Técnica, bomba, corazón y congas

Indira Hernández Alonso
7/3/2019

La Casa de la Música de Plaza es una de las sedes principales de la Fiesta del Tambor. El pasado martes 5 de marzo, las congas se apoderaron de dicho espacio y fueron las protagonistas del certamen internacional que exigió a sus participantes la conjunción de técnica y virtuosismo. A la demostración de las aptitudes en la tumbadora le antecedió una clase magistral devenida workshop de percusión cubana, impartida por el maestro Tomás Ramos “El Panga”.

El sábado 9 de marzo el Teatro Karl Marx acogerá la final de la competición de percusión, con la promesa de
presentar a los nuevos talentos de las tumbadoras, drums, tambores batá y pailas cubanas. Fotos: Internet

 

La competencia internacional de percusión inició ayer y concluirá el sábado 9 de marzo en el Karl Marx. Cada competidor puede rivalizar en dos instrumentos en este concurso, abierto en cuatro modalidades: batería o drums; tumbadoras o congas; tambores batá y timbales o pailas.

Es esta una indiscutible fiesta del tambor, dedicada a España y con un programa auspiciador también de conciertos de importantes orquestas cubanas de música popular bailables, clases magistrales de percusión y danza; clases personalizadas a grupos o individuales y visitas a sitios culturales, entre otras muchas actividades.

El jurado está conformado por reconocidas personalidades de la música de la isla, quienes midieron en los concursantes sus habilidades interpretativas a la hora de tocar, en la tumbadora, solos o descargas, géneros como latin o son montuno, además de ritmos como 6×8.

Durante el resto de la semana la comisión evaluará no solo la ejecución de este instrumento, que demanda en su práctica rigor y esfuerzo, sino además, la destreza en diferentes estilos o géneros.  En este sentido, algunos de los miembros del jurado ofrecieron sus declaraciones a La Jiribilla.

“Con la Competencia Internacional de Percusión cobra verdadero desarrollo y vida la percusión cubana, a la vez que se genera una importante confrontación de conocimientos y una necesaria promoción de la enseñanza de estos instrumentos”, precisó Ruy López Nussa, jurado del evento y uno de los más consagrados y relevantes percusionistas del panorama nacional.

“Se contribuye sobre todo a elevar el nivel de la ejecución de nuestras sonoridades y a descubrir a los talentos emergentes. Además, específicamente, las congas representan uno de los principales y más versátiles sostenes rítmicos de géneros de la música cubana como la  rumba, la salsa, el son y el chachachá”, agregó.

Otra de las personalidades que conforman el jurado es Enrique Plá, reconocido por su prestigiosa carrera como uno de los más importantes bateristas de jazz, dentro y fuera de Cuba. En sus declaraciones hizo alusión a las grandes expectativas que se persiguen con este encuentro y al apoyo brindado por las diferentes instituciones, que ayudan a elevar el nivel de la música cubana cada día.

“Observo que el entusiasmo por participar ha ido creciendo poco a poco, sobre todo debido al favorable ambiente para la enseñanza artística y el poder de convocatoria introducido por el programa La Banda Gigante” sentenció.

A su vez, Odelkis Revé, otro de los reconocidos integrantes de la junta, destacó el papel desempeñado en la creación de oportunidades para la juventud, que aboga por la defensa de nuestros ritmos autóctonos.

En esta competencia, sin límites para las edades, se presentan talentosos niños, soñadores jóvenes y experimentados adultos, así como aficionados de formación empírica y profesionales consagrados por los años. Todos se reúnen para elevar la calidad de nuestra música afrocubana al confluir sobre un mismo escenario.

Espacio de oportunidades

El martes resonó el característico golpe de manos moldeadas por los toques desnudos y directos de las congas afrocubanas.     

Juan de Quindelan llegó aquí por el comentario de una amiga, quien se enteró de la convocatoria. No resulta su primera vez, tiene 18 años y ya se había presentado en la edición del certamen de 2017, pero en la modalidad de bongó. Empezó su camino en la música estudiando clarinete; en esta ocasión apuesta por las congas y se confiesa “nervioso y a la vez relajado”. El joven integra el Conjunto Artístico de Corimacao. Representa otro de los muchos participantes de formación empírica en la percusión, pero que “la lleva en la sangre”. “No tengo ni siquiera profesor, aprendí a base de videos donde observaba, por ejemplo, las interpretaciones de José Luis Quintana, El Changuito. Esto me apasiona y estoy aquí para crecer”, afirma.  

“En esta competencia, sin límites para las edades, se presentan talentosos
niños, soñadores jóvenes y experimentados adultos.”

 

Por su parte, Lillúan Fernando Manzano comenta que se presentó en la competencia para dar lo mejor de sí y conocer a importantes percusionistas de la música cubana. También acumula experiencia, y de la buena, pues en el concurso anterior, en la edición XVII, llegó a la final. “Esta resulta una oportunidad increíble para muchos muchachos jóvenes como yo que aman tocar las tumbadoras”, considera. Vino a La Habana a probar su talento, es aficionado, de Matanzas, y conforma un trío llamado Ébano Son.

Yolanda de la Caridad Rodríguez es otra de las participantes, pianista, forjada en la Escuela Paulita Concepción.  Esta joven de 22 años tomó la decisión de dejar a un lado el instrumento en el cual se formó profesionalmente para aprender percusión en la calle. Según cuenta,  sus logros en el casting de El Team Cuba de las Mujeres de la Rumba se convirtieron en una plataforma que le abrió muchas puertas. Entusiasta, se presenta en el certamen “no para ganar, sino en aras de otorgarle un merecido lugar a las mujeres en el mundo de la percusión”, declara la multifacética muchacha, amante de la rumba, y que toca hoy la batería en el grupo Mezcla de Pablo Menéndez. Por último, me confiesa lo que los hombres le dicen cuando la oyen tocar: “tú tienes técnica, pero más que eso, bomba, corazón”.

También Eduardo Pentón deviene otro de los concursantes en congas. Desde los 7 años se inclinó por la música y su formación en la percusión básicamente ha sido la de la calle, cuenta. Durante 5 años trabajó como auxiliar técnico en la Escuela Nacional de Arte. Se considera percusionista, cantante, profesor, un amante de la música que acumula una trayectoria empírica y que aprendió a tocar cuando niño —rememora— en latas de luz brillante. Mientras hablamos, me hace una demostración práctica de algunas técnicas para tocar la tumbadora: el básico, el masacoteo y el floreo. Este  hombre tiene 58 años de edad y habla desde la voz de la experiencia, pues advierte cómo la técnica de la conga es muy amplia y dominarla requiere de tiempo, paciencia, horas de ensayo continuo y disciplina.

El sábado 9 de marzo el Teatro Karl Marx acogerá la final de la competición de percusión, con la promesa de presentar a los nuevos talentos de las tumbadoras, drums, tambores batá y pailas cubanas. Los asistentes podrán  disfrutar, además, de una tarde de timba y música popular bailable en manos de Afrocuba de Matanzas y El Niño y La Verdad.

 
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