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Primeros recuerdos
Hay
cosas que yo no me explico en la vida.
Todo eso que tiene que ver con la
Naturaleza para mí está muy oscuro, y lo
de los dioses más. Ellos son los
llamados a originar todos esos fenómenos
que uno ve, que yo vide y que es
positivo que han existido. Los dioses
son caprichosos e inconformes. Por eso
aquí han pasado tantas cosas raras. Yo
me acuerdo de antes, en la esclavitud,
yo me pasaba la vida mirando para
arriba, porque el cielo siempre me ha
gustado mucho por lo pintado que es. Una
vez el cielo se puso como una brasa de
candela y había una seca furiosa. Otro
día se formó un eclipse de sol. Empezó a
las cuatro de la tarde y fue en toda la
Isla. La luna parecía que estaba
peleando con el sol. Yo me fui dando
cuenta de que todo marchaba al revés.
Fue oscureciendo y oscureciendo y
después fue aclarando y aclarando. Las
gallinas se encaramaron en los palos. La
gente no hablaba del susto. Hubo quien
se murió del corazón y quien se quedó
mudo.
Eso
mismo yo lo vide otras veces, pero en
otros sitios. Y por nada del mundo
preguntaba por qué ocurría. Total, yo sé
que todo eso depende de la naturaleza.
La naturaleza es todo. Hasta lo que no
se ve. Y los hombres no podemos hacer
esas cosas porque estamos sujetos a un
Dios: a Jesucristo, que es del que más
se habla. Jesucristo no nació en África,
ese vino de la misma Naturaleza porque
la Virgen María era señorita.
Los
dioses más fuertes son los de África. Yo
digo que es positivo que volaban. Y
hacían lo que les daba la gana con las
hechicerías. No sé cómo permitieron la
esclavitud. La verdad es que yo me pongo
a pensar y no doy pie con bola. Para mí
que todo empezó cuando los pañuelos
punzó. El día que cruzaron la muralla.
La muralla era vieja en África, en toda
la orilla. Era una muralla hecha con
yaguas y bichos brujos que picaban como
diablo. Espantaron por muchos años a los
blancos que intentaban meterse en
África. Pero el punzó los hundió a
todos. Y los reyes y todos los demás se
entregaron facilito. Cuando los reyes
veían que los blancos, yo creo que los
portugueses eran los primeros, sacaban
los pañuelos punzó como saludando, les
decían a los negros: “Anda, ve a buscar
pañuelo punzó, anda.” Y los negros
embullados con el punzó corrían como
ovejitas para los barcos y ahí mismo los
cogían.
Al
negro siempre le ha gustado mucho el
punzó. Por culpa de ese color les
pusieron las cadenas y los mandaron para
Cuba. Y después no pudieron volver a su
tierra. Esa es la razón de la esclavitud
en Cuba. Cuando los ingleses
descubrieron ese asunto no dejaron traer
más negros y entonces se acabó la
esclavitud y empezó la otra parte: la
libre. Fue por los años ochenta y pico.
A
mí nada de eso se me borra. Lo tengo
todo vivido. Hasta me acuerdo que mis
padrinos me dijeron la fecha en que yo
nací. Fue el 26 de diciembre de 1860, el
día de San Esteban, el que está en los
calendarios. Por eso yo me llamo
Esteban. Mi primer apellido es Montejo,
por mi madre, que era una esclava de
origen francés. El segundo es Mera. Pero
ese casi nadie lo sabe. Total, para qué
lo voy a decir si es postizo. El
verdadero es Mesa, lo que sucedió fue
que en el Archivo me lo cambiaron y lo
dejé así, como yo quería tener dos
apellidos como los demás, para que no me
dijeran “hijo de la manigua”, me colgué
ese y ¡cataplum! El apellido Mesa era el
de un tal Pancho Mesa que había en
Rodrigo. Según razón, el señor ese me
crió a mí después de nacido. Era el amo
de mi madre. Claro que yo no vide a ese
hombre nunca, pero sé que es positivo
ese cuento porque me lo hicieron mis
padrinos. Y a mí nada de lo que ellos me
contaban se me ha olvidado.
Mi
padrino se llamaba Gin Congo y mi
madrina, Susana. Los vine a conocer por
los años noventa, cuando la guerra
todavía no había cuajado. Me dio la
contraseña un negro viejo que había en
el mismo ingenio de ellos y que me
conocía a mí. Él mismo me llevó a
verlos. Me fui acostumbrando a
visitarlos en la Chinchila, el barrio
donde ellos vivían, cerca de Sagua la
Grande. Como yo no conocía a mis padres,
lo primero que hice fue preguntar acerca
de ellos. Mi padre se llamaba Nazario y
era lucumí de Oyó. Mi madre, Emilia
Montejo. También me dijeron que ellos
habían muerto en Sagua. La verdad es que
yo hubiera querido conocerlos, pero por
salvarme el pellejo no los pude ver. Si
llego a salir del monte, ahí mismo me
hubieran agarrado.
Por
cimarrón no conocí a mis padres. Ni los
vide siquiera. Pero eso no es triste
porque es la verdad.
Fragmentos de Biografía de un
cimarrón
Miguel Barnet:
(1940)
Escritor, etnólogo, poeta.
Es graduado del Primer Seminario de
Etnología y Folklore impartido por el etnólogo y
musicólogo Argeliers León en 1960.Con 21 años de edad
formó parte del grupo fundador de la Academia de
Ciencias de Cuba e integró el primer equipo de trabajo
de su recién creado Instituto de Etnología y Folklore.
En 1995, crea la Fundación Fernando Ortiz, de la que es
Presidente.
En 1966 publica su libro Biografía de un cimarrón.
Su bibliografía exhibe los siguientes títulos: La
piedra fina y el pavorreal, Isla de güijes, La sagrada
familia, Orikis y otros poemas, Carta de noche, Mapa del
tiempo, Viendo mi vida pasar, Con pies de gato y
Actas del final (poesía). Autógrafos cubanos, La
fuente viva y Cultos afrocubanos (crónica,
ensayo, monografía). Akeké y la jutía (fábulas
cubanas). Biografía de un cimarrón, Canción de Rachel,
Gallego, La vida real y Oficio de ángel
(novelas–testimonio).
Ha escrito guiones de varios documentales
cinematográficos y de los conocidos largometrajes
cubanos Gallego, basado en su novela homónima, y
La Bella del Alhambra, inspirado en su novela
Canción de Rachel y premiado en el Festival
Internacional de Cine de La Habana, así como en otros
certámenes internacionales. Ha participado en congresos,
eventos literarios, recitales de poemas de su propia
obra, y ha impartido conferencias en universidades de
Europa, Estados Unidos, América Latina y África.
En 1996 recibe el título de Máster en Historia
Contemporánea que otorga la Universidad de La Habana, y
en febrero de 1997, a propuesta de la mencionada
institución de altos estudios, la Comisión Nacional
Cubana de Grados Científicos le otorgó el título de
Doctor en Ciencias Históricas.
Ha recibido numerosas distinciones en Cuba y en el
extranjero, entre las cuales destacan:
Premio Nacional de Literatura, 1994.
Distinción por la Cultura Nacional.
Medalla Alejo Carpentier.
La Giraldilla de La Habana.
La orden Félix Varela de Primer Grado.
La distinción Juan Gualberto Gómez.
Premio García Lorca» de Andalucía, España.
Medalla de la Ciudad de Colonia, Alemania. |