Retomo una pieza de José Martí que pocas veces se menciona en la bibliografía sobre su obra literaria. “Cuento de la guerra. El teniente Crespo”[1] fue publicado en el periódico El Porvenir en 1890. Este relato brinda en su argumento las hazañas combativas de Jesús Crespo, un soldado del ejército independentista cubano. El autor le imprime a su narración el mismo ritmo trepidante del combate: el movimiento incesante de los jinetes, de los machetes, de los rifles, los disparos que van y vienen.

“El autor le imprime a su narración el mismo ritmo trepidante del combate”. Imagen: Internet

El narrador brinda no solo los movimientos, sino también los sonidos y los colores propios del combate. Hay una marcada intención en presentar narrativamente la sonoridad propia del campo de batalla, que aumenta en los momentos de mayor intensidad y disminuye en otros:

No se respira. Los sables chischean. Ya ve Carrillo la cabeza del potro español; ya la va a echar atrás de un machetazo. Palomo, de una ancada, los aventaja, los deja lejos, ya no se oyen los sables. Carrillo vuelve la cabeza: está el español como a cinco cordeles: tuerce Carrillo grupas; en lo alto de la loma, y de pie en los estribos, les echa encima una magnífica desvergüenza.[2]

Es una narración en plena faena épica que se caracteriza por oraciones breves, sustantivos adjetivados con precisión y objetividad. Se evita la subordinación y el encadenamiento sintáctico que caracteriza el estilo martiano en otros textos. La expresión es fluida, clara y directa sin digresiones en la acción.

Prevalece un narrador omnisciente en tercera persona —por momentos recuerda a un cronista de guerra—, que se desliza como la voz que hilvana cada una de sus secciones. Aunque, en ocasiones, esa voz se vuelve impersonal. Se produce un curioso cambio de la voz narrativa en función del relato, en los que se emplean con frecuencia verbos reflexivos de forma (“se oyen”, “se debía”, “se escuchaba”, “es oír”, “es sentarse”, “es apearse”).  

“Se establece un entramado de voces que dialogan entre sí y que van aportando hechos, sucesos y anécdotas”.

Se nota un grado de elaboración artística elevado en la sintaxis de este relato: se alternan las formas impersonales con la tercera persona en un mismo párrafo; los diálogos intercalados a partir de las distintas voces de los personajes que el narrador trae al discurso lo hacen atractivo y lo dinamizan. Se establece un entramado de voces que dialogan entre sí y que van aportando hechos, sucesos y anécdotas.

“Movimientos incesantes, sonidos, colores y agudas caracterizaciones que se asemejan a una perspectiva cinematográfica”.

El discurso de la pieza se estructura a partir de la sucesión de diferentes anécdotas y acontecimientos bélicos que se presentan ante el lector como escenas de movimientos incesantes, sonidos, colores y agudas caracterizaciones que se asemejan a una perspectiva cinematográfica.

Es curioso que las secciones que integran esta pieza estén dedicadas a resaltar la personalidad de Máximo Gómez o Ignacio Agramonte; se detengan en la presencia de una compañía de chinos en la guerra de independencia, en el rescate del negrito de once años, o en la heroicidad del mulato Pablo. Existe una intencionalidad narrativa detrás de la presentación de cada una de estas escenas épicas.

Existen numerosos textos de José Martí que fueron escritos con premura, y las marcas de esa inmediatez se notan en su discurso. Fueron creaciones elaboradas al paso. Pero en esta pieza se nota una elaboración artística reposada. Los cambios de voces narrativas, por ejemplo, parecen más el resultado de una voluntad sintáctica que obra de la casualidad, el azar o lo fortuito.

“Cuento de la guerra. El teniente Crespo” constituye un curioso relato que integra la cuentística de José Martí más allá de los textos de La Edad de Oro y que establece, además, múltiples vasos comunicantes con el resto de su creación.


Notas:

[1] José Martí: “Cuento de la guerra. El teniente Crespo”, en Obras completas, t. 4, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, pp. 365-370.

[2] Ibíd., p. 369.

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