Año IX
La Habana
2010

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Las hermanas Giral en el recuerdo
Josefina Ortega • La Habana

Miro sus rostros y pienso:

Cristina tenía 28 años; Lourdes, 21. Gustaban de las canciones del chileno Lucho Gatica, los ritmos de la cubanísima Aragón y los paseos por el Prado de su natal Cienfuegos.

“Sin embargo —me contó dos décadas atrás Arnaldo Giral— lo que preferían mis hermanas era ir a la playa: al Rancho Luna, al Club de cazadores y al Yacht Club”.

“Ellas estaban muy compenetradas, pese a sus caracteres diversos — Cristina, reservada en extremo; Lourdes, toda vivacidad— atributos motivados en buena medida por la diferente educación que recibieron. Cristina estudió en El Apostolado, en un ambiente riguroso; en cambio, Lourdes, Maruca, como le llamábamos, lo hizo en las Dominicas Americanas, donde imperaba una atmósfera más liberal”.

En 1951 Arnaldo, en busca de horizontes más amplios, se instaló en la capital. Tres años después, Lourdes, la más arriesgada, decidió acompañarlo y a poco, ya trabajaba en las oficinas de la Concretera Nacional, de Infanta y 23. En el 58, Cristina siguió sus pasos.

“Eran tan emprendedoras aquellas muchachitas…”

Las palabras de este hombre ya encanecido me conmueven y me pregunto, mientras él sigue buscando en sus recuerdos:

¿Qué habrán pensado estas jóvenes cuyas imágenes tengo ante mí cuando llegaron a su hogar aquel domingo 15 de junio de 1958, del que nos separan más de medio siglo?

Cristina Giral Andreu

Sin mediar provocación alguna

Eran cerca de las ocho de la noche. Al instante ellas se percataron de que la puerta de su apartamento había sido forzada, por lo que decidieron averiguar con los vecinos sobre lo sucedido.

Fue entonces que los asesinos, sin mediar provocación alguna, sin preguntar siquiera o tratar de detenerlas para inventar una acusación cualquiera, abrieron fuego contra ellas en el pasillo. Después sus cuerpos fueron arrastrados por la escalera hacia la planta baja.

Este crimen estaba fuera de toda calificación. La acción de los esbirros contra las indefensas muchachas, respondía al miedo de aquellas bestias que, desesperadas ante el avance incontenible de la Revolución, no vacilaban en matar a sangre fría, sin causa alguna que lo argumentase.

Lourdes y Cristina no eran ajenas al proceso de radicalización revolucionaria que vivía nuestro pueblo. Desde la Resistencia Cívica, luchaban contra la dictadura batistiana.

“Yo notaba en ellas algo extraño, pues tan abiertas conmigo anteriormente —me confesó Arnaldo— no me dejaban mirar ahora en sus gavetas. ‘No, no registres ahí, mi hermano’, me decían. Además, en su primera vivienda de La Habana, en horas de la noche, se celebraban reuniones. Pero ellas eran en extremo discretas, y jamás me dijeron de sus actividades revolucionarias.”

Luego de la huelga del 9 de abril de 1958, en cuya preparación participaron, decidieron dejar la casa donde vivían por considerarla poco segura. Se mudaron para el apartamento 42 del edificio de 19 y 24, en el Vedado.

¡Quién les diría que allí encontrarían la muerte!

Maria de Lourdes Giral Andreu

Nos despedimos con un beso

El apartamento 41 muy pronto albergaría a un grupo de estudiantes. En verdad, eran los integrantes de la Dirección Nacional del Directorio Revolucionario 13 de Marzo.

Entre ellos y las hermanas Giral no se estableció nexo directo alguno. Sin embargo, en más de una ocasión, se ha comentado, una sorda complicidad se formó entre ellos, por la sospecha, en unas y otros, de que todos eran conspiradores.

El 13 de junio de 1958 se realizaba en el apartamento 41 una reunión donde se acordó efectuar ese mismo día, por la tarde, un atentado al ministro de Gobernación Santiago Rey. Sin embargo, el hecho ocurrió sin mayores consecuencias, solo uno de los proyectiles alcanzó el rostro del politiquero.

La tiranía, tratando de ubicar a los autores del atentado, desató de inmediato una feroz represión. Sin perder tiempo, la Dirección del Directorio abandonó el edificio de 19 y 24, en el Vedado.

Por indicaciones de un delator, en horas de la madrugada del domingo 15, los esbirros de Esteban Ventura Novo, armados hasta los dientes, se dirigieron allí y efectuaron un registro general.

Los apartamentos 41 y 42 se hallaban vacíos; los combatientes, lejos ya de las garras de las fuerzas represivas; Cristina y Lourdes, estaban pasando el Día de los Padres, en Cienfuegos, junto con sus familiares.

Las puertas fueron violentadas. En el 41 se encontraron pruebas que corroboraron las informaciones del delator; en el de las hermanas Giral nada fue encontrado, pues ellas no acostumbraban dejar algo comprometedor durante su ausencia, mas en cada uno de los apartamentos se situaron hombres con la orden expresa de matar.

“Al llegar a la casa de ellas, todos vinimos en mi máquina desde Cienfuegos —recordó Arnaldo—, yo le cargué los paquetes con la idea de subírselos, pero ellas, comprensivas, me dijeron: “Déjalo, estás muy cansado de manejar. Nos despedimos con un beso y cuando iba por 23, sentí unos disparos lejanos. Ni pensar que fueran contra ellas que marchaban desprevenidas, desarmadas…”

Cristina tenía 28 años; Lourdes 21.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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