística, comunicativa e ideológica de sus mejores obras, siempre comprometidas con los grandes ideales del progreso que seguirán alentando a muchísima gente.