1.
Abrí la verja de hierro,
Sentí como chirriaba, tropecé en algún tronco
y miré una ventana encendida, pero la madrugada
devoraba las hojas y tú no estabas allí diciéndome
que el mundo está roto y oxidado. Entré,
subí en silencio las escaleras, abrí otra puerta,
me quité el saco, me senté, me dije estoy sudando,
comencé a golpear mi pobre máquina de hablar,
de roncar y de morir (tú dormías, tú duermes, tú
no sabes
cuánto te amo), me quité la corbata y la camisa,
me puse el alma nueva que me hiciste esta tarde,
seguí tecleando y maldiciendo, amándote
y mordiéndome
los puños. Y de pronto llegaron hasta mí
otras voces:
iban cantando cosas imposibles y bellas, iban
encendiendo
la mañana, recordaban besos que se pudrieron
en el río,
labios que destruyó la ausencia. Y yo no quise decir
nada
más: no quiero hablar, acaso en el chirrido
de la verja rompí cruelmente el aire de tu sueño.
Qué importa entrar o salir o desnacer.
Me quito los zapatos
y los lanzo ciego, amorosamente, contra el mundo.
2.
Contémplala: es muy bella, su risa
golpea la costa,
toda de iras y espumas.
Pero no intentes decirle lo que piensas.
Ella está en otro mundo
(tú no eres más que un extranjero de sus ojos,
de su edad)
Dile, en todo caso, que te gustan sardinas fritas,
sobre todo una tarde en que llueve un inolvidable
vino blanco.
Háblale del hermoso fuego de tu patria.
Ella es clara y oscura como la lluvia en que reina
su ciudad.
Sus ojos se detienen en un punto movedizo
entre la estación del amor y un tiempo imprevisible.
Claro que a veces olvidas
(por un instante, es cierto)
tu oficio de notario, y, como ser humano al fin,
te pones a hablar líricamente de política.
Lo mejor que puedes hacer es convencerte de que la
poesía te completa,
comprobar que has cruzado el lindero del horror y la
angustia,
escribir que una tarde recorriste la bella ciudad
empedrada
para encontrar lo que no podía ser el amor
sino el poco de sueño
que recuerda un gran sueño.
3.
¿Qué es para usted la poesía además
de una piedra horadada por el sol y la lluvia,
Además de un niño que se muere de frío en una mina
del Perú,
Además de un caballo muerto en torno al cual las
tiñosas describen eternos círculos de humo,
Además de una anciana que sonríe cuando le hablan de
una receta nueva para hacer frituras de sesos
(A la anciana, entretanto, le están contando las
maravillas de la electrónica, la cibernética y la
cosmonáutica),
Además de un revólver llameante, de un puño cerrado,
de una hoja de yagruma, de una muchacha triste o
alegre,
Además de un río que parte el corazón de un monte?
¿Qué es para usted la poesía además de una fábrica
de juguetes,
Además de un libro abierto como las piernas de una
mujer,
Además de las manos callosas del obrero,
Además de las sorpresas del lenguaje —ese océano sin
fin totalmente creado por el hombre—,
Además de la despedida de los enamorados en la noche
asaltada por las bombas enemigas,
Además de las pequeñas cosas sin nombre y sin
historia
(un plato, una silla, una tuerca, un pañuelo, un
poco de música en el viento de la tarde)?
¿Qué es para usted la poesía además de un vaso de
agua en la garganta del sediento,
Además de una montaña de escombros (las ruinas de un
viejo mundo abolido por la libertad),
Además de una película de Charles Chaplin,
Además de un pueblo que encuentra a su guía
y de un guía que encuentra a su pueblo
en la encrucijada de la gran batalla,
Además de una ceiba derramando sus flores en el aire
mientras el campesino se sienta a almorzar,
Además de un perro ladrándole a su propia muerte,
Además del retumbar de los aviones al romper la
barrera
del sonido (Pienso especialmente en nuestro cielo y
nuestros héroes)?
¿Qué es para usted la poesía además de una lámpara
encendida,
Además de una gallina cacareando porque acaba de
poner,
Además de un niño que saca una cuenta y compra un
helado de mamey,
Además del verdadero amor, compartido como el pan de
cada día,
Además del camino que va de la oscuridad a la luz (y
no a la inversa),
Además de la cólera de los que son torturados porque
luchan por la equidad y el pan sobre la tierra,
Además del que resbala en la acera mojada y lo están
viendo,
Además del cuerpo de una muchacha desnuda bajo la
lluvia,
Además de los camiones que pasan repletos de
mercancías,
Además de las herramientas que nos recuerdan una
araña o un lagarto,
Además de la victoria de los débiles,
Además de los días y las noches,
Además de los sueños del astrónomo,
Además de lo que empuja hacia adelante a la inmensa
humanidad?
¿Qué es para usted la poesía?
Conteste con letra muy legible, preferiblemente de
imprenta.
Fayad
Jamís (Zacatecas, México, 1930 - Ciudad
de La Habana, Cuba, 1988). Poeta, pintor
y periodista. Entre sus principales
títulos se encuentran Los párpados y
el polvo (1954); La pedrada
(1962); Por esta libertad (Premio
Casa de las Américas, 1962); Los
puentes (1962); Cuerpos
(antología, 1966) y Abrí la verja de
hierro (1973). Sus poemas han sido
traducidos a más de 20 idiomas y han
aparecido en las principales revistas
del ámbito de nuestra lengua. En los
últimos años efectuó lecturas de sus
textos en México, Argentina, Perú y
Panamá. Como pintor, ha expuesto
numerosas veces en galerías nacionales y
de otros países. Entre 1973 y 1984
sirvió en el cuerpo diplomático. Al
fallecer pertenecía al Comité Nacional
de la UNEAC.