Timbal y bongó para los amantes del tambor

Indira Hernández Alonso
8/3/2019

La percusión, que tanto ha aportado a la inigualable sonoridad de la música cubana, está de fiesta estos primeros días de marzo en la nueva edición de la Fiesta del Tambor. Tiene lugar un evento que posibilita integrar la gran diversidad de instrumentos de percusión conocidos en Cuba, en aras de propiciar un cardinal espacio de intercambio y aprendizaje entre los amantes del tambor.

Este encuentro anual constituye una plataforma para la demostración de la calidad de los músicos cubanos en la interpretación de la amplia gama de instrumentos de percusión. La Casa de la  Música de Plaza resulta una de las sedes que por estos días acoge una de las principales actividades de la Fiesta: el Concurso Internacional de Percusión.

La percusión, durante el XVIII Festival Internacional Fiesta del Tambor Guillermo Barreto, se convierte así
en pretexto para que instrumentistas de todas las edades se inscriban y compitan sin distinción.
Fotos. Internet

 

Las bases del certamen establecen que cada ejecutante podrá competir hasta en dos instrumentos: timbales o pailas, bongós, drums o batería, congas o tumbadoras y tambores batá. Además,  no se exigen requerimientos profesionales o académicos.

Estas son las impresiones dadas a La Jiribilla por algunos de los participantes del concurso, que reúne en sus filas a personas de todas las edades, de formación tanto empírica como profesional, y de toda la geografía cubana.

Ellos representan a un importante sector de bongoseros y timbaleros que llevan la música en la sangre más que en el intelecto. Así, resultan evaluados en géneros como el bolero, el son, el sucu sucu, el danzón, el punto guajiro, y complejos ritmos como el 6×8, entre otros. Su técnica y virtuosismo han sido probados, pero sobre todo destaca su capacidad sensitiva para la interpretación musical.

En la modalidad de bongó concursa Felipe Alejando Martínez, quien se presenta por primera vez al certamen en busca de una nueva y enriquecedora  experiencia profesional; pero  siempre con la expectativa de ganar, afirma. En Pinar del Río se formó como percusionista, y adquirió la preparación académica que lo trajo al competitivo escenario habanero de la Casa de la Música de Plaza. Según expresa, se decanta por este instrumento por su particular sonoridad, el timbre y el color que le aporta a la música; a la vez que destaca la importancia del continuo estudio para lograr una buena ejecución del mismo.

Juan de Quindelan viene con todo a luchar por su sueño de alzarse como un grande en el mundo de la percusión. Es también joven, pero muy resuelto y osado en su apuesta por participar tocando también el bongó. Ya había alcanzado presea al resultar semifinalista en la modalidad de tumbadora en el propio concurso. “Aunque alcancé buen lugar con las congas y me siento más seguro con ellas no pierdo nada probando con el bongó. Quiero asegurar mi lugar aquí y demostrar que soy un músico completo”, sentenció.

 Las bases del certamen establecen que cada ejecutante podrá competir hasta en dos instrumentos: timbales
o pailas, bongós, drums o batería, congas o tumbadoras y tambores batá. Además,  no se exigen
requerimientos profesionales o académicos.

 

Por su parte, Landy Peña, otro concursante, también proviene de la tierra del tabaco y llegó a La Habana a través de la convocatoria hecha en su escuela de arte, José Raúl Sánchez, donde estudia percusión clásica. Él manifiesta haberse inscrito en el concurso para “coger vista y aprovechar al máximo todas las oportunidades de aprendizaje como las clases magistrales que acompañan al concurso”. “Escogí los timbales porque tengo mayor desenvolvimiento en ellos”, comenta.

Por Santiago de Cuba expone su talento en la ejecución tanto de los bongós como de los timbales Pablo Yoel Torres. Resulta su primera vez en el Festival del Tambor, tras decidirse al fin a competir en esta ocasión. Pablo Yoel relata cómo fue a la Casa de la Cultura, en su provincia natal, la cual le sirvió de plataforma para entrar y graduarse en la escuela taller que le dio la base para tocar percusión.  En su trayectoria destaca su paso por una Banda de Concierto donde aprendió a ejecutar los bongós, las tumbadoras, los timbales y la batería. Su talento encontró derrotero ahora en La Habana.  Desde hace un año toca en la Banda de Concierto de Diez de Octubre. Igualmente, confiesa: “En este certamen busco ganar práctica y nutrirme de las enseñanzas sobre percusión, pero lo tomo como un pasatiempo porque sueño con tener mi banda de rock, donde tocaría la batería y la guitarra”.

Ronaldo Lázaro Pérez tiene 17 años, proviene de Ciego de Ávila y desde muy pequeño le ha interesado la percusión. Empezó, cuenta,  en el nivel académico elemental, pero precisa cómo en realidad estudió solo mirando videos del instrumento en el cual se va a medir en la competencia. “Realmente los timbales son los que me identifican a mí.  Yo hablo con eso”, asevera. Ahora cursa su tercer año de la carrera y ya ha experimentado lo que se siente concursar en este marco en dos ocasiones. “Participar representa siempre un reto, este año llego con más técnica y preparación en este instrumento de profundo sabor cubano”, concluye.

Este encuentro anual constituye una plataforma para la demostración de la calidad de los músicos cubanos
en la interpretación de la amplia gama de instrumentos de percusión.

 

Sin embargo, el Concurso Internacional de Percusión no deja atrás a los no tan jóvenes.  Roberto González casi llega los setenta años y se decide a participar sin miedo en la interpretación con bongó. ”Es la primera vez que me presento para probarme en la percusión. Nunca la he estudiado, la toco de puro oído”. Su pasión se remonta a los años ochenta cuando se integró una orquesta creada en el puerto pesquero de La Habana, donde tocó incluso el conocido músico Ricardo Leiva de la Conga Santiaguera, rememora. Hoy trabaja de custodio para el turismo, pero lleva en la sangre la percusión y este escenario resulta idóneo para que todos escuchen el ritmo maduro de su bongó. 

La percusión, durante el XVIII Festival Internacional Fiesta del Tambor Guillermo Barreto, se convierte así en pretexto para que instrumentistas de todas las edades se inscriban y compitan sin distinción.

 

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