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El añorado encuentro
de Miriam Ramos y Ernán López Nussa

Guille Vilar • La Habana

Entre nuestro vasto y enriquecedor patrimonio musical, no son pocos los artistas con los cuales tenemos una eterna deuda de agradecimiento. Cada nueva propuesta de semejantes personalidades, la recibimos como un obsequio inesperado que nos convierte, una y otra vez, en creyentes del mensaje de belleza que encierra una sólida obra musical. Uno de estos casos es la cantante Miriam Ramos quien, con una extensa obra, matizada por innumerables momentos cimeros, tiene su nombre impreso con letras doradas en la historia de la música. El más reciente aporte de Miriam a nuestro enriquecimiento espiritual ha sido la grabación de un magnífico disco  dedicado a la presencia de la canción de nuestro país en diferentes espacios de tiempo. Se trata del CD Miriam Ramos: La canción cubana (Sello Colibrí), álbum que —concebido como trilogía— está conformado por tres discos que hacen referencia a etapas decisivas en la evolución de dicho género. El primero se llama De la tradición y justamente recoge clásicos de la trova tradicional de Miguel Matamoros, Sindo Garay o Manuel Corona, canciones en donde Miriam se hace acompañar por el laudista Barbarito Torres y su grupo. El segundo disco se titula Entre 1948 y 1960, periodo donde se concibieron obras de gran calidad a cargo de figuras como José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz y Marta Valdés a quienes  el pianista Ernán López Nussa  con su trío otorga una contemporaneidad afín al innovador aliento interpretativo de Miriam. 

Finalmente, el disco dedicado a temas de la Nueva Trova compuestos por Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola o Gerardo Alfonso, se nombra Entre 1962 y 2002 y es el pianista Rolando Luna el encargado de compartir con Miriam este recorrido por lo más actual de la cancionística cubana.  

Sin embargo, en esta oportunidad no vamos a hacer referencia a los tres discos, que cualquiera de ellos promete ser memorable, sino específicamente al segundo, a propósito de su presentación en un concierto que tuvo lugar el pasado 15 de noviembre en el teatro Amadeo Roldán. 

Es una verdadera suerte contar entre nosotros con seres de la sensibilidad de Miriam. Sus interpretaciones de piezas como “Es nuestra canción” de Portillo de la Luz o “Quiéreme y verás” de José Antonio Méndez, evocaron el resplandor de lo hermoso con una distinción tal que jamás será empañado.  

Dueña absoluta del sacerdocio que significa concebir profesionalmente la entrega de una interpretación, cada pieza es asumida con todo el rigor e intensidad como si hubiera sido la única de la noche o mejor dicho, como la última que podría cantar en su vida, tal es la sinceridad de ese potencial expresivo en Miriam para trasmitir emociones. 

En cuanto al desempeño de Ernán, es la propia cantante quien con sus palabras en este dialogo realizado por separado, nos revela la dimensión de otro de nuestros grandes,  al convertirlo en una franca y amena conversación donde el cariño de tan larga amistad aparece sustentado por la admiración y el respeto que cada uno profesa por el otro: 

Miriam: "Cuando comencé a pensar en este proyecto completo —es decir, los tres discos— quise que cada uno tuviera su característica sonora. El segundo CD de la trilogía era sin duda muy delicado porque el repertorio, como el subtítulo lo indica, abarca temas comprendidos entre los años 1948 y 1960 y en estos años se hicieron en Cuba canciones de gran calidad, muchas de las cuales ya no se cantan. Por ejemplo, este es el caso de “Milagro de amor”, composición de René Touzet muy escuchada por aquel entonces en la versión de Vicentico Valdés; de “Sufre más” de José Antonio Méndez, canción que me aprendí durante la época de estudiante del preuniversitario en la voz del chileno Lucho Gatica o “Añorado encuentro”, obra de Piloto y Vera, por supuesto mucho más conocida que las otras dos. Siempre pensé en este 2do CD con la sonoridad del clásico trío de jazz, es decir, piano, contrabajo y batería. Me pareció la mejor manera de recordar esta época en la trilogía, aun cuando los temas no fueran concebidos por sus autores de un modo jazzístico.  Y Ernán era el músico indicado para este disco... bueno, la verdad es que lo es para cualquier cosa que uno quiera hacer con seriedad y profesionalismo. Me da una satisfacción enorme que le haya interesado el proyecto desde que se lo planteé. 

Ernán: “Me da temor asumir obras por encargo, pero Miriam ya tenía adelantado el camino de por dónde debían de ir las canciones. Se trata de un proyecto musical concebido a partir del jazz, incluso con una base cubana, pero matizado por el jazz. Son canciones con un tratamiento a partir de un pequeño formato instrumental de jazz, pero que en esencia, continúan siendo las mismas y a la vez manifiestan este otro enfoque. De todos modos, las canciones de por estos años, tienen una estrecha relación con la atmósfera del jazz: es la época de las Big Band de los 50 y del filin en los 60. Obviamente, no  es pretender llevar a dicho contexto piezas de Miguel Matamoros o Sindo Garay. Se trata de un proceso mucho más factible de acoplar. 

Miriam: “Cuando comenzamos a trabajar, la química fue perfecta. A pesar de que estaba segura que él iba a escribir cosas muy hermosas, lo cierto es que fue mucho más allá de lo que me esperaba. A la hora de la ejecución en el estudio de grabación, no hubo ni un solo instante en que no me provocara una emoción extrema. Fue simplemente insuperable.” 

Ernán: “El disfrute de este resultado es como componer una obra por primera vez. Disfruto mucho el arreglo y que me salga tan orgánico como si yo la hubiera compuesto. Pero para eso tengo que apropiarme de la canción, para entonces hacer el arreglo. Fue un trabajo donde tanto Miriam como yo trabajamos codo a codo, muy parejo. Este buen resultado comienza con la selección de las canciones y saber como interpretarlas. Por ejemplo, ahí tienes la versión de “La Flor de la Canela” por Bola de Nieve. Convirtió a esta conocida canción en su gran obra. En tal sentido, con la pieza “Demasiado que pedir” de Marta Valdés se alcanzó una comunicación entre nosotros dos, verdaderamente notable.”  

Miriam: “Asumimos el trabajo con un amor enorme y con una gran entrega: eso siempre da buenos resultados. Ernán es un músico profundo, elegante y muy refinado además de sentir una veneración por la música que no deja espacio para "el relleno". Sencillamente, con él se trabaja a las mil maravillas. Y por si fuera poco, allí estaban otros músicos de altísima talla como el contrabajista Gastón Joya (hijo) y el baterista Enrique Plá... ¡fabulosos!  De invitado especial, el magnífico Chicoy a la guitarra en un par de temas y con la percusión de Tomás Ramos. ¿Qué más puedo pedir?  

Ernán: “No cualquiera puede entender la música que está apoyando una canción, decir esa canción. Se requiere de un nivel intelectual adecuado. Y Miriam y yo estamos muy conectados intelectualmente. Tenemos mucha afinidad. Aunque de todos modos, no imaginamos que el nivel de compromiso iba a crecer tanto en este proyecto. Teníamos una dimensión de la obra en su conjunto, pero no de un terminado tan alto como quedó definitivamente la grabación del disco.

Es uno de los trabajos de mayor rigor en mi trayectoria. Eso no se puede prever. Hay cosas que quedan fuera de ti. Estoy muy complacido.”

 

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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