El desvelo constante del violinista y decano de los músicos de la orquesta Aragón, Celso Valdés Santandreu, era que “la orquesta no se concibiera como una pieza de museo, ni como una reliquia de anticuarios”.[1] Así lo manifestó en entrevista concedida a esta autora al cumplirse el ochenta aniversario de la agrupación a la que había pertenecido por 61 años, miembro más activo de la misma. Sin embargo, sus esencias quedaban en la orquesta luego de su retiro. Hoy la música cubana, su familia aragonera sufre el deceso de este hombre que ha dejado un legado para toda la vida.

Apostaba con todas sus fuerzas en el hecho de que la Aragón era un organismo vivo y vital que se debía mantener y expresar en las calles de nuestras ciudades, además de ser transmitida, como un valor permanente, de padres a hijos. Valoraba que, el hecho de mantener la sonoridad de todos los tiempos y, a la vez, tener un constante proceso de adaptación, removía los planos tímbricos de cada pieza presente en el repertorio. La fuerza de la orquesta estaría siempre en la capacidad de mantener el relevo de sus integrantes para conservar la vitalidad e identidad del alegre ritmo que la debe identificar en cada momento, de acuerdo a la circunstancia.

“La fuerza de la orquesta estaría siempre en la capacidad de mantener el relevo de sus integrantes para conservar la vitalidad e identidad del alegre ritmo que la debe identificar en cada momento, de acuerdo a la circunstancia”.

Así pensaba Celso Valdés Santandreu, primer habanero en integrar la Orquesta Aragón, en 1955. Nacido el 6 de abril de 1934 y criado en el popular barrio de Jesús María, comienza sus estudios de violín con su padre Domingo Valdés, quien fuera profesor también de su sobrino José Miguel Barbón Valdés, violinista de la orquesta Melodías del 40 y al que se le conocía también como Brindis de Salas o El niño prodigio.

Se gradúa en el Conservatorio Carlos Alberto Peyrellade y comienza a trabajar en 1949 en varias orquestas de la capital, como La Atenas, la Súper Colosal, la Ideal y la Gris. En 1953 fue invitado por Félix Reyna a tocar en la orquesta Radiofónica de Arcaño y sus Maravillas, quien en esos años era el arreglista y compositor de este director de orquesta. Años más tarde el violinista Armando Ortega perteneciente a la Charanga de Arcaño, le solicita una suplencia y permanece por un tiempo con esta orquesta. En 1952, participa en la fundación de la orquesta Silver Star y, en 1953, en la orquesta Sensación, que funda Rolando Valdés.

“Hoy la música cubana, su familia aragonera sufre el deceso de este hombre que ha dejado un legado para toda la vida”. Imágenes: Tomadas de Internet

Graba con Arcaño para el sello Panart en este último año y también con la orquesta Sensación. Participa en las audiciones que realizan la orquesta Sinfónica de La Habana y la de la CMQ, dirigidas por Enrique González Mántici. También actúa como violinista en la orquesta del ICRT que dirigieron Mario Romeu, Rodrigo Prats, Adolfo Guzmán y Rafael Somavilla; así como en la orquesta Sinfónica de Música Popular, dirigida por Alfredo Diez Nieto.

En agosto de 1955, siendo integrante de la orquesta Sensación, decide formar parte de la orquesta Aragón cuando la agrupación firma el contrato para tocar todas las noches de martes a sábado, media hora en el programa de la Cerveza Cristal de Radio Progreso.

Con él se redondeó la cuerda de violines, en la época en la que se logró completar la sonoridad indiscutible e inconfundible de la orquesta. Con la entrada de Guido Sarría, Pepe Olmo, Richard Egües y Celso Valdés, la Aragón llegó a la fama, y se inscribió en la historia musical cubana como una de las más grandes agrupaciones musicales de todos los tiempos.

La década de los cincuenta del pasado siglo XX, es cuando la Aragón comienza a realizar sus primeras grabaciones. Su producción discográfica es asombrosamente abundante. Se han localizado ciento cuarenta y dos piezas musicales grabadas en discos de 45 rpm y seis LP de 33 y 1/3 rpm. Celso Valdés, destaca “la rigurosidad de la RCA Victor al aceptar las piezas que se grababan. Se estudiaba incluso las palabras contenidas en la letra musical y cada detalle de la grabación”.[2] Resulta llamativa la atención que prestaba Lay, así como la casa disquera, a la pronunciación del coro o el solista en cada palabra. Eran rigurosamente cuidadosos en el lenguaje, aspecto que formó parte del sello de las voces de la Aragón.

Celso, además, cuenta sobre aquellos duros momentos cercanos al triunfo de la Revolución Cubana. Para ese entonces la Aragón se encontraba en Cuba después de regresar de una gira por los Estados Unidos y Guatemala. Sus músicos, de una forma u otra, deseaban que se produjese el fin de una sangrienta dictadura que afectaba todas las esferas de la sociedad cubana.

El 1ro de enero de 1959 íbamos a CMQ a hacer la primera grabación con Bacallao. La noche anterior yo estaba con Richard tocando y celebrando el fin de año en el Club Las Águilas; era triste, ya nosotros queríamos que se acabara toda la situación por la que estaba atravesando el país, casi todos los días cuando salíamos de tocar a las 4:00 am veíamos los muertos en la calle, la dictadura… y habíamos brindado ese día porque se acabara todo lo que estaba pasando.[3]

Sin lugar a dudas, esta imagen quedó grabada en su memoria como uno de los acontecimientos más tristes.

En agosto de 1955, siendo integrante de la orquesta Sensación, Celso Valdés decide formar parte de la orquesta Aragón.

El maestro Celso vivió muchas y diversas etapas en la orquesta Aragón, algunas felices, otras no tanto. Difícil momento es el que tiene que afrontar cuando fallece Rafael Lay Apesteguía, director emblemático de la orquesta, en 1982. Las dificultades de la Orquesta, no cesaban. El 5 de diciembre de 1984 la abandonan Richard y Blasito Egües. El problema era muy serio. Por tal motivo los integrantes de la Orquesta de manera unánime proponen como nuevo director a Rafaelito Lay Bravo.

Un camino lleno de riesgos se avecinaba, por ser en esos momentos el más joven y el de menos experiencia con el que contaba la agrupación. A su vez, ese camino estaría colmado de esperanzas, porque para esa nueva época, se imponían nuevas formas e importantes cambios en la música. En estas circunstancias la Aragón tenía que evitar una caída como consecuencia de las ausencias que en poco tiempo se habían presentado. Años después, Celso Valdés, reflexionando sobre aquella decisión, diría:

En gran medida me siento responsable de que Rafaelito haya tomado esa responsabilidad tan temprano. Creo que para dirigir lo principal es ser joven y poder asimilarlo todo rápidamente. La labor de dirección es muy amplia, no se trata solo de marcar con la batuta; además (…) hay que ser receptivo, buen compañero, comprender el carácter de cada quien (…) ¿y quién mejor que el hijo de Lay? Para él fue un golpe tremendo, pues todo vino de pronto, incluyendo los hábitos y costumbres de los mayores (…).[4]

“El mito de la Aragón es muy grande, y el mito de su sonoridad sigue siendo casi un gran misterio donde intervienen todos los factores humanos: el buen gusto, los arreglistas, el tratamiento de los compositores, el tratamiento musical…”

Su ayuda y apoyo fueron esenciales para Lay Bravo, si se trataba de levantar otra vez la orquesta. Pero también es importante recordar sus acotaciones al referirse al sonido Aragón: “No resulta fácil conjugar tradición e innovación siempre a partir de una sonoridad propia. Sin embargo, es lo que nos caracteriza, aunque tenemos voces y músicos nuevos. Por eso me siento un músico actual, contemporáneo”.[5] Y continúa explicando: “Richardse destacó mucho en esto de hacer números con características del son: “El trago”, “La cantina”; todos esos números. La Orquesta asimiló todo eso y lo fue evolucionando, eso es muy importante, se hizo música para el bailador al estilo de la Aragón”.[6]

“La Orquesta asimiló todo eso y lo fue evolucionando, eso es muy importante, se hizo música para el bailador al estilo de la Aragón”.

Otros planteaban otras hipótesis, como que el intercambio con el Conjunto Chapottín impregnó ese espíritu distinto en actuaciones y ensayos. Asimismo, otros consideraban que fueron las constantes giras al oriente del país las que influyeron en el estilo sonero de la Aragón; pero no debe olvidarse que el ambiente cienfueguero, en el que se formaron sus músicos originales, era también de fuerte influencia sonera.

Pero Celso continuaba su análisis: “Las voces al unísono de José (Pepe) Olmo y de Rafael Lay, completada, en 1959, con la entrada de Rafael (Felo) Bacallao, crearon un misterio en el sonido Aragón”.[7] Cada uno aportaba una variedad tímbrica y genérica, que hacía que se ampliara el resultado sonoro vocal. Sin embargo, cuando existen en un coro de una agrupación, cualidades como estas, resulta más difícil todavía lograr el unísono perfecto que se escuchaba en cada una de sus piezas.

“Mi vida ha sido la Aragón. Todo lo que un ser humano pueda desear en la vida, yo lo recibí de la Aragón”.

La sonoridad Aragón es un tema que ha llamado siempre la atención a músicos y especialistas en diferentes generaciones, de ahí que sean numerosas las opiniones vertidas al respecto.

Finaliza Celso Valdés considerando que “el mito de la Aragón es muy grande, y el mito de su sonoridad sigue siendo casi un gran misterio donde intervienen todos los factores humanos: el buen gusto, los arreglistas, el tratamiento de los compositores, el tratamiento musical…” [8]

La impronta analítica, compositiva y artística de este músico quedará como una constante en la orquesta Aragón, a pesar de su partida este 23 de febrero, porque como él mismo declarara: “Mi vida ha sido la Aragón. Todo lo que un ser humano pueda desear en la vida, yo lo recibí de la Aragón”.[9]

Gracias, Celso Valdés Santandreu, por tanto amor y dedicación para con tu orquesta.


Notas:

[1] Alegna Jacomino Ruiz: Entrevista realizada a Celso Valdés Santandreu, 24 de octubre de 2019.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Neysa Ramón: “¡Aragonísimo aniversario!”, Bohemia, La Habana, 22 de septiembre de 1989, p. 5.

[5] Sahily Tabares: “¡La Aragón, sabrosonaaa…! Memoria y permanencia de una orquesta típica”, Bohemia, La Habana, 30 de septiembre de 1994.

[6] Alegna Jacomino Ruiz: Entrevista realizada a Celso Valdés Santandreu, 24 de octubre de 2019.

[7] Ibídem.

[8] Liliana Casanella: “Testimonios”, Salsa Cubana, ed. cit., p. 21.

[9] Alegna Jacomino Ruiz: Entrevista realizada a Celso Valdés Santandreu, 24 de octubre de 2019.

5