“Todo lo que hago tiene ese sabor jazzístico que me pasa por las venas”

Ernesto Cuní
31/1/2019

Ochún, la diosa del amor y la coquetería en el panteón yoruba, suele conquistar por la gracia que emana de su sensualidad. Con el “oñí”[1] en su jícara, endulza el entorno y todo lo que él contiene.

Con solo 22 años, la joven cantante Daymé Arocena atrapa a todo el que la ve y la escucha cantar.
Foto: Pepe Cárdenas

 

De igual manera, la joven cantante Daymé Arocena, con solo 22 años, atrapa a todo el que la ve y la escucha cantar. A sus dotes excepcionales de cantante, conjuga un desempeño escénico arrollador en armonioso diálogo y comunicación con el público, que no se resiste a sus potencialidades.

Eso lo demostró durante el concierto efectuado en el Teatro Mella el último día del XXXIV Festival Internacional Jazz Plaza 2019, en un atardecer friolento que ella convirtió en verano. Interpretó en primicia temas de su último CD, Sonocardiograma, rubricado bajo el sello discográfico inglés Brownswood Recording, el mismo que produjera el primer fonograma de su corta, pero fructífera carrera.

Desde el jazz y con una manera muy particular de interpretarlo —es dueña de uno de los scat más potentes, coherentes e impresionantes que le he visto a una cantante cubana—, la artista desplegó una serie de sensaciones, desde la más sublime y amorosa, hasta la más explosiva y gozosa. Daymé es como un ama de llaves que posee licencia para abrir todas las puertas.

Inició la velada con un canto suyo dedicado a Ochún y Yemaya, parte de una trilogía que aparece en el disco. Curiosamente, luego de su sensacional aparición, me comentó que el jazz la llevó a ser practicante de la Regla de Ocha o Santería.

¿Todos los temas de este nuevo CD son de tu autoría?

En los inicios de mi carrera canté mucho jazz estándar. En mi evolución como intérprete me he dedicado a ser cantautora; para mí es importante defender mi época, mi contemporaneidad, defender los músicos cubanos que somos ahora.

Hay muchos conceptos errados regados por el mundo, hay gente que cree que el mambo es mexicano. Existe una evolución de la música cubana que todavía está en el aire y que el mundo no conoce, nosotros sí, pero la gente no.

¿Por qué el nombre de Sonocardiograma?

Viene del examen que se le hace al corazón, el ecocardiograma, donde uno puede ver los latidos y cómo está él por dentro; eso es lo que deseamos con esta propuesta. Quería hacer un disco que fuera muy sincero conmigo misma, que hablara de las distintas etapas de mi vida.

¿Cuál es su composición temática?

El principio del disco es una trilogía dedicada a Ochún y Yemayá; la hice a los 17 años —nunca antes la había tocado en vivo— y fue mi primer acercamiento a la música folclórica, mucho antes de ser practicante de Ocha. Ese motor impulsor que es la música me conectó a la religión, me enamoré de la música folclórica y después de la religión; si no fuera por ella, hoy fuera atea. Mi fe, por encima de todo, es en la música.

Esta trilogía la diseñé para música clásica, con coros y toda la parafernalia que lleva ese tipo de género, pero no la pude materializar hasta ahora. En un disco como este, que habla de mis adentros, podía mostrar un poquito de dónde vienen las cosas, de dónde vengo yo como ser humano, músico y religiosa.

La segunda etapa del disco es la Daymé que ama y sufre, la del corazón roto en varias oportunidades, la Daymé que ha vivido todo tipo de situaciones; al final, todos pasamos por eso. A veces las canciones que hablan de cosas que te han sucedido, uno no las quiere cantar al público porque son muy personales. Pensé que este era el espacio para estas canciones, algunas compuestas a los 17, otras hace un año atrás y también de este momento.

La tercera parte es un homenaje a músicos que yo siento que deben ser mencionados y han influido en mi carrera profesional, pero que ya no están con nosotros, como Emiliano Salvador, Arsenio Rodríguez, La Lupe y otros.

¿Cómo concebiste este disco en cuanto a la composición de géneros?

Siempre desde el jazz, que es el hilo conductor de todo lo que hago; pero pasó por diferentes etapas realizadas por mi colectivo, no tuvimos productores musicales que sintieran lo que estábamos sintiendo nosotros: una fuerte vibra en común.

Al drums le aumentamos uno igual, se tocan dos, eso le da una fuerza percutiva muy grande. Todos nos desdoblamos. Yo hice varias voces, no solo la big vocal o guía, sino también los coros —grave, barítono, tenor, mezzosoprano, soprano y contralto—, gracias a mi formación musical académica, pues soy directora de coro. Los muchachos lo hicieron igual desde sus instrumentos, cada uno les sacó el jugo, es algo bien bonito.

¿Quién realizó los arreglos musicales?

Son de todos los integrantes de mi grupo. Yoyi, mi pianista, es la mano derecha en mis arreglos, pero también el resto de los muchachos.

Sentí la presencia, aunque de manera subterránea, de otras sonoridades; algunos pasajes rozaban el pop, la música ligera, la cubana, fusión…

Pienso que cuando uno crea una canción, no está enfocado en un género, las canciones nacen con su propia identidad, con su ADN. Hay aquí canciones como, por ejemplo, “Para el amor cantar”, que pudiera pensarse que tienen que ver con el pop; sin embargo —yo lo siento así—, es de las que más acordes tienen, es enredadísima.

A veces uno roza desde el jazz muchos géneros, se tienen destellos de todo tipo, lo que hay que hacer es dejarse llevar. El jazz fue, en principio, una música de goce, divertida, nos hacía vibrar. ¡Qué bueno que tuvo su evolución y se complejizó!, se empezó a hacer armonías complicadas, solos; pero cuando vas al inicio ves que era una música popular, urbana, de la calle; era para bailar y gozar. Después conectó con todo, con la música clásica, y hoy todos cantamos Somethime, que es una ópera famosísima.

Próximas grabaciones…

Mi próximo sueño discográfico es que salga este CD, aún está en proceso; debe ser lanzado en mayo, en Europa y EE.UU.

Y compromisos internacionales para este año…

A finales de enero iré a New York, para masterizar. En febrero comenzaré una gira promocional en México, donde haré los primeros conciertos de Sonocardiograma. Luego, en marzo, iniciaré la gira de primavera en EE.UU. Después tendremos la gira de verano por Europa, estaremos en distintos festivales, especialmente el de Barcelona. Más tarde, asumiremos la gira de verano en EE.UU., la más grande que realizamos.

A propósito de festivales, ¿qué ha significado para ti el Jazz Plaza?

Este festival significa intercambio; es un espacio para dialogar e intercambiar energías, conectar con otros músicos que uno no conoce, es lo mejor que puede sucederle a un joven jazzista.

Quizá yo sea un abogado del diablo, pero ¿te gustaría incursionar en otros géneros?

Aunque me han llamado para cantar música folclórica, rumba, salsa, timba, todo tiene ese sabor jazzístico que me pasa por las venas, pero estoy abierta a otros géneros.

 

Notas:
 
[1] Miel de abejas

 

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