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(para Mar y César desde
el cariño)
Lo que les traigo hoy es la quinta
esencia de nuestra repostería criolla.
Desde lo más intrincado del Escambray
donde Jacinto Buenaventura, mi amigo del
alma, lo creó y lo hizo muy popular en
la zona, hasta esta página digital que
pica y se extiende por toda la galaxia.
Este es plato para comer tarde en la
noche y luego irse a soñar con los
ángeles, pero igual es un desayuno de
campeones. Tomen nota guajiros.
Se agarran cuatro papas grandes y se
cuecen al vapor después de quitadas las
cáscaras, o asadas al rescoldo de los
carbones con ceniza por encima. Después
se majan en un mortero, se ponen a cocer
en una cazuela con un jarro de leche
pura, cuatro cucharadas de mantequilla,
sal, una rajita de canela fina hecha
polvo, una ralladura de cáscara de limón
y de nuez moscada, y seis cucharadas de
azúcar. Cuando haya espesado el asunto,
se quita del fuego hasta que se enfríe y
entonces se le agregan ocho huevos
batidos, una cucharada de agua de
azafrán, medio pan de telera mojado en
vino dulce, unos trocitos de canistel
maduro, un puñado de pasas y luego de
mezclarlo todo bien, se unta la pudinera
con mantequilla, se polvorea con pan
rallado, se le echa dentro la
composición y se pone al horno en baño
de María por una hora.
A este pudín se le agrega un almíbar
clara cuando se vaya a servir y listo.
Que lo disfruten. |