Este quehacer comenzó a hacerse visible en 1949 cuando un periódico capitalino recogió una muestra de sus versos junto a otros noveles creadores procedentes de Caibarién, el sitio de donde procedía la prolífica familia Oráa. Sin embargo, su verdadera entrada en el mundo letrado ocurre en 1952, cuando tres poemas suyos llegan a las páginas del número 32 de la revista Orígenes.
Atrapar por estos días a Pedro de Oraá no ha sido fácil: muchos compromisos lo obligan a multiplicar su tiempo. Finalmente La Jiribilla pudo contactar vía correo electrónico al Maestro, quien tuvo a bien responder un breve cuestionario.
• Palabras de Pedro de Oraá al recibir el Premio Nacional de Artes Plásticas 2015
Conversación con Juan Moreira
Artes Plásticas
El espectador desconocedor de estos temas, lo primero que obtendrá será información acerca de un universo nuevo para él; pero además, se percatará de todo el misterio, la magia y la mística que acompañan a esos rituales. Los conocedores, podrán confrontar con sus realidades.
Estamos, pues, ante un pintor incombustible e inoxidable, que a partir de una filiación estética bien definida, no deja de explorar posibilidades, como corresponde a un poeta, un poeta de las formas.
Reseñar el currículo de Pedro de Oráa es, en sí mismo un manifiesto de arte. El creador se burla de esquematismos y nomenclaturas segregacionistas y viene a comprobar que la pluralidad de disciplinas puede estar presente en un mismo autor, sin encasillarlo como literato o pintor a secas. Oráa es todo a la vez.