Año IX
La Habana
2010

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
 
SALÓN ROSADO DE LA TROPICAL

¡Ya era hora: y por todo lo alto!

Guille Vilar • La Habana

Fotos: Ricardo López Hevia
 

Como un cubano más, me complace mucho admirar las múltiples reacciones que manifestamos al ser parte de un conglomerado humano. Resulta muy contagioso disfrutar de un espectáculo humorístico en cualquiera de nuestros teatros, por la singular atmósfera de hilaridad compartida como emocionante hasta los tuétanos puede llegar a ser el hecho de coincidir en toda una multitud para reafirmar los principios que nos sostienen como nación. Y esa misma sensación de hermandad multiplicada hasta el infinito es la que colmó todo mi ser el pasado domingo, durante la reapertura del Salón Rosado de la Tropical al concordar con el musicólogo Radamés Giro por su elocuente expresión que da título a la presente crónica. Participar en este país de un bailable, es uno de esos momentos sublimes que constituyen un privilegio, incluso para los cubanos; pero sobre todo si lo hacemos al ritmo de la música de Adalberto Álvarez y su Son, emblemática orquesta cubana. Los bailables representan la plasmación concreta de uno de aquellos rasgos de nuestra identidad que todos portamos con orgullo entre las diversas manifestaciones de la música popular.

Sin embargo, este legendario templo del bailador que ha sido el Salón Rosado, llegó a estar en tan deplorable estado como centro de servicio público que solo por la persistencia de personalidades como el propio Adalberto junto con Juan Formell como director de Los Van Van, se evitó que dicha instalación no fuera cerrada. Llegado el momento y por encima de dificultades como montañas, el Ministerio de Cultura y sus distintas dependencias, realizaron una fuerte inversión que al cabo de cinco meses, le ha otorgado, definitivamente, el esplendor merecido.

El escenario remozado con un sistema digital de luces y un sonido de última generación entre otras tantas transformaciones, hacen del Salón Rosado de la Tropical, mucho más que esa definición que siempre lo ha distinguido como el termómetro que mide el verdadero arraigo de una orquesta entre la población. Ahora es como la entrada a un lugar de ensueños, donde el mayor bienestar está concebido desde el mayor respeto tanto hacia el músico como al bailador.

Después de dos horas de una agotadora presentación en esta memorable fecha para la cultura cubana, Adalberto Álvarez asume la esencia del mensaje implícito de ¿Y qué tú quieres que te den?, uno de los clásicos del repertorio de Adalberto Álvarez y su Son, al confesarnos desde lo más profundo de su alma:

“Aquí viene la gente de a pie, la gente más humilde y a ellos hay que darles todo. Son los que mantienen vivo este país. Hay otras plazas como las Casas de la Música, pero es otro tipo de público. Es la primera vez que se le presta la atención debida a un género tan importante en Cuba como la música bailable. Este es un pueblo bailador y en ese sentido, no hay otra opción: lo mejor para ellos”, concluye el maestro emocionado.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600