Sobre un protagonista del filme Parásitos

Jorge R. Bermúdez
24/2/2020

El pasado viernes, en el espacio de la televisión nacional La 7ma. Puerta, que conduce el periodista Rolando Pérez Betancourt, se proyectó el filme Parásitos, del director surcoreano Bong Joon-ho. El filme en cuestión, es una muy lograda metáfora audiovisual de las aspiraciones y contradicciones que aún anidan, veladas o no, entre los miembros de las clases más pobres y las más altas de la sociedad capitalista. Pero igual de interesante resulta que una lucha de clases ya secular, que tanta tinta y rollos de película ha gastado, en esta ocasión sea capaz de desencadenar un desenlace fatal que tiene entre sus protagonistas centrales una de las tecnologías icono de la comunicación contemporánea, el teléfono móvil.

Escena del filme surcoreano Parásitos. Foto: Internet
 

Es más que notorio, que el teléfono fijo ya tenía un destacado papel en la historia del cine; pero, a mi entender, no es hasta Parásitos, que le ha llegado su relevo, al cederle a su vástago más adelantado, el teléfono móvil ―con todas sus aplicaciones conocidas―, presencia tan desencadenante en términos dramatúrgicos y fílmicos.

En una ocasión, en una conferencia que impartí en el Instituto Superior de Diseño de La Habana, le hice la siguiente pregunta al auditorio: ¿Cuál habría sido el desenlace final del drama Romeo y Julieta de William Shakespeare, de existir entonces el móvil? A lo que una alumna sugirió: “El mismo, al quedarse sin cobertura Julieta dentro de la tumba”. Correcto; sin cobertura, el final no se alteraría. Pero, con móvil, no habría tenido sentido escribir tal historia de amor, decirse los futuros amantes las bellas palabras que se dijeron aquella noche gloriosa en el balcón, entre muchas otras situaciones de la trama. Otro tanto sucedería con Parásitos, de no existir aún el móvil ¿De qué otra forma podría haberse hecho dueña de la situación la sirvienta despedida, de no mediar entre ella y sus posibles victimarios la posibilidad de enviar el revelador mensaje con solo apretar un botón? En consecuencia, Romeo y Julieta es lo que es, porque en su época no existía el móvil. Y Parásitos se ha llevado el Oscar, porque a la par de otros valores del filme, hizo un justo y decisivo uso de un objeto tecnológico que, sin importar edad ni clase social, se ha convertido en una verdadera extensión de nuestros sentidos, ¡el ya imprescindible teléfono móvil!

Las grandes obras del genio humano son tan hijas de su tiempo, que se hacen ejemplares para todos los tiempos. No me canso de decirlo: el ser humano solo acumula experiencia tecnológica y científica. En cuanto a los sentimientos, es el mismo y otro. Esto explica el valor intemporal de las grandes obras de la literatura y el arte. De ahí que aún disfrutemos con emociones parecidas dos obras tan distantes en el tiempo y en el tema, como Romeo y Julieta y Parásitos.