Año IX
La Habana
2010

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Adalberto Álvarez
Gozando en La Habana
Joaquín Borges-Triana • La Habana
 

No soy un individuo propenso al baile, más bien creo que clasifico en la categoría de “patón” y ni tan siquiera puedo afirmar que consuma mucha música destinada a mover los pies. No obstante esa condición, siempre he sabido apreciar lo bueno que en tal sentido se factura y, por ello, entre los músicos cubanos por los que experimento mayor respeto, figura Adalberto Álvarez. 

Aunque hay quienes piensan en él a partir de que en 1979 publicara el disco A Bayamo en coche, un álbum que ha resistido la prueba del tiempo y a más de 30 años de editado mantiene absoluta vigencia, la historia de Álvarez como singular compositor y arreglista, se inicia cuando el Conjunto Rumbavana monta varias de sus piezas, por ejemplo, “Sobre un tema triste”, “Realidad y solución” y el título más conocido de aquel momento iniciático, “El son de Adalberto”. 

Dueño de una sólida formación académica como músico, este creador ha dedicado toda su vida a preservar nuestra más rica tradición sonera. Uno de los últimos trabajos que Adalberto ha entregado a sus numerosos admiradores, es el CD Gozando en La Habana y que salió al mercado a través del sello Bis Music, compañía editora de los últimos álbumes de Álvarez (Para bailar casino, en 2003, y Mi linda habanera, en 2005). 

En el CD correspondiente al 2008 y que es el que hoy reseño, encontramos diez temas de clara orientación bailable que hacen un recorrido por varios géneros de la música cubana. Del repertorio registrado en la grabación, ocho pertenecen a la rúbrica del propio Adalberto, uno se acredita a Benigno Echemendía y otro corresponde a la autoría del violinista Dagoberto González Piedra. 

En opinión de muchos bailadores, lo mejor que tiene este álbum es la

cadencia montunera que se respira en el disco y que inevitablemente te empuja a bailar. Creo que lo antes expresado se ejemplifica muy bien en el corte “Camina y prende el fogón”, magnífica versión sobre ese clásico de Benigno Echemendía, y que me resulta uno de los momentos cumbres del fonograma, en el que Adalberto Álvarez persiste en la utilización de los signos característicos de su quehacer. 

En correspondencia con lo anterior, por una parte sentimos la permanente presencia del énfasis de lo bailable, con ecos de Arsenio Rodríguez y de Chapotín en las orquestaciones, así como de Lilí Martínez en el desempeño pianístico, y por otra, ahí está la huella de la trova tradicional, en especial de figuras como Manuel Corona y Sindo Garay. 

Pero lo atractivo de este creador viene dado en que él no solo maneja los elementos antes acotados, sino que a ellos agrega, de forma sutil, pero perceptible al oído entrenado, figuraciones del jazz latino y pinceladas de la salsa neoyorquina y hasta de cierto aire timbero, cóctel que lo ha llevado a ser uno de nuestros compositores vivos más versionados fuera de las fronteras cubanas, tal vez porque resuelve como nadie la dicotomía de hacer música que sirva tanto para bailar como para escuchar. 

Entre los temas que recomiendo no perderse en Gozando en La Habana están “Hasta aquí llegó este amor”, un bolero-son que evoca el sonido Chapotín; “Aprende muchacho”, suerte de tributo de Dagoberto González a la Orquesta Aragón; “Amor de mentira”, “La manía de Caridad” y “Si no vas a bailar”, tres deliciosas guarachas con destaque para los cantantes; y, por supuesto, ese popurrí que hace revivir memorables piezas como “Son para un sonero” y “El son de Adalberto”. 

En una evaluación general de este disco del llamado “Caballero del son” hay que decir que él sabe muy bien lo que se trae entre manos y consigue traer a nuestros días los secretos de la tradición, pero reelaborados para que no sean vistos como cosa antigua o pasada de moda sino en plena sintonía con el ambiente sonoro vivido en el presente. De ahí que Gozando en La Habana resulte, como fonograma, una propuesta sumamente recomendable, al margen de que ya tenga dos años de haber sido publicado.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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