cuento

El jugador de ruleta rusa

Cuando Moscú en las tardes parecía concentrar en sí el sabor del futuro y a cambio aceptamos el espeso, sucio y frío aire de Arbat, desandamos la calle —esa calle de los dorados milagros, pero también de movimientos incesantes, hormigueos, cuestionamientos, mercadeos y soledades.

Cuenta conmigo

Me miro al espejo. Tras recibir el cotidiano round deinsultos salgo a la calle. La abigarrada monotonía delinfierno de asfalto y megaholos se me mete por losojos y me acaricia las neuronas. 

La acera infinita

Es tanto el rato que lleva esperando a que el barrendero diga la contraseña, que usted ya no es esa mujer elegante a la que persiguen, sino el barrendero mismo. Y ahí está, arrastrando el bote de basura sobre ruedas que pesa más que un tanque de guerra, por ocultar a la santa que arrojó medio cigarro al suelo para que usted lo recogiera. Se recuerda de ella y dice: La acera es siempre infinita.